domingo, 26 de mayo de 2013

Capítulo 6

Capítulo beteado por: Tamara

________________________________________


Capítulo 6

— ¿Dónde estamos? —preguntó Lucia al verse en frente de un imponente hotel.

—En un hotel. —Aran comenzó a caminar y la dejó atrás.

—Andas muy chistoso hoy —reprochó la mujer siguiéndolo.

— ¿Me quieres ver enojado acaso? —Bruscamente el ojiturquesa se había dado la vuelta, asustándola en el proceso.

—No —aseguró desviando su mirada hacia la entrada de la construcción.

Se encontraban en el hotel, denominado Mint Westminster, uno de los más grandes de todo el centro de Londres; este era cuatro estrellas y ofrecía lo mejor de lo mejor. En vez de ver cemento y bloque, que es lo que normalmente se ve en una construcción, aquí lo que se podía apreciar era vidrio, era una edificación moderna. Nada mal, pensó Lucia.

—Eso pensé.

Ambos caminaron en silencio hacia la entrada del dichoso hotel, donde la misma rubia que le había entregado el paquete, ayer, a Aran estaba allí, en carne y hueso.

— ¡Hola, cariño! —saludó ésta abrazándolo efusivamente, Lucia frunció sus labios y se cruzó de brazos, moviendo a la vez sus pies.

— ¿Todo listo? —inquirió Aran caminando del brazo de la rubia oxigenada.

—Sí. Están arriba, todo preparado como lo ordenaste. —El hombre en traje asintió, separándose de la mujer, quien ya le caía mal a Lucia.

— ¡Por eso te amo! —exclamó con una sonrisa besándole la mejilla a Imelda, ese era el nombre de la misteriosa rubia.

Lucia se había quedado hablando unos pasos atrás con Wilson, un ex novio de ella.

— ¡Cuánto tiempo! —dijo de manera alegre aquel moreno buen mozo.

— ¿Cómo has estado? —increpó Strong dándole un abrazo de oso.

Toma idiota, pensó ella mirando por el hombro de Wilson a Aran, quien ni siquiera se había dado cuenta que Lucia se había separado de él.

—Pues, no mejor que tú —respondió este sonriendo con afecto
.
— ¿Qué te puedo decir? La vida me ama. —Y el ego subía en la pelirroja.

—Ya veo. —Un suspiro salió de los labios de aquel hombre, quien se comía a Lucy con la mirada.

— ¿Cómo van las cosas con ella? —preguntó de repente Imelda dándose la vuelta para encontrarse a Lucia riendo muy abiertamente con un hombre que no era Aran, este último volvió su mirar hacia donde miraba la rubia y algo dentro de él se removió. Lucia tomaba una pequeña tarjeta que aquel moreno le entregaba y asentía, abrazándolo de manera muy cariñosa.

Cuando la muestra de afecto terminó la gran Lucia observó a Aran, quien le mandaba dagas directamente a ella a través de sus ojos.

—Con que la horma de tu zapato, ¿no? —Aran tensó su mandíbula e inspiró fuertemente.

—Me hace sacar de mis pocas casillas —susurró entre dientes exasperado.

—El karma —comentó Imelda haciéndose la desentendida.

Lucia se plantó enfrente de su socio, con una sonrisa en su boca y con la tarjeta de los datos personales de Wilson en su mano.

—Permíteme —pidió Aran quitándole la tarjeta de las manos para romperla en su cara.

— ¿¡Qué demonios hiciste!? —gritó furiosa la joven observando como los trozos de papel caigan al suelo lentamente.

—Creo que es obvio, ¿no? — Él la tomó del antebrazo y le susurró al oído: — Luego hablamos tú y yo. A solas —le puntualizó.


—Como quieras —refunfuñó Lucia removiéndose incómoda debido al agarre.

Imelda carraspeó y le lanzó una mirada de reproche a Aran, quien se mordió sus labios fuertemente para controlarse.

— ¿Seguimos? —La voz de la rubia era suave, fina.

—Si la señorita no sigue coqueteando con más nadie, creo que podremos, ¿podemos continuar, Strong? —Aran se dirigió a ella de manera hostil.

—Cada ladrón juzga por su condición —murmuró sobre su hombro la joven.
— ¿Qué dijiste? —Lucia observó a Aran y le robó un beso, cosa que lo descolocó por completo.

—Que continuemos, mi amor. —Lucy dijo melosamente, Imelda tosió tratando de ocultar su risa al escuchar eso y le indicó a la pareja con una mano que la siguiera.

Aran había soltado a Lucia y esta caminaba de manera perezosa, moviendo sus pies lentamente.

— ¿Qué vamos hacer acá? —La voz de ella sacó de sus pensamientos a su socio, quien estaba pensando en nada.

— ¿Qué? —preguntó desorientado.

— ¿Estás aquí por casualidad? —La voz de la pelirroja era burlona.

—Sí —aseguró él.

— ¿Qué hacemos aquí? —increpó lentamente acomodando sus rizos sobre su hombro derecho.

—No —le reprochó Aran acercándose para acomodarle el cabello sobre su espalda.

Lucia frunció el ceño ante ese extraño acto, pero no le dio importancia.

Ingresaron al ascensor, junto con la rubia, quien tatareaba algo entre dientes.

— ¿Les dijiste que se fueran luego de que todo estuviera listo? —preguntó de repente Aran a Imelda, ella asintió con una sonrisa pícara.

—Sí, también desvié todas las llamadas de tu móvil al mío. Cero interrupciones —le explicó guiñándole un ojo. Lucia trató de no ver todo rojo, pero era algo imposible. Lo admitía, ella estaba celosa.

— ¿Cero interrupciones? —dijo Lucy mirándose en uno de los espejos del ascensor.

Aran rodó los ojos y le hizo una seña a su asistente para que respondiera por él.

—Ya verá porque, señorita —contestó educadamente la mujer despampanante, la joven Strong la ignoró y continuó admirándose en el espejo.

Los pisos pasaban rápidamente y cuando se vinieron a dar cuenta se encontraban en el piso número 20 del edificio.

—Toma para que abras la puerta. —Imelda le tendió una tarjeta a Aran quién la cogió entre sus manos y se lamió sus labios—. Lo demás está allá adentro. —Él asintió y salió con Lucia a sus espaldas—. ¡Suerte! —le susurró sonriendo con maldad, Aran le hizo una seña obscena con su dedo medio e invitó a su acompañante a seguir.

— ¿Qué hacemos aquí? —El interrogatorio comenzaba por parte de Lucia—. ¿Alguna vez me dirás quién es esa mujer? —Aran negó con su cabeza—. ¿Por qué no? —repuso con un puchero.

—Porque no me da la gana —respondió él, abriendo la puerta del apartamento número 300.

—Amable respuesta. —Lucia habló sarcásticamente.

—Adelante —le instó Aran abriendo la puerta para ella, esta lo fulminó con la mirada y entró, lo que vio la dejó estupefacta.

Aran sonrió satisfecho y caminó hacia el bar que se imponía frente a él.

— ¿Esto es tuyo? —tartamudeó Lucia dejando su bolsa en un unos de los sofás próximo a ella.

—Aja. —El tintineó de una botella se escuchó y Lucy viró su rostro hacia Aran.

—Es… —Pero la chica no pudo terminar la frase.

—Lo sé —concordó el hombre de ojos turquesa sacando de la hielera algunos trozos de hielo—. Es un hotel cuatro estrellas, por si nunca has escuchado hablar sobre él. Tiene hermosas vistas y pues este apartamento fue una de mis inversiones, en realidad son dos apartamentos en uno —le explicó bebiendo un poco de ron, se quitó el saco y lo dejó sobre el mesón del bar.

— ¡Es muy moderno! —exclamó, yendo hacia un ventanal donde se podía ver el Parlamento.

—El hotel en si lo es y yo lo mandé a redecorar completamente, le di mi toque especial —susurró acercándose a ella.

—Todo está lleno de luz, ¿no te molesta el sol cuando hay? —Él negó.

—Lucia, la mayor parte de mi tiempo me la paso en mi casa, acá solo hago cosas especiales, por decirlo de alguna manera. —Él pasó el vaso de ron por el cuello de la chica, quien se estremeció al sentir lo frio de este mismo.

—Ya veo —musitó ella cerrando los ojos.

—Respondiendo a tu pregunta, no, la luz no me molesta, para eso hay algo que se llama persianas, además estas cosas —tocó el vidrio con su dedo índice—, es tintado, es decir, puedes ver hacia afuera, pero nadie puede ver hacia adentro —dejó un beso sobre el cabello de Lucia y se separó—. Ven, tenemos una fusión que firmar. —Aran le sonrió y los ojos de Lucy brillaron.

— ¿Vamos a firmar hoy? —preguntó a punto de lanzarse a los brazos de Aran, quien asentía con la cabeza—. ¿Por qué no me dijiste antes? —reprochó como niña pequeña.

— ¿Para qué? ¿Acaso me ibas a tratar mejor? —respondió con fastidio.

—Pues ahora no lo sabrás por no decirme todo antes —le informó, saltando en su sitio.

—Si así lo quieres —siseó él entre dientes encogiéndose de hombros. Ella asintió y se cruzó de brazos, Aran suspiró frustrado y cerró sus ojos, en esa fracción de segundos un cuerpo demasiado familiar para él, impactó contra el suyo.

— ¡Gracias! —exclamó Lucia Strong muy contenta dándole besos por todo el rostro, por su parte Aran tensó su cuerpo y la alejó un poco de él para mirarla a los ojos, estos estaban brillosos, con una felicidad infinita y una satisfacción digna de admirar—. ¿Sucede algo malo? —preguntó ella arqueando una ceja, él negó.

—No… —El hilo de sus pensamientos se cortó—. Mejor vamos, ya después me agradecerás —le insinuó viendo sus labios.

La joven ni se inmutó por el extraño comportamiento, en vez de eso mantenía una sonrisa cegadora en su rostro.

Aran la guió hacia una sala de estar, donde dos hombres bien parecidos, los esperaban con muchos papeles en un pequeña mesa.

La sonrisa de Lucia se ensanchó aún más y fue la primera en ingresar a la estancia.

—Buenas tardes —saludó educadamente, tomando la mano de cada hombre, estos le contestaron de la misma manera, Aran fue el primero en romper el hielo y se dirigió directo al grano.

— ¿Qué hay que hacer y explíquenle todo a la señorita Strong? —ordenó él, sentándose en un sofá, seguido de Lucia.

—Para comenzar tengo entendido que la fusión de empresas será para poder mantener a flote su empresa, ¿cierto? —le inquirió Néstor, el abogado, a Lucia.

—Prácticamente —admitió ella.

—Lo que haremos será una fusión denominada sociedades extinguidas o que se extinguen, estas Son las sociedades que traspasan en bloque todo su patrimonio; en resumidas cuentas usted tendrá que poner su cadena televisiva en manos del señor Fuenmayor, claro está, que usted aún será siendo la dueña de esta misma, pero digamos que la mayor parte de las acciones las poseerá el señor aquí presente. —El hombre con lentes redondos, tez blanquecina y ojos color miel señaló a Aran, quien miraba a Lucia atentamente.

—Pero, una pregunta. ¿Yo seré la que mandaré en mi empresa? —El otro hombre infundado en un hermoso traje de etiqueta, color beige frunció sus labios en un línea recta.

—Si lo quiere ver desde ese punto, podemos decir que sí, pero todo lo tendrá que consultar con su socio, ya que usted traspasará todo a nombre de él, prácticamente. Una fusión de empresas específicamente consiste en una decisión de inversión, señorita Strong; entendiéndose como tal, la asignación de recursos con la esperanza de obtener ingresos futuros que permitan recuperar los fondos invertidos y lograr un cierto beneficio.

—Es que yo no le voy a comprar nada a él, por lo tanto no hago una inversión —refutó ella, buscando con su mirada a Aran.

—Exacto, tú no harás una inversión, pero yo sí. Eso me generará mucho dinero.

— ¿Y qué hay de mí? —increpó Lucia Strong, demasiado confundida.

—Tú lo que quieres es que tu cadena televisiva siga a flote, ¿cierto? —Ella asintió—. Pues, tranquila que eso ya está bajo control. Con esto lo que buscamos en ganancia para mí, tú tendrás tu ganancia de igual manera, pero ya nada será lo mismo, Lucia. Tú no serás la reina de tu trono —le explicó de manera más coloquial Aran, formando una sonrisa de satisfacción en su rostro.

— ¿Qué pasará cuando yo quiera disolver la sociedad? —Y seguían más preguntas.

—Luego hablamos de eso. —La mirada significativa que le dio el hombre de ojos turquesa, logró que Lucy cambiará la pregunta.

—Es decir que el comprará mi empresa, por decirlo de alguna manera, pero yo seguiré mandando, solo que serán dos empresas en un día, ¿voy bien? —interrogó a los dos hombres de traje, ellos asintieron pacientemente—. ¿Dónde firmo? —inquirió corriéndose del sofá para acercarse más a la mesa donde estaban todos los documentos.

— ¿Estás segura? —La voz de Aran sonaba cerca de su oído, él acariciaba el brazo de la joven lentamente.

—Sí —aseguró ella viendo a Néstor, quien le tendía una pluma.

—Después de esto no hay marcha atrás —le musitó muy bajo su, ya casi, socio.

— ¿Quién dijo que querré dar marcha atrás? —preguntó. Aran le sonrió.

—Siempre antes de firmar algo tienes que leerlo —le aconsejó amablemente, siguiendo con la caricia del brazo.

—Confió en ti —admitió la pelirroja viéndolo a los ojos, dejando fuera de base a su socio, quien se había quedado congelado ante su confesión.

Lucia Strong estampó su firma en varios documentos y ya la fusión estaba oficialmente legalizada.

—Creo que ya todo está listo, esto se queda con usted señorita — Michel le tendió unas hojas—. Es una copia de la unión, por si algún día quiere leerla —explicó—, y esta otra es para usted señor. —Hizo el mismo procedimiento hacia Aran—. Ahora, con su permiso nos retiramos, que tengan una excelente tarde. —En esta ocasión fue el turno de hablar de Néstor, rápidamente recogieron todo lo demás, lo insertaron en un gran maletín, se despidieron con un movimiento de cabeza y los dejaron completamente solos.

Lucia giró su torció para observar a Aran, quien no decía nada y veía hacia la nada.

Confió en ti, se repitió la frase que Lucy le había dicho minutos antes.

Nadie, nunca, en su gran vida le había dicho esa corta frase, la cual, si al caso íbamos era corta, pero encerraba un significado que para él, en lo personal significaba mucho. Aran no confiaba en nadie, ni siquiera en su almohada. Él tenía un lema y ese es: “Todas las personas traicionan”. Y no era una absurda idea suya, era la pura verdad. Pero, la manera en como ella se lo había dicho, sin titubear y mirándolo a los ojos lo dejó estupefacto. Aran no sabía si ese era un artilugio por parte de ella, pero si era así, como él pensaba, entonces Lucia era una excelente actriz.

Muy en el fondo de su mente, quería pensar que ella se lo había dicho porque de verdad lo sentía, pero una parte de él le decía que era solo por la fusión.

Maldita fusión, pensó Aran.

Lucia chasqueó sus dedos varias veces en frente de él, le tocó el hombro y nada, no reaccionaba.

—Aran, Aran, ¡Aran! —le gritó a lo último Lucy y fue cuando este enfocó su vista en ella.

— ¿Dime? —preguntó carraspeando un poco.

— ¿Qué sucede? Andas muy distraído. —Él se encogió de hombros, sin responder.

— ¿Qué querías? —inquirió tendiéndole su mano para que ella se levantara.

—Nada, solo que… —Aran posó sus manos sobre los hombros de su socia, para bajar por sus brazos hasta llegar a sus manos.

— ¿Sí? —farfulló entre dientes, dando un paso hacia ella para acercarse más.

—Te quería agradecer todo lo que… —Los labios de Aran se habían posado en la mejilla de ella, rozando la tersa piel de Lucia levemente.

—Continua —le instó bajando sus labios hacia la mandíbula de la pelirroja, mordió este y la joven emitió un gemido.

—Sé que la fusión, es para tu beneficio, pero para mí la cadena televisiva significa todo y… —El hilo de los pensamientos se le fue, una risa ronca le hizo cosquillas en el cuello a Lucia.
— ¿Y…? —sondeó Aran, muy divertido con la escena.

—Gracias —susurró la empresaria llevando sus manos hacia el pecho de él.

— ¿Más nada? ¿Solo eso? —Aran hizo un puchero lastimero subiendo nuevamente, con sus labios, hacia el rostro de la joven.

—Sí, eso creo. —Ella titubeó un poco.

— ¿Sabes qué, Lucia? —preguntó el ojiturquesa besando rápidamente los labios de ella. Lucy mantenía sus labios entreabiertos y sus ojos abiertos de par en par.

—No —tartamudeó levemente.

—Me gustaría saber, ver y sentir todas las cosas que piensas. —Le provocó llevando su mano, hacia el cierre del vestido, ella se tensó un poco, pero se relajó automáticamente.

—A mí también me hubiera gustado saber que firmaríamos hoy la fusión y no fue así. Lástima —suspiró teatralmente.

— ¿Serian distintas las cosas? —El sonido del cierre era expectante.

—Quizás —respondió evasivamente, desabrochando el primer botón de aquella camisa costosa.

— ¿En qué hubiera sido distinto?

El cierre un poco más abajo, el vestido un poco flojo.

—Tal vez te hubiera dado algo en la oficina —musitó sensualmente, desabrochando otro botón.

— ¿Algo como qué?

Cierre, más piel, más abajo.

—No sé. —Lucia tenía la respiración acelerada—. A lo mejor, algo como esto —dijo sin más, para tirar sobre el sofá a Aran, quien tenía una sonrisa lasciva en su rostro—. ¡Gracias! —le murmuró terminándose de bajar el cierre de vestido, para quedar en ropa íntima frente a Aran Fuenmayor, quien terminaba de desabotonar su camisa.

—Esto será divertido —afirmó él con certeza.

No hay comentarios:

Publicar un comentario