Disclaimer: los personas son de la señora Stephanie Meyer, yo solo me adjudico la trama de la historia.
Agradecimientos a: Yanina por haber beteado este capítulo, sin ella no estuviera actualizando.
¡A leer!
Capítulo 3
―Yo… ―dijo Edward sin saber qué decir ante la pregunta de aquella mujer.
― ¡Oh!, bueno, disculpa si te incomodé, no importa… Mucho gusto, mi nombre es Isabella, me puedes decir Bella y soy la prometida de James ―se presentó ella saliendo de su estupor, pero estaba decepcionada, aquel espécimen no podía tirar al otro bando, ¡era un delito!
―Querida, mucho gusto ―dijo Edward acercándose para tomarla por la estrecha cintura y pegarla a su cuerpo más de lo debido. Las manos de Bella reposaban en el bajo vientre de Edward y ella pudo sentir unos muy marcados abdominales, los labios tibios de él presionaron la comisura de su boca, pero ella no le tomó importancia, al fin y al cabo, él era gay. ¿Qué le podía hacer?, pensó Bella.
Las manos de Edward rondaron hacia la espalda baja y descubierta de Isabella y las apresó allí, masajeando lentamente, y algo en su cuerpo se incendió. Aquella piel era tersa, suave, perfecta como para él saborearla con su lengua y luego… ¡Es la prometida de tu amigo!, le gritó la mente a Edward haciéndolo salir de su letargo, y con mucho pesar él se separó, perdiendo el contacto piel contra piel con ella y un leve gemido escapó de los labios de Bella.
―Bueno, bueno…, Eddie, cámbiate y muéstrame ese cuerpo, hay barbacoa, te esperamos en la piscina ―aseguró Victoria sonriendo con maldad a la vez que tomaba de un brazo a Bella, quien sonreía contrariada.
―Yo venía por unos refrescos y a ver por qué tardabas tanto ―musitó Bella, viendo fijamente por donde Edward caminaba, era como si conociera aquella casa como la palma de su mano y era así, en realidad.
―Vamos te acompaño. ―Apuró Vicky a su cuñada―. ¿Guapo, eh? ―preguntó la pelirroja con maldad moviendo sus cejas sugestivamente.
― ¡Qué desperdicio! ―admitió Bella y Victoria no pudo aguantar la carcajada, si supiera que Edward era más hombre de lo que ella pensaba.
Una vez los refrescos fueron servidos, tanto Bella como Victoria salieron hacia el patio, donde James hablaba animadamente con Charlie y este le sonreía con verdadero placer.
El rubio al ver a su mujer detuvo su habla y dijo a broma:
―Yo pensaba que el refresco te había comido, nena.
A lo que Bella solo pudo responder sacándole la lengua.
―Hija, ¿quién tocaba el timbre? ―le interrogó su padre a Victoria.
― ¿Ah? ―preguntó ella despistada―. ¡Ya!, la puerta ―respondió ella dándosela de inocente―. No era nadie, una equivocación ―admitió encogiéndose de hombros.
Los adultos se miraron entre sí, pero no objetaron nada.
Bella puso en una mesa la bandeja con los refrescos y antes de que siquiera se pudiera erguir por completo, unas manos la cargaban por las piernas y la montaban sobre su espalda, tal cual un saco de papas.
― ¡James! ―gritó ella riéndose, pero él iba justo a la piscina, con ella en brazos―. ¡Bájame! ―ordenó ella seria, pero luego soltó una carcajada que lo hizo reír a él también.
―Esto es por dejarme solo con tus padres ―murmuró él subiendo sus manos por las largas piernas de su prometida, no quedaba nada para llegar al filo de la piscina.
―James, lo sien… ―pero la disculpa fue acallada por el impacto de ellos dos contra el agua.
Tanto los padres de James como los de Bella reían sin parar ante la escena, Isabella salió primero a la superficie y se montó encima de su novio queriéndolo hundir, pero él fue más veloz y la tomó de la nuca dándole un beso que no se debería dar si los suegros están presentes, pero, a decir verdad, no era que les importara en estos momentos.
Ambos flotaban sobre el agua, y las manos de James no aflojaban su agarre, él besaba, succionaba y jalaba con sus dientes los labios de su prometida, porque ella era de él y nadie, nunca, jamás, podría cambiar eso.
Pero una voz, demasiado conocida para James, hizo que el rubio se separara de Bella, pero solo de labios porque sus manos bajaron hacia la cintura de ella y la apegaron a su cuerpo.
― ¡Haciendo fiesta sin mí! ¿Y así te haces llamar mi hermano? ―inquirió Edward Cullen, los ojos de Bella giraron hacia esa voz y su mandíbula casi se abre por completo.
Edward solo traía puesto unas bermudas impermeables, que se moldeaban perfectamente a su perfecto trasero y a su estrecha cadera masculina, su torso estaba desnudo dejando ver unos muy bien trabajados abdominales, sus brazos tonificados se contraían con cada movimiento y los ojos de Isabella Swan no sabían hacia dónde mirar. ¿De verdad él era gay o era una broma muy, pero muy pesada?, se preguntó la castaña con lamento, porque si de verdad era gay ¡Dios había sido injusto con la sociedad femenina!
― ¿Edward? ¿Qué haces aquí? ―dijo James sorprendido por ver a su amigo de todo la vida en su casa. Por su parte Edward observaba como la mano de su hermano se perdía bajo el agua y se enrollaba en la cintura de Isabella, esa misma cintura la cual él había tocado con sus propias manos minutos atrás, subió su mirada hacia el plano y tonificado abdomen de aquella mujer y sintió su boca secarse, sus ojos siguieron subiendo y se encontraron con los senos de la prometida de su amigo, pero él no podía parar, aquella mujer era como un imán, lo llamaba, lo atraía, le decía que la tomara sin importar el qué o porqué, solo… Y de repente Edward se recompuso, aún sin perder la sonrisa de su boca, y miró a su hermano quien esperaba su respuesta.
― ¡Qué grato recibimiento! ―exclamó con cinismo el cobrizo y James lo chipoteó con agua a manera de broma―. ¿Cómo que a qué vengo? ¡Es obvio! ¡Quiero ver cómo te casas y te condenas! ―gritó él abriendo sus brazos de manera teatral, subiéndolas al cielo.
― ¡Oh vamos! ―repuso el rubio―. Tengo una buena razón ―admitió él apegando a Bella más a su cuerpo. Ella sonrió viéndolo y le dio un beso en el cuello, esa acción fue registrada por la vista de Edward quien se maldijo por estar buceándose* a la mujer de su amigo, pero ese arrepentimiento fue aplacado por una sensación mucho más poderosa… esa sensación era el deseo.
―Ya veo ―musitó Edward más para sí mismo que para alguien más.
― ¡A la piscina! ―gritó Vicky corriendo hacia Edward para empujarlo, pero él se la llevó a rastras y ambos cayeron mojándose por completo, Victoria reía a carcajada limpia y se apoyaba de las manos de Edward, Isabella ladeó su cabeza y suspiró con resignación, preguntándose a su vez cómo sería tocar aquellas manos o sentirlas en una parte especifica de su anatomía, pero… se recodó que él era gay; además si no lo fuera, ya estaba comprometida y con el mejor amigo, así que ni loca.
James se acercó a su amigo y le dio un gran abrazo.
― ¡Hombre, te extrañé! ―admitió el hombre de ojos azules sonriendo con gran aprecio a su amigo.
―Yo también ―admitió el cobrizo sonriéndole con afecto.
―Mira, te presento a la razón de mi existir ―dijo James muy animado y cualquier deseo que Edward pudiera haber estado sintiendo hacia Isabella fue disipado, él no le podía hacer eso a su amigo. El rubio tomó a Bella de la mano y la acercó a él―. Bella, este es mi amigo Edward del que tanto te hablaba y, Edward, esta es mi hermosa prometida y futura esposa, Isabella Swan ―hizo él las presentaciones dándole un beso sonoro en la mejilla a su mujer, quien se sonrojó, pero le tendió la mano a Edward.
―Hola, otra vez ―dijo ella divertida extendiendo su mano y él la agarró entre la suya, los dedos de Edward la acariciaron sutilmente, pero fue lo suficiente como para que el corazón de Bella se acelerara.
―Hola, castaña ―murmuró él llevando aquella mano blanquecina a sus labios, y Bella juró ir al cielo y regresar al sentir aquellos finos labios sobre su piel, era…
― ¿Se conocían? ―inquirió James intrigado.
Bella asintió, pero fue Edward quien respondió.
―Claro que sí, esta hermosa mujer me recibió junto con Vicky hace unos momentos y tuve el placer de conocerla y déjame decirte, amigo, que si no supiera que la amas y la hubiese conocido antes que tú, yo también me hubiera casado con ella. Es una preciosidad ―comentó Edward mirándolo de manera penetrante y James solo pudo reír ante esa ocurrencia.
―Es mía ―dijo celoso, pero todo era una puesta en escena―. ¡Qué va, Edward!, consíguete a tu media naranja y en total caso, sé que si ella te gustara nunca me la quitarías, ¿o estoy equivocado? ―indagó el rubio, Edward de pronto consiguió el agua cristalina muy interesante.
―No, no estás equivocado ―respondió finalmente él, viendo a la pareja de enfrente con una sonrisa fingida.
¡Es la prometida de mi hermano, no una puta con la que siempre ando!, se dijo Edward en su mente tratando de convencerse a sí mismo.
―Ahora que las presentaciones han pasado, ¿qué te parece si jugamos un rato? ―propuso James abrazando por los hombros a Bella, quien estaba estática.
―Una partida de waterpolo ―afirmó Edward sonriendo.
―Como en los viejos tiempos ―canturreó la pelirroja divertida.
Bella sonrió sin poder evitarlo al ver a su prometido tan lleno de felicidad.
Victoria salió de la piscina y fue a buscar las pelotas y James las canchas que tenía en el garaje, dejando solos a Bella y Edward, dentro de una piscina, pero no sin antes darle un beso a su prometida, era como si estuviera marcando territorio, pero en realidad no era así.
― ¿Eres de Inglaterra? ―preguntó Bella luego de un silencio incómodo para romper el hielo y Edward la miró con una sonrisa de medio lado.
―No, pero trabajo allá ―admitió sacando su mano del agua, cosa que hizo un sonido inquietante.
― ¿De qué trabajas? ―increpó Bella, él arqueó una ceja, ella lo notó y dijo rápidamente―: Lo siento si te incomo…
―Soy médico, me estoy especializando en pediatría ―le interrumpió Edward al ver que ella se iba a disculpar, Bella asintió pensativa―. ¿Desde cuándo conoces a James? ―esta vez el turno de preguntar fue de Edward.
―Desde hace cuatro años.
Los ojos de Edward se abrieron como platos ¿cuatro años? ¡Joder!
―Se nota que lo amas ―murmuró el ojiverde sonriendo y Bella también lo hizo.
―La verdad sí y mucho ―admitió encogiéndose de hombros.
―Es muy lindo ver a mi amigo así ―Bella lió su mirada con la de él y allí se quedaron, observándose, analizándose.
Los ojos verde jade de Edward se fueron haciendo cada vez más intensos y Bella ya no podía sostenerle la mirada, así que la apartó apenada.
―Eres muy hermosa ―le halagó él y ella lo miró confundida.
― ¿Gracias? ―contestó Bella, pero sonó más a pregunta y antes de Edward siquiera poder decir algo más, James irrumpió en la piscina.
― ¿Conociéndose? ―inquirió el rubio abrazando por la espalda a Bella, a la vez que colocaba su mentón en el hombro de ella, Edward asintió distraído.
―Algo así ―admitió la castaña, frotando sus manos mojadas sobre las de su prometido, quien las tenía entrelazada en su vientre, en su mano izquierda, precisamente en el dedo anular Edward pudo ver aquel anillo con un gran diamante en el medio.
¡Dios ayúdame!, pidió Edward lacónico en su mente.
― ¡Que comience la partida! ―chilló Victoria guindándose del cuello de Edward para hundirse con él, el cobrizo salió a la superficie y le dio una nalgada a Victoria a modo de juego.
― ¡Oye, te ve su novio/marido y te quita la cabeza! ―le advirtió James a Edward, pero era en vano, desde que el mundo era mundo, aquellos dos se trataban así, e incluso una buena revolcada en sus tiempos de adolescencia habían tenido.
¡Qué tiempos!, se dijo Edward en su mente sonriendo, pero ya de eso nada, ahora estaba en el presente; él en la casa de su mejor amigo, con su prometida, la cual, cabe destacar, lo traía bien loco. Le gustaba, le atraía, pero… era imposible o ¿tal vez no?
― ¡Ja, ja!, ¡qué risa! ―repuso Vicky sacándole el dedo del medio―. Y ya dejen la habladuría y veamos quién gana, si nosotros o ustedes ―musitó Victoria con malicia.
James palmeó el vientre de Bella y se apartó de ella colocándose en la cancha. Victoria se posicionó enfrente de su cuñada y le sonrió con maldad, por su parte Edward protegía la cancha de él y la pelirroja. Un pito sonó de la nada, los chicos voltearon a ver y era el padre de James, quien también había lanzado la pelota dándole comienzo al juego y ¿quizás a otra cosa?
Isabella penetró con la mirada a Edward y luego la apartó.
¡Él es gay y es el amigo de tu prometido!, se gritó Bella sacudiendo la cabeza, mientras apartaba la mirada de aquel hombre.
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