Agradecimiento a: Yanina Barboza por betearme este capítulo.
Disclaimer: Los personas pertenecen a la señora Stephanie Meyer, yo solo me adjudico la trama.
Capítulo 6
―Ella está en el baño… No, tranquilo ―respondía Edward, mientras subía y bajaba su dedo pulgar por el brazo de Bella, quien estaba desnuda―. Ella no se quiere ir, James. ―Edward frunció el ceño e Isabella lo miró preocupada―. Yo estoy con ella, ¡que nada le va a pasar, hombre!... Sí, James, yo la cuido ―murmuró Edward esbozando una sonrisa triste y sin más colgó.
― ¿Qué dijo? ―preguntó la castaña con un poco de remordimiento de conciencia.
―Quería hablar contigo, le dije que estabas en el baño y me dijo que te llevara a casa, pero puse la excusa de que no te querías ir, ¿o sí? ―inquirió el cobrizo con un puchero, ella no respondió―. Se puso neurótico y me ordenó que no dejara que nadie se acercara a ti… ―continuó Edward y luego se calló.
―Pero tú estás conmigo ―musitó Bella con pena.
―Bella ―habló Edward a modo de advertencia. No quería hablar de eso.
―Es cierto, ¿te das cuenta de lo que hicimos? ―inquirió un tanto histérica, apartándose del cuerpo de su amante. Edward al instante sintió un vacío entre sus brazos y suspiró con fuerza, él sabía que esto iba a suceder, lo sospechaba, pero no tan pronto.
―Sé lo que hice, Bella, estoy en mis cinco sentidos… ¿te arrepientes? ―increpó él con una mirada penetrante, inquisitiva.
―El punto es que le dices que me cuidarás de otros hombres, pero no me cuidas de ti y se lo dices tan tranquilo, como si no lo hubieras traicionado ―susurró ella con lágrimas en los ojos, el peso de su acto recaía sobre sus hombros. Ella amaba a James, pero Edward…, él, bueno, desde el primer momento en que sus miradas se encontraron la desestabilizó por completo, haciendo que ella deseara, por primera vez, a un hombre diferente a su novio y prometido. Tanto había sido esa atracción que, aunque ella sabía que él era gay o por lo menos eso era lo que le había dicho Victoria, cosa que ya sabía que no era cierta; no podía evitar que sus ojos lo recorrieran con hambre, con ganas de saltarle encima y besarlo hasta no poder más, de fundirse con él en uno y ya lo había hecho, y aunque al principio el deseo, el frenesí del engaño por primera vez y la excitación de tener sexo con el mejor amigo de su prometido le gustó, ahora le desagradaba, se sentía sucia.
Había sido infiel.
Había engañado a James.
Era otra mujer que se unía al club de "Comprometidas, pero con otro"; era una más de esas que eran caraduras y traicionaban a las espaldas. Había caído en lo que ella nunca, jamás se imaginó que sería.
―No respondiste mi pregunta. ―La voz de Edward salió fría, con resentimiento, porque a pesar de que James era como su hermano no se arrepentía de lo sucedido con Bella y jamás lo haría.
Él recordaba claramente esa vez cuando tanto James como él se prometieron nunca pelearse o meterse con la mujer del otro y eso seguía vivo en su recuerdo a pesar que de eso había pasado mucho tiempo…
FLASHBACK.
Un James y un Edward adolescentes estaban bajo la sombra en su colegio/internado, viendo como las mujeres pasaban delante de ellos con sus minifaldas ondeándose con el fuerte viento que hacía en esos momentos. Había de todas clases, razas y religiones. Y ellos, como los chicos populares que eran, podían tener a quienes quisieran entre sus piernas, no por nada eran el presidente y el vicepresidente de la población estudiantil, no por nada jugaban en el equipo de fútbol americano y no por nada eran los más apuestos del internado.
Pero a pesar de eso estaban libres y solteros, sí, tenían relaciones y encuentros con una que otra, pero nada serio. Apenas eran adolescentes y querían experimentar de las maravillas que la vida les ofrecía. Aún faltaba mucho tiempo para que ellos se casaran, tuvieran hijos y todas las cosas cursis que los humanos hacen.
―Edward ―llamó el chico rubio de rostro liso y terso, nada de espinillas o cosas por el estilo.
― ¿Qué? ―musitó Edward, con la vista fija en una revista Playboy que tenía en su mano.
―Sé que sonará algo gay esto, pero prométeme una cosa ―murmuró James con expresión seria. Edward arqueó una ceja y elevó la vista de sus modelos desnudas y con cuerpos de infarto―. Prométeme que si alguna vez, por casualidad del destino, alguno de los dos está con una mujer y esa mujer nos atrae a los dos a la misma vez, nunca nos meteremos con ella. Será de quien llegue primero ―dijo él.
El cobrizo lo miró sonriente.
―Prometido, James, además yo nunca podría hacer eso ―admitió encogiéndose de hombros. ¿Estar con la misma mujer que su amigo? Nunca, era algo deplorable.
Ambos amigos se dieron la mano y sellaron su pacto, claro está que ninguno de los dos, en ese momento de libertad indefinida, se imaginaba que algún día el destino se retorcería y les jugaría una macabra partida.
FIN DEL FLASHBACK.
Y Ahora Edward estaba allí, había roto esa promesa y no le importaba. Nada le importaba, podrán decirle falso amigo, cabrón, despiadado y demás adjetivos calificativos que se le puedan ocurrir, pero su deseo por Bella era muchos más fuerte, tanto así que le ganaba a su amistad con James de toda la vida.
―Responde ―ordenó Edward cruzándose de brazos. Bella ni lo miraba a los ojos, no podía, ¿con qué cara? Se sentía como si hubiera cometido un delito. ¡Por Dios! ¡Se había acostado con el padrino de su futura boda! Los dedos del cobrizo le levantaron el rostro, obligándola a mirarlo―. Dime, Bella, ¿de verdad te arrepientes de lo que pasó, incluso luego de haber gemido y gritado por el placer que yo te estaba proporcionando? ¡Responde! ―rugió Edward intensamente, con su corazón, extrañamente, acelerado. Y ante esa mirada la castaña no pudo.
Era hipócrita si decía que no había disfrutado y mucho más si decía que no lo había deseado y/o imaginado alguna vez, porque entonces estaría diciendo una mentira garrafal.
Deseó a Edward desde la primera vez, y lo seguía deseando aun después de haber estado con él.
Lo deseaba más de lo que podía, más de lo que quería y más de lo que debía admitir. Pero eso no quitaba el hecho de que todo estaba mal, jodidamente mal.
―Habla ―suplicó Edward acercando sus labios a los de Isabella, pero sin llegar a tocarlos.
Su conciencia le gritaba que ella era la novia y prometida de su amigo, pero su corazón le decía que era la mujer que él deseaba en esos momentos.
¿Era un capricho? ¿Cosa del momento? ¿Deslumbramiento? ¿Morbosidad, tal vez? No lo sabía, lo único que Edward tenía claro era que quería estar con ella nuevamente, sentirla entre sus manos toda sudada, gimiendo, gritando por más, contrayéndose a su alrededor.
Las manos de Edward se enredaron desesperadamente en el cabello caoba de Bella, haciendo que él le diera un corto beso, más que un beso era un roce.
―Dime si no te gustó como toqué cada parte de tu cuerpo ―ordenó él abriendo su boca para arañar y morder sutilmente la barbilla de Bella, esta dio un respingo y como idiota inclinó su rostro hacia atrás―, dime si no te gustaron mis labios por tu cuerpo, si no temblaste cuando te golpeó tu orgasmo… ―murmuró él sobre la piel de su cuello, besando lentamente su piel, lamiéndola―… cuando entré en ti y gritaste que siguiera, que fuera más rápido. ―Sus manos apresaron los senos de la joven sobre la tela de la sábana de seda, y Bella estaba ida, abandonada a lo que su cuerpo gritaba y eso era estar con Edward―. Dime, solo dime, si tu respuesta es no, te juro que no te buscaré más, que lo sucedido aquí nunca pasó. Te veré como lo que eres: la prometida de mi mejor amigo, nada más ―aseguró solemnemente el cobrizo, separándose un poco, viéndola a los ojos, esperando una respuesta.
Y allí Bella se dio cuenta de que a veces el cuerpo domina a la razón y sobre todo al corazón.
Aun sintiendo un poco de remordimiento, pero no tanto, Bella contestó―: No me arrepiento, Edward.
El aludido sonrió de manera cegadora y aplastó sus labios con los de Bella, besándola con pasión contenida, mordisqueando todo a su paso, cayendo, de esa manera, nuevamente en el círculo vicioso, en el cual cuando se dieran cuenta, sería un punto de no retorno para ambos.
…
Un mes después.
―Edward, James está en la sala ―murmuró Bella, tratando de quitarse las manos del cobrizo de encima, la boca de las castaña fue tapada por una gran mano.
―Está ocupado con lo de la boda; además, dijiste que te sentías mal. Excusa perfecta ―admitió él desabotonando la camisa de ella.
―Nos pueden ver ―dijo entrecortadamente al sentir el miembro de Edward rozar con su muslo.
―Rápido, por favor ―suplicó su padrino de boda, bajando una mano por el muslo de Isabella hasta llegar a su rodilla y elevarla un poco para poder entrar.
―No me puedo mover. ―Suspiró frustrada Bella, apoyándose como podía en la pared de un pequeño cuarto de baño, que más bien era un closet… extremadamente pequeño, apenas tenía aire para respirar, pero Edward la había arrastrado hasta allí, literalmente, y solo para tener sexo, de eso se trataba la relación de ellos.
¿Tenían ganas? Se buscaban.
No sentimientos.
No cursilerías.
Solo el acto en sí.
―Haz silencio, Bella ―ordenó Edward penetrándola y un chillido escapó de aquellos labios carnosos, pero rápidamente Edward le cubrió la boca.
Isabella respiraba agitadamente, le faltaba el aire, y la excitación y el miedo de poder ser descubiertos la tenía en un estado de total desesperación. Su pequeño cuerpo estaba pegado a la pared de ese cuchitril y Edward la apresaba con su pecho en su espalda, entrando en ella salvajemente.
Ella buscó algo de que sujetarse y consiguió una tabla de madera, pero su mano resbaló y con eso el trozo de madera se cayó haciendo un ruido estrepitoso.
Estaban siendo estúpidos, James se encontraba abajo, en su casa, hablando con la diseñadora de la boda para unos últimos detalles que faltaban y Bella se había ido a 'recostar' con la excusa de que le dolía la cabeza y solo lo había hecho porque, con anterioridad, Edward —quien estaba en su habitación admirando fotos de Isabella— le había enviado un WhatsApp pidiéndoselo y ella como la adicta al cuerpo de Edward en que se había convertido, lo había hecho, pero ahora se arrepentía, estaban siendo muy ruidosos y para nada discretos.
El anillo de Isabella brillaba en su dedo y Edward de verdad comenzaba a odiar ese puto compromiso con todo su corazón.
Pero se recordó una y otra vez la condición que Bella le había puesto si quería seguir con ella como su amante.
Ella había sido clara cuando le dijo que amaba a James y que a él solo lo veía como una aventura, y él mismo le había dicho que ella para él no significaba nada ¡qué mentiroso era!, porque en esos dos meses que ya habían transcurrido, contando desde el momento en que la conoció, la tenía presente día y noche en su cabeza. Bella significaba todo para él, tal vez no era amor, solo deseo carnal, pero estaba allí presente y latente por todo su cuerpo, mente y corazón.
Y aunque ya pasaba un mes desde que habían hablado y aclarado las cosas entre ellos, él no podía negar que odiaba cada minuto, segundo y milésima del maldito tiempo que Bella estaba con James, porque él sabía que no jugaban a las damas chinas, pero la vida era así, él lo había aceptado y tenía que vivir con la consecuencia de su decisión, así significara ver día tras día como ella le decía 'Te amo' a su mejor amigo y luego cuando estaba con él le pedía más, que la hiciera gritar de deseo.
Edward sabía que estaba haciendo el papel de cabrón, pero estúpidamente para él, eso no importaba, no mientras la tuviera a ella.
¿Qué harás cuando se case? ¿Crees que querrá seguir con esto?, le preguntó su conciencia a Edward y el aludido la mandó a la mierda. No quería pensar en eso y aunque tenía un plan, él no estaba seguro si Bella lo aceptaría.
"Yo a él lo amo y es con la persona con la cual me veo teniendo hijos y tú… Edward, tú eres solo algo pasajero", las palabras que Bella le había dicho estaban en su cabeza a fuego vivo.
Con ese pensamiento Edward entró aún más profundo en ella, haciendo que Bella soltará un resoplido, a los dos no les quedaba mucho y las manos de Edward se paseaban por el vientre, los senos y la cintura de ella.
―Edward, más rápido ―pidió entre jadeos y entrecortadamente a causa de las embestidas animales que él le estaba proporcionando, su cuerpo brincada ante cada estocada, haciéndola saltar. Su cuerpo sudaba, su cabello estaba enmarañado sobre su espalda, toda espelucada y su boca estaba reseca. Edward no estaba mucho mejor.
Solo un mes y ella se casaría, eso sería el final de todo, a menos que ella aceptara la proposición que Edward le haría y él de verdad le rezaba a todos los santos porque dijera que sí.
…
Media hora después, Bella bajaba las escaleras, bañada y con mejor semblante. ¡Claro! ¿Después de eso quién no? James la observó arqueando una ceja y ella le sonrió con amabilidad.
― ¿Estás mejor, nena? ―le preguntó su prometido extendiendo los brazos hacia ella, Bella lo miró a los ojos y asintió recordando que hace un mes atrás, luego de acostarse con Edward, de haber llegado a casa y dormir como por 12 horas; no podía ni siquiera verlo a los ojos, porque pensaba que él se daría cuenta de que le estaba siendo infiel, pero ya de eso no había nada. ¿Por qué tener remordimientos cuando había disfrutado tanto?
Nadie merece ser engañado, pero la tentación siempre está allí, llamándonos, incitándonos, siendo más fuerte que la racionalidad y el amor de 4 años de una relación. Se dice que una persona busca en otra lo que en su casa no le dan, ¿eso quería decir que James no satisfacía a Bella?
La realidad es que ella lo engañaba y no sabía por cuánto tiempo, y a pesar de que Bella había aclarado su situación con Edward, no podía negar que lo anhelaba, incluso más que a su prometido. ¿Eso estaba bien? No, pero era así.
Un mes más y todo acabaría, ella se casaría y tendría que tomar una decisión, James o el mejor amigo de él, Edward, ¿a quién escogería?
Justo detrás de él venía Edward con las llaves de su auto en mano y una sonrisa cegadora.
―No me digas a dónde vas, seguro a ver a una de tus conquistas ―repuso James sonriendo ampliamente a su amigo, algo en el corazón de Edward se removió al verlo, porque él no merecía ser engañado, pero no era momento de arrepentimientos, era tiempo de vivir el momento.
Bella miró sobre su hombro y Edward se encogió de hombros.
―Los caballeros no tenemos memoria ―habló él, pasándole por un lado a la castaña, no sin dedicarle una mirada pícara―. Además, no hago nada que tú ya no hagas con tu prometida. ―Y sin más se fue, dejando a un James sonriente y a una Bella ceñuda. ¿De verdad se iba a ver con otra mujer o era para cubrir las apariencias?
¿Y eso a ti qué te importa?, le inquirió su conciencia molesta. ¿No te acuerdas que dijiste nada de sentimientos? Si se va a ver con otra no es de tu incumbencia, total tú tienes a James, lo que es igual no es trampa, casi le gritó, haciendo que Bella se encogiera de hombros.
Nada de sentimientos, se dijo Bella en su mente y es que ella no profesaba ningún cariño hacia Edward, solo lujuria y pasión, pero, ¿entonces por qué sentía esas ganas de llamarle y atosigarlo hasta que le dijera a dónde iba?
Ella ya estaba cayendo, como todas las personas infieles lo hacen, en su misma trampa.
Todos, alguna vez, hemos probado un poco de nuestra propia medicina.
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