miércoles, 29 de mayo de 2013

Capítulo 4

Mil millones de gracias A ti, Yanina, por betearme el capítulo, y la historia como si.

Canción de capítulo: Infieles- Aventura

Disclaimer: los personas le pertenecen a Stephanie Meyer, yo solo me adjudico la trama.

Ahora si ¡a leer!
Capítulo 4
―…Y entonces, Edward, ¿eres gay? ―balbuceó Bella con una botella de cerveza en una mano. Edward reía con ternura al verla en ese estado, era un caso perdido. Estaba absoluta y completamente borracha. Y es que solamente en ese estado Isabella podría decirle esas cosas en la cara a Edward.
Había pasado un mes desde que Edward estaba conviviendo con James y Victoria en su casa, esta última de vez en cuando, porque era más lo que dormía en la casa de su novio/marido que en la suya propia.
Ese mes había estado lleno de trámites, compras, decisiones y más decisiones por parte de Bella y James. Ambos estaban decidiendo cómo sería la boda y ya solo quedaban 2 meses y el tiempo no alcanzaba.
Eran muchas cosas, que si por ejemplo: el pastel, el lugar de la recepción, la iglesia, el juez, las flores, el vestido, los anillos, la luna de miel, las invitaciones y pare usted de contar, pero la presión en los hombros de Bella había disminuido cuando un día llegó Victoria con la salvación para todo y eso era ¡una planeadora de bodas! Y ahora lo único que tenía que decir Isabella era 'sí' o 'no' para aprobar o desaprobar algo, respectivamente.
También en todo ese mes Edward se había tenido que frenar repetidas veces para no tomar a Bella y robársela a James, pero es que era insoportablemente provocativa, solamente al ver esos labios de un color fresa que incitaban a probarlos y morderlos, al cobrizo le giraba su cabeza y se caía de su puesto, pero debía mantener la compostura; además tenía que respetar… pero cada día que transcurría se le hacía más y más difícil.
Bella aún seguía con la absurda idea de que Edward era gay y él no admitía, pero tampoco negaba, tal mentira garrafal, al contrario, se divertía mucho con ella y más cuando ella hablaba con él y le pedía consejos para con James… Esos momentos eran un tanto incómodos, pero Bella le había cogido confianza al cobrizo y una vez esa mujer tomaba la mano enseguida se apoderaba del codo, y Edward en sus adentros deseaba que se apoderara de su cuerpo si le daba la puta gana.
―Responde ―suplicó Isabella.
― ¿Qué piensas tú al respecto? ―inquirió Edward tomando de su cerveza.
―Que eres un gay muy macho ―admitió ella para luego hipar, Edward frunció el ceño y luego rio.
―Creo que es hora de irnos, Bella, James debe estar preocupado…
― ¡Qué se joda! ―exclamó ella indignada interrumpiendo a Edward, luego miró su IPhone con rabia―. No pudo cancelar su puta reunión para estar conmigo, con nosotros ―se corrigió―, unas cuantas horas, para relajarse de la oficina, entonces que no venga con quejaderas; además él dijo que si estabas tú no había problema alguno ―culminó ella con una sonrisa coqueta. Era definitivo, el alcohol ya estaba en grandes niveles en su cuerpo.
―Victoria se fue, nosotros también deberíamos irnos ―sugirió Edward con voz queda y ella lo miró como si lo quisiera matar. La pelirroja había tenido que irse, con la excusa de que su hombre la esperaba para una entretenida y larga noche de pasión, dejando de esa manera a Bella y Edward solos en aquel night club de moda.
― ¿Tú también te vas a ir? ―le increpó Bella con un puchero lastimero. ¡Esta mujer no sabía lo que estaba haciendo!―. ¿Me vas a dejar solita? ―prosiguió con voz lastimera, y Edward estaba en el punto en que la tomaba entre sus brazos y la besaba hasta que tuviera sus labios hinchados y rojos de tanto uso.
―Claro que no…, muñeca. ―Edward negó ferviente con su cabeza a la vez que alargaba su mano y la apoyaba sobre la de Bella.
El club donde ambos se encontraban estaba a reventar, la música estaba en un tono en el cual la gente gritaba para poder escucharse; el ambiente a fiesta se veía por todas partes y las luces tenues, pero coloridas, del lugar daban ganas de querer bailar toda la noche sin parar.
―Vamos a bailar, Eddie ―canturreó Bella tomándolo de la mano, la canción que en ese momento sonaba era movida, pero justamente cuando Edward se levantó y tomó a Bella de la mano las luces se volvieron casi imperceptibles, no pudiéndose ver a las personas a su alrededor y la canción cambió. Era una bachata.
― ¿Sabes bailar eso? ―preguntó Isabella en su estado de embriaguez, Edward sonrió con socarronería y asintió. No en vano se había empeñado en ir a Latinoamérica, algo había aprendido.
Decidido, Edward Cullen guió a Isabella hacia la pista, donde subió su mano derecha hacia la cadera de ella y la rodó un poco más tocando casi la espalda baja de la chica. Aquel vestido botella, color rojo, con escote en forma de corazón, lo traía delirando desde que la vio llegar al bar sola en su auto, casi le tuvo que pedir a Victoria una toalla húmeda -que la pelirroja siempre cargaba en su bolso- para limpiarse la baba, y ahora que la tocaba, que la apegaba a su cuerpo, era la santa puta gloria.
Su mano izquierda tomó la mano derecha de Isabella y la llevó a su cuello, hizo lo mismo con la mano izquierda de ella.
―Esto se baila así ―repuso él ante la reticencia de la castaña, ella asintió y se relajó, era solo un baile. Un inocente baile… claro está, con el hombre que era gay y le atraía, se podría decir, más que su propio prometido. De locos.
La pierna derecha de Edward se metió entre el espacio de las piernas de Isabella y su respiración se agitó, el cobrizo maldecía la ropa en esos instantes, hubiese sido mejor, sin lugar a dudas, si se hubiera puesto unas bermudas.
Las primeras notas musicales inundaron la estancia y Edward meció a Isabella lentamente de un lado hacia el otro, apegándola más a su cuerpo, colocando su boca en el oído de ella, respirando con dificultad. La tensión entre ambos era evidente, pero imposible de consumar.
Isabella sonrió para sí misma y se abandonó a la música, ella sabía qué estaba haciendo, sabía lo que bailaba, las clases de baile no habían pasado en vano.
Y la canción era como un augurio para ellos, nada más y nada menos que 'Los Infieles' del grupo musical Aventura.
La mano de Isabella, que estaba en el cuello de él, se metió entre el cuello de la camisa manga larga que Edward llevaba puesta, haciendo fricción piel contra piel.
Y la letra de la música comenzó a sonar, Edward dio un paso atrás y ese paso fue seguido por Bella, otro paso se unió y tras de él otro más, para que luego un suave movimiento de caderas por parte de Isabella derrumbara la fuerza de voluntad de Edward.
Las caderas de Isabella chocaban contra las de Edward, aquella pierna que el cobrizo mantenía entre la abertura de las piernas de ella, tenía a la castaña fuera de este mundo.
El torso de Isabella se movía al ritmo de la canción, la mano de Edward, que estaba en la espalda baja de ella, se afianzó más a ese pedazo de carne, los labios de él rozaban el lóbulo de la oreja de la novia de su mejor amigo, pero eso no era impedimento para que el deseo en Edward creciera.
Aún con tacones y todo, Isabella solo le llegaba a Edward por el cuello, y allí ella mantenía su rostro escondido.
Aquel movimiento sensual de pasos contados era una tortura, pero una muy deliciosa y sensual, cada paso los acercaba más a un camino sin retorno. Los giros no se hacían esperar, pero Edward nunca la apartaba de su lado, al contrario, giraba con ella pegada a su cuerpo.
Isabella se apegó más al cuerpo del mejor amigo de su prometido por inercia, sin ser consciente. Las piernas de Edward estaban un poco dobladas, él quería más fricción, mas contacto, más todo. E Isabella no estaba en mejores condiciones que aquel hombre de mirada verde penetrante.
Por su parte, el móvil de Isabella no dejaba de sonar sobre la mesa donde antes los dos estaban, era James, quería saber de ella, pero ahora para Bella era imposible responder.
La mano izquierda de Edward soltó la mano de Bella que sostenía y la cambió de lugar, ahora la tenía puesta sobre la nuca de ella, encerrándola, pero sin llegar a tocarla; la mano de la castaña voló hacia el cuello de Edward y sin querer rozó sus labios contra la piel de aquel cuello, donde la manzana de Adán subía y bajaba ante cada respiro.
El baile, a medida que la canción avanzaba, iba poniéndose más sugestivo, más provocativo, las manos de Edward ya no se detenían, y este guiaba a Isabella de una manera que quitaba el aliento. Sus pasos eran más firmes, más confianzudos, y Bella también se había soltado, solo se guiaba por la música y por la sensación de la adrenalina al esta correr por sus venas.
¿Por qué Edward tenía que ser gay? ¿Por qué ella tenía que estar comprometida con James? ¿Por qué ahora se replanteaba una relación de 4 años por un completo desconocido que ni la pelaba y de paso no tiraba hacia su bando? ¡Por Dios le gustaban los hombres, su mismo sexo, no las mujeres! ¡Era increíble!
―Bella ―susurró él en su oído, agónico, desesperado, ella lo ignoró y siguió con el baile, ¿qué estaba haciendo?
El alcohol casi había desaparecido de su sistema por completo y estaba más lúcida que nunca, su cuerpo estaba en llamas, había calor por todas partes o tal vez solo eran ideas de ellas, pero… estaba sofocada, necesitaba aire.
La boca de Edward sin pedir permiso recorrió aquella mejilla, la cual era tersa, lisa, pura, delicada; su aliento chocaba contra ella, y Bella no era consciente de que jadeaba sin poder evitarlo.
Las piernas de ambos se movían rápidamente al compás de la canción y en un momento, cuando esta se detuvo, Edward llevó sus dedos a la mandíbula de Isabella y la elevó para verla a los ojos, pero solo duró un instante esa conexión, porque la canción siguió.
Bella sentía que no podía más, que en cualquier momento besaría a Edward, así fuera gay, así ella estuviera con James, así se casara dentro de 2 meses, así le estuviera siendo infiel a su prometido… así él fuera el mejor amigo de su novio, pero a ella eso no le importaba, solo sentía la necesidad de aplacar lo que su cuerpo gritaba a los cuatro vientos.
―No tiembles ―musitó Edward contra el cabello de Isabella, oliéndola, pues ella tenía cierto temblor en su cuerpo y él lo había notado.
Necesito salir de aquí, se dijo Bella, pero su cuerpo se lo impedía, aún seguía pegada a él, a su fragancia, a su esencia, a su todo.
La canción estaba por culminar, no faltaba nada y Edward la mecía entre sus brazos, haciendo círculos con su dedo pulgar sobre la espalda de Bella, el cobrizo se lamió los labios y respiró hondo.
¡No hagas algo de lo que luego te vas a arrepentir!, le aconsejó su mente seria, pero él hacía caso omiso a todo eso.
El baile culminó y ellos seguían sin moverse, sus respiraciones eran erráticas, forzosas, jadeantes…
―Es un desperdicio que seas gay ―masculló Bella para sí misma, pero Edward la escuchó y sonrió sin poder evitarlo. Al instante la castaña se regañó por decir eso en voz alta, pero al demonio… necesitaba decirlo, era un favor para con la humanidad.
―Bella ―llamó Edward subiendo su mano a la nuca de ella, reteniéndola, la aludida levantó su mirada y lo observó, expectante―. No soy gay ―confesó esperando su reacción, pero Isabella estaba fría, sin expresión alguna en su rostro.
― ¿Qué? ―jadeó boqueando en busca de aire.
―No soy gay, eso solo fue una macabra mentira de Victoria y pues no lo quería desmentir porque me parecía divertido, pero ahora no…
― ¿Por qué me lo dices ahora? Es decir… bien por ti ―ella hizo una pausa y agregó: y por mí también, para dentro de sí―, pero no entiendo.
―Bella, escúchame, sé que eres la prometida de mi mejor amigo, ¡es una locura!, lo sé, pero…
―No entiendo ―interrumpió ella nuevamente.
―Me gustas y mucho ―dijo Edward de sopetón, Bella abrió sus ojos hasta más no poder.
―No…, Edward, lo siento, pero yo… no… es decir, ¿cómo? ―tartamudeaba ella nerviosa.
― ¿De verdad importa? ―inquirió él con una sonrisa de lado, ella suspiró y negó―. Lo que de verdad te debería importar es que me gustas y… ya no puedo…, es imposible estar tan cerca de ti y no tocarte. ―Él masajeó el cuero cabelludo de aquella castaña, y esta gimió quedito.
―Soy… yo… soy…
―La prometida de James, lo sé, ¿crees que no me recuerdo eso todos los días? ―increpó él un tanto enfadado―. Pero esto es más fuerte ―susurró Edward, ambos estaban en medio de la pista y sin más Edward atacó aquellos labios, esos mismos que desde hace un mes lo incitaban a ser mordidos, jaloneados y saboreados por los suyos. Su boca no era tierna, no podía ser tierna ahora, todo lo que había era pasión y deseo acumulado y Bella se dejó ir, también respondió y con mucha más intensidad de lo que Edward se imaginó, pero sonrió sobre aquellos labios con sabor a fresa; su mandíbula se abría ante cada encuentro, su mano apretó el agarre en la nuca de Bella y ella abrió su boca invitándolo a entrar con su lengua.
Los dientes de Edward no se contuvieron y tomaron entre ellos el labio inferior de Isabella, jalándolo despacio, torturándola, ella gimió sobre su boca y él acalló aquel gemido de pasión con un beso engullidor.
―Espera… espera ―chilló Bella tratando de separarse de Edward ―. Esto está mal, no podemos, ¡estoy comprometida! ―gritó ella separándose por completo de aquel hombre para mostrarle su anillo―. ¡Y con tu amigo, eso lo hace aún peor!
―No vas a decir que no te gustó, ¿o sí?
―Ese no es el punto…
―Sí lo es, Isabella, te gusto, me gustas, nos gustamos, no es un delito ―interrumpió él extendiendo sus manos para atraparla, pero ella lo esquivó.
―Sí lo es cuando te gusta la prometida de tu hermano, ¡por Dios! ―dijo ella alterada.
―Shh, calma, Bella. ―Edward la tomó entre sus brazos y la aprisionó allí―. No podemos evitar esto, punto. ―repuso él confiado y tranquilo.
¿Qué clase de amigo era? Sí, uno despiadado.
―Pero…
―Respondiste a ese beso y no me vayas a decir que fue por la impresión, porque lo continuaste, me diste autorización para invadir tu boca ―susurró él con fiereza―. Vamos a otro lugar ―propuso él rozando sus labios con los de ella.
―Edward, no puedo…, estoy siendo infiel y…
― ¿Piensas vivir con este deseo quemándote las entrañas acaso? ―preguntó el cobrizo escéptico―. Lo dudo, Bella, llegará un punto en que no te contengas y…
―Me estás proponiendo que sea tu amante, que le sea infiel a mi prometido, a tu amigo…, esto es de locos ―habló ella rápidamente, con la mirada llena de pánico.
―Pero no imposible, Bella…, yo solo te pido una noche, ¿sí?, solo eso para aplacar estas locas ganas que siento por ti y luego nada más, ¿aceptas? ―inquirió Edward esperanzado, ella lo observó un rato donde meditaba sus opciones.
Sería solo una vez y ya, todos en la vida tenemos un desliz, pero ¿ella sería capaz de hacerlo con el mejor amigo de su novio?
― ¿Qué dices? ―masculló Edward atrapando un labio de ella entre sus dientes.
―Que no tengo idea de lo que voy a hacer ―respondió Bella dándose por vencida, el placer, esta vez, había ganado.
―Tomaré eso como un sí ―le informó él sonriéndole, para luego darle un beso que exultaba felicidad―.Vamos ―dijo tomándola de la mano para pagar la cuenta e ir hacia donde la noche y la pasión los llevara.
¿Serían capaces de hacerlo?

No hay comentarios:

Publicar un comentario