miércoles, 29 de mayo de 2013

Capítulo 5

Disclaimer: Los personas pertenecen a la señora Stephanie Meyer, yo solo me adjudico esta loca y retorcida trama.

Agradecimientos a: Yanina de mi corazón, por betearme este capítulo ¡Te quiero, hermosa!

Advertencia: Este capítulo contiene escenas de sexo, lengua soez y y un poco de descaro por parte de dos infieles, así que si eres sensible a estos temas ¡abstente de leer!
Guerra avisada no mata a soldado y si lo hace...¡ustedes ya saben porque!

Capítulo 5
"Hotel las 24 horas del día", eso era lo que se podía visualizar desde una distancia, más o menos larga, debido al neón de las letras de aquel cartel. Isabella no conocía el lugar en donde se encontraba y ya estaba debatiéndose entre sí seguir con esa locura o huir de allí fuese como fuese, pero una mano en su muslo la hizo regresar a la realidad y supo que, aunque quisiera, no podría nunca escapar… era inconcebible.
Isabella se perdió en los ojos penetrantes de Edward, quien mantenía una mano en el volante del auto y otra en el muslo de la castaña, el anillo de compromiso de Bella brillaba a más no poder, como si con eso le quisiera decir a la pareja que se detuvieran, que aquello era un error, pero la pasión a veces puede más que la razón y cuando el deseo quema tanto que hasta te imposibilita el respirar, todo lo demás pierde sentido, incluso si sabemos que aquello está mal. Pero nadie es perfecto, y tampoco es una excusa para aquellos dos jóvenes, quienes solo se dejaban llevar por el momento y la necesidad.
Edward apagó el auto enfrente de aquel hotel y sacó la llave del contacto, volteó a ver a Isabella, la cual retorcía sus manos sobre su regazo, nerviosa.
―Tranquila ―le susurró el cobrizo, mirándola con ternura, rápidamente abrió la puerta y rodeó el auto para abrirle la puerta a Isabella, ella suspiró fuertemente y salió de ese lugar, tomándolo de la mano―. No pienses, Bella, solo déjate llevar ―le aconsejó él en el oído, haciendo que ella diera un respingo por la sensación que la embargaba.
Juntos, con Edward rodeando la cintura de Isabella y ella apegada lo más posible a él, se encaminaron hacia la entrada del lugar donde… pasaría lo que tuviera que pasar.
Una vez dentro del hotel, Bella lo pudo analizar bien, por lo menos no era de mala muerte, al contrario, se veía un tanto lujoso y lindo, por decirlo de alguna manera. El piso cubierto por baldosas de una tonalidad blanca-gris, ayudaba a realzar la decoración, la cual era muy acogedora, con algunas paredes en madera y en todo el medio del vestíbulo un cubículo con un gran escritorio de vidrio y metal, escondía a una hermosa rubia como recepcionista, con cabello largo y lacio, ojos azules como el cielo y labios pintados de un atrayente rojo carmesí, pero sin llegar a parecer vulgar; ella les sonrió con amabilidad y dijo:
―Bienvenidos sean, ¿en qué puedo ayudarlos?
Isabella se apegó más al cuerpo de Edward y este sonrió complacido.
―La mejor habitación que tenga, por favor ―respondió Edward amablemente, la rubia asintió con la cabeza y tecleó algo en la computadora.
―Suite A14, cuarto piso, pasillo 2 ―habló la chica claro y firme, tendiéndole a Edward una tarjeta que hacía el papel de llave, él sacó su cartera para pagar de una vez y la rubia negó―. Se cancela la cuenta cuando dejen el hotel.
Edward asintió y se encaminó con Bella casi guindada a él hacia el ascensor, él apretó el botón de llamada y esperó pacientemente… o bueno, intentó esperar pacientemente.
Sus manos subían y bajaban por los costados de Isabella, haciendo fricción, haciéndola entrar en calor, ella metió sus manos dentro de la camisa de él y acarició aquellos abdominales, Edward acalló un gemido en su boca y tragó compulsivamente.
La llegada del ascensor interrumpió aquella muestra de afecto y Edward casi mete a trompicones a Isabella dentro de aquella caja de metal, cuando las puertas se cerraron la estrelló contra el fondo, atrapando sus labios en un beso que dejaba claro lo que venía a continuación, Bella jadeó con la boca abierta sobre los labios de Edward y este guió una de sus manos hacia los glúteos de la castaña, pero el pitido que hacía saber que habían llegado a su destino sonó y rompió el candente momento.
Bella, con mucho pesar, se separó de Edward y ambos salieron de aquel lugar tan estrecho, pasaron el primer pasillo, el cual era un poco largo y luego encontraron el segundo, fueron caminando viendo a la vez todas las puertas de madera pura, con los números inscritos en un tablita de metal forjado, Suite A10, A11, A12… las puertas iban pasando, hasta que quedaba la última y esta era al final del pasillo. En letras claras y legibles se podía leer Suite A14, Edward sacó la llave de la puerta y la introdujo en la ranura, la puerta hizo un sonoro 'clic' y se abrió dejando ver en primer lugar una cama tamaño King Size, vaporosa y blanca en todo el medio de la habitación; las paredes estaban pintadas de un color vino tinto, era demasiado oscuro para ser rojo pasión y demasiado claro para ser marrón, estaba en un punto intermedio; una araña guindada en el techo le daba a la habitación un toque de elegancia y una cortina de color beige en un gran ventanal cubría la vista hacia la ciudad.
― ¿Qué tal? ―preguntó Edward besando el cuello de Isabella, ella se estremeció, pero no se dejó llevar por la emoción del momento.
―Es linda ―admitió encogiéndose de hombros a la vez que daba un paso para entrar por completo a la estancia. Edward por su parte cerró la puerta a sus espaldas.
―Y nuestra por todo el tiempo que tú quieras ―musitó él aparatándole el cabello hacia un lado para dejarle un beso en la nuca.
―Edward ―dijo Isabella a modo de advertencia―. Yo…
―No lo digas, Bella, solo… no pienses en lo que haces ―aconsejó él buscando el cierre de aquel vestido pecaminoso.
― ¡Me voy a acostar contigo! ¿Cómo quieres que no piense? ―increpó ella jadeante, pero no hubo respuesta alguna por parte del cobrizo, en cambio se escuchó el sonido del cierre al bajar.
―No pensando, solo siente y si no te gusta te podrás ir ―aseguró él tomándola por los hombros, a la vez que dejaba besos húmedos por ellos.
Ella tragó en seco y se lamió los labios. ¿Quería? Sí. ¿Lo haría? Ya estaba allí.
Edward le dio la media vuelta y Bella quedó frente a él con el vestido un poco más flojo debido a que el cierre ya no ejercía presión, las manos de Edward bajaron aquel pedazo de tela dejando, a su vez, a la castaña en un juego de corpiño y bragas de encajes de igual color que el vestido, rojo.
Bella se sintió observada, intimidada y no era para menos, los ojos, antes verdes de Edward, ahora estaban más oscuros por la lujuria que los invadía, el pecho de Edward subía y bajaba velozmente, respiraba agitado e Isabella sonrió sin pensarlo.
Sin ningún miramiento Edward la tomó de la nuca, enredando su mano derecha entre el cabello sedoso de Bella, masajeando su cuero cabelludo, haciéndola ronronear de placer, y besó aquellos labios; la castaña no se hizo desear mucho y abrió su boca para él, invitándolo, incitándolo, sus manos fueron al cuello de la camisa de Edward y las bajó desabrochando uno por unos aquellos botones negros que le impedían ver el perfecto torso de Edward.
La mano izquierda del cobrizo bajó por el costado izquierdo de Bella, hasta llegar a su nalga donde la apretó con delicadeza, haciendo que un jadeo escapara de la boca de ella, Edward aprovechó eso para morder sus labios simultáneamente, jalándolos con premura y cuando él sintió que Bella empujaba su camisa por los hombros la ayudó a cumplir su objetivo, la camisa estaba fuera por fin. Sin esperar nada, Bella recorrió con sus dedos los pectorales de Edward, remarcándolos uno por uno, aún él tenía su boca ocupada en la de ella, pero ya ambos jadeaban por falta de aire, eso no quería decir que los labios del cobrizo dejaron de tocar la piel de la castaña, al contrario, bajaron por su cuello dejando besos con la boca abierta, pasando su lengua sobre la piel, probándola, hasta llegar al valle de los senos de Bella, esta última echó su cabeza hacia atrás, permitiéndole un mejor acceso y Edward bajó sus manos tomándola por debajo de los glúteos para cargarla, ella automáticamente enrolló sus piernas cremosas alrededor de la cintura de su amante, gimiendo al sentir una gran erección cerca de su sexo.
Edward la llevó hacia la cama y la posicionó cerca del cabecero, alrededor de muchas almohadas llenas de pluma, el cabello caoba de Isabella hacía un bonito contraste contra el blanco impoluto de aquellas sábanas, Bella serpenteó bajo el cuerpo de Edward y se subió un poco más, observándolo. Él estaba excitado y ansioso, movía sus manos contra la correa de su pantalón tratando de quitárselos, pero no podía, Bella rio fuertemente y él levantó la mirada de su tarea para arquear una ceja de manera interrogativa.
― ¿Qué te resulta tan gracioso? ―inquirió él sonriéndole de lado también, a la vez que se acercaba y tomaba un seno de ella entre su mano masajeándolo, estrujándolo, con su dedo pulgar rozó la aureola de ella y esta reaccionó ante la caricia, se podía ver sobre el encaje del corpiño.
―Mmm… ―fue lo que pudo decir ella cerrando sus piernas como acto reflejo, su sexo latía, pedía por más.
Bella arqueó su espalda y Edward sacó la molestosa prenda, dejándola prácticamente desnuda, solo con sus bragas, que muy pronto también estarían fuera de su camino.
La boca de Edward agarró el otro seno de Isabella y lo introdujo a su boca jugando con él, lamiéndolo y luego bajó su lengua por su abdomen y luego un poco más abajo, besó los huesos de la cadera de Isabella y sopló su piel haciendo que los vellos de la castaña se erizaran.
―Edward… ―dijo ella titubeante, con temblor en su voz, con sus manos retorcía las sábanas debajo de sus palmas.
El cobrizo siguió bajando hasta encontrarse con el sexo de ella, pero lo ignoró besando la cara interna de los muslos de Bella, esta jadeó un poco más alto y la erección entre los confines del bóxer de Edward vibró.
Los dientes de Edward rasguñaban la piel delicadamente, sin hacerle daño, pero dándole placer, volviéndola loca.
El pecho de Bella subía y bajaba ante cada bocanada de aire que ella tomaba, y de repente ya no tenía sus bragas puestas, todo lo que sentía era el miembro de Edward rozando su entrada.
Piel contra piel, como ella quería.
El ojiverde abrió las piernas de Bella metiéndose entre ellas, a la vez que la tomaba de la cintura y metía una almohada debajo de ella para que todo fuese más cómodo y sin más la embistió, pero se tuvo que detener al sentirla tan estrecha a su alrededor, era tan placentero que dolía.
―Bella, nena…, no aprietes tanto ―le murmuró él inclinándose para besarla de manera apasionada, ella elevó sus caderas para juntarlas nuevamente con las de Edward y él entendió la señal, así que entró en ella profundo, sintiendo las paredes vaginales de Bella contraerse, apretarlo en su interior, sin querer dejarlo salir.
Él la tomó de las caderas y marcó un ritmo frenético, rápido, tanto así que Bella rebotaba en la cama contra el cabecero, ella subió sus manos sobre su cabeza para frenar los embistes de él, su expresión de placer era digna de ver, su cabello enmarcaba su rostro; sus mejillas sonrojadas la hacían ver tierna; sus labios hinchados por todos los besos, llamaban a ser besados una y otra vez hasta el cansancio y su vientre plano era abarcado por la gran mano de Edward, quien ejercía fuerza sobre él, quería llegar hondo, tanto como pudiera.
― ¡Sí! ―gritó Bella, con la boca abierta.
― ¿Te gusta o no? ―preguntó Edward demandante, embistiendo casi de manera animal―. ¡Responde! ―ordenó él subiendo una mano hacia uno de los senos de ella.
―Edward ―tartamudeó ella presa del placer, en la habitación solo se escuchaba el incesante golpe de sus pieles y los jadeos y gritos por parte de ambos.
El anillo de prometida de Bella rodaba de su dedo anular, se le estaba cayendo, pero ella no se daba cuenta, no ahora, cuando otro la hacía suya.
Las paredes de Bella se contraían, estaba cerca del orgasmo, pero Edward ni por asomo dejaría que eso terminara allí; así que saliendo de ella, aún con su pene erecto, la tomó como una muñeca de trapo y le dio la vuelta.
―Apóyate con tus manos, Bella ―le susurró en el oído jadeante, su miembro latía y al rozar contra la piel caliente de las nalgas de Isabella dio un brinco, literalmente. La aludida dio un fuerte jadeo e hizo lo que Edward le ordenó, se posicionó sobre sus manos y él la tomó de la cintura, poniéndola en cuatro, el cobrizo tomó su erección entre las manos y se masajeó un poco mientras esperaba que Bella hiciera lo que le había ordenado.
Su miembro estaba lubricado gracias a la excitación tanto de él mismo como de Isabella, cuando vio que su castaña estaba en posición la tomó de la cintura y se posicionó de nuevo en su entrada, entrando duro, las manos de Bella desfallecieron y su mejilla chocó contra las almohadas de algodón.
Todo era rápido, caótico, sin nada de ternura. Ninguno de los dos estaba para eso en estos momentos.
Edward jadeaba en el oído de Isabella y ella trataba de sostenerse nuevamente, pero no podía, sus piernas temblaban, era gelatina y las manos de Edward no se quedaban quietas, se movían por todo su cuerpo, la tocaban, la estimulaban, su cabeza giraba y su cordura desaparecía.
― ¡Por Dios! ―jadeó ella en busca de aire, algo que la hiciera regresar a la realidad y mientras ella hacía eso, Edward tocó su punto G y fue la perdición para ambos.
El sudor perlaba sus cuerpos, Edward estaba encima de su espalda, embistiéndola como un poseso, queriendo más, queriéndolo todo de ella, quería que ella gritara su nombre, que olvidara a James, que se fuera con él… pero Edward sabía que solo era una quimera de sus sueños, eso nunca sucedería, ella nunca lo haría.
Sus manos repasaron el contorno de las nalgas de Isabella y ahora él no era el único que se movía, Isabella iba a su encuentro de manera salvaje, desesperada, moviéndose en círculos. Edward alargó una mano y jaló de su cabeza, apretándola a su torso, haciendo que ella se arqueará hacia él, aquel hombre dejó un reguero de besos por el cuello sudado de Bella y ella apoyó sus manos en sus muslos; ahora la posición era otra y ella estaba tan cerca… solo un poco más y ese nudo en su bajo vientre explotaría.
Los dos estaban sentados sobre la cama, Edward sobre sus talones e Isabella encima de él con sus piernas dobladas, pegando su espalda al pecho de Edward, este último llevó sus manos hacia los senos de Isabella y los apretujó.
Bella ladeó su rostro y Edward la besó, mientras ella subía y bajaba por su miembro, rápido, lento, rápido, lento…
Las manos de Bella se posicionaron sobre las de Edward, las cuales viajaban hacia el vientre de ella y sintió su vientre temblar.
―Rápido ―pidió desesperada, echando su cabeza hacia delante, su cabello cubrió su rostro y Edward lo apartó de mala manera, quería ver su rostro cuando se viniera.
Los dedos de él tantearon su clítoris, el cual estaba hinchado y latiendo rápidamente y con eso todo terminó.
― ¡Edward! ―gritó ella cuando sus paredes se contrajeron, cerrando sus ojos. Esto era demasiado para ella―. ¡Oh, sí! ―jadeó respirando con dificultad, y segundos después sintió como Edward se corría dentro de ella, su semen espeso la llenó por completo y los espasmos de su cuerpo no cesaban.
Sus cuerpos eran gelatina y Edward aún movía sus dedos sobre el clítoris de ella alargando el placer.
Bella se dejó hacer por Edward y este la sostuvo entre sus brazos.
―Bien hecho, nena ―le murmuró en el oído jadeante para morderle el lóbulo de este mismo. Ella sonrió sin ganas y ambos guardaron silencio, Edward se salió de ella y se recostó en la cama acercándola a él, rodeándola con sus brazos.
Isabella estaba pletórica, no cabía dentro de sí, ese, sin duda, había sido el mejor orgasmo y el mejor revolcón que había tenido en su mísera vida.
Edward recorría lentamente la piel de Isabella con sus dedos y daba pequeños besos en sus hombros.
― ¿Estás bien? ―le preguntó y ella asintió, no podía siquiera hablar, Edward se encimó un poco sobre ella y la vio a los ojos, ella le sonrió y este le dio un beso tierno.
―Creo que sí ―respondió por fin con una sonrisa en sus labios. Edward sonrió sobre su boca y profundizó el beso, pero en ese preciso instante un celular se escuchó y era el de Bella.
―No respondas ―susurró Edward mordiéndole un labio.
―A lo mejor es una emergencia ―repuso Bella poniendo sus manos sobre aquel pecho marmóreo.
Edward con un bufido se bajó de su esplendoroso cuerpo y ella gateó enredando una sábana a su alrededor, el cobrizo negó divertido, después de haberla tomado durante casi una hora, tenía pudor, ¡increíble!
Isabella buscó su pequeño bolso por toda la habitación y cuando lo encontró sacó su móvil, al ver que en la pantalla titilaba grande y legible: James, su mundo se paralizó.
―Bella ―llamó Edward al ver el rostro de su castaña palidecer en la claridad de la estancia―. ¿Quién es? ―preguntó él, levantándose para ir con ella, al llegar a la posición de Bella y ver su celular entendió todo, era James, su amigo, llamando a su prometida, la misma mujer con que minutos antes había tenido el mejor orgasmo de su puta vida.
Bella miró a Edward desesperada sin saber qué hacer y él le quitó el móvil de las manos.
Edward no se arrepentía de lo que había sucedido entre Bella y él, y esperaba que ella tampoco lo hiciera, y sin pensarlo descolgó.
― ¿Aló, James? ―Con una mano jaló a Bella hacia su cuerpo y esta estaba estática, hubo un silencio por parte de Edward e Isabella escuchaba los latidos del corazón reventar en sus oídos.
Y aunque Bella estaba allí con el corazón en la boca, no se arrepentía tampoco. No había excusa para lo que aquellos dos seres le habían hecho a James, y tampoco pretendía buscar una, lo hecho ya estaba hecho y no había marcha atrás.
Ellos solo estaban engañándolo. No era un pecado, ni mucho menos, pero tampoco era lo mejor y lo sabían.
Si algo sirve como excusa, Edward y Bella solo atendieron al llamado de su cuerpo y de qué manera lo habían hecho

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