domingo, 26 de mayo de 2013

Capítulo 4

Capítulo beteado por: Tamara
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Capítulo 4

Aran comenzó a caminar con Lucia, pero en vez de entrar al restaurant, denominado AlSuran, siguieron por la calle pasando por diferentes locales, hasta detenerse en una cafetería donde una hermosa mujer de cabello rubio; ojos color miel; y vestimenta despampanante les sonreía abiertamente a los dos.

—Aquí tienes, querido. —La melodiosa voz de la mujer salió a relucir, le tendió una caja rectangular de terciopelo a Aran, el cual se la guardó dentro de su saco. Lucia veía aquella escena extrañada. ¿Quién sería aquella mujer?

Sin siquiera Aran dirigirle una palabra a la misteriosa rubia, pasó un brazo por la cintura de Lucy y le dio la media vuelta para regresar por donde habían venido.

— ¿Por qué dejaste el auto allá, si veníamos para acá? —preguntó la pelirroja, marcando su propio andar. Derecha, izquierda, derecha, izquierda.

—Porque vamos para allá —le contestó éste, apenas mirándola.

— ¿Quién era ella? —Lucia trató de que la voz saliera normal y así fue.

—Una mujer. —La ojigrises rodó sus ojos.

—Eso ya lo sé. Lo que te quería preguntar era: ¿Quién es? ¿La conoces? ¿Cuál es su nombre? —Aran detuvo su caminar y se posicionó enfrente de ella, mirándola seriamente a los ojos.

—Creo que no nos estamos entendiendo Lucia Strong —. Ella tragó en seco al escuchar que él decía eso, pero le mantuvo la mirada.

—No te entiendo. —La joven había cruzado sus piernas, y lo miraba con una ceja arqueada.

—Ella es una mujer, simple y sencillo. Una persona, ni modo que sea un fantasma ¿no? Además, no tengo porqué estar dándote explicaciones, querida. —El hombre de ojos turquesas alargó su mano y tomó la barbilla de la chica entre sus dedos índice y pulgar—. Aclaremos los puntos de una vez, Lucia. Tú eres la persona con la que haré una fusión de empresas ¿sí? Y tal vez algo más, pero mientras eso sucede, abstente de estar pidiendo explicaciones, porque tú y yo —dijo pasando su dedo pulgar por el labio de la chica—, no somos nada. Aún. —aclaró de último, sonriendo.

Una sonrisa se instaló en los labios de Lucia, ¿así que a estas jugamos Aran? Bueno, yo también sé jugar.

—Ahora vamos a comer, ¡muero de hambre! —Lucy asintió—. Espero te guste la comida Libanesa —dijo Aran posicionándose a un lado de ella para seguir caminando, los ojos de la pelirroja brillaron de emoción.

—De hecho, es mi favorita.

Aran la observó un momento y luego negó.

Es solo una mujer más, se dijo en su mente.

Al llegar otra vez al restaurante había más fotógrafos que cuando se alejaron de allí.

—Mañana comenzarán los rumores —dijo Lucia muy bajito, a la vez que cruzaba el umbral de la puerta.

—Para mañana ya estará todo listo —le murmuró Aran en el oído, a la vez que la joven negaba imperceptiblemente con la cabeza y seguía su camino hacia el maître, el cual al ver a Aran sonrió con displicencia.

—Buenas noches Señor Fuenmayor y señorita Strong, si gustan pueden seguirme. —Dicho eso, el acompañante de Lucia la tomó por la mano y la guió hacia la parte que él había reservado hoy en la mañana.

La estancia que les había sido concedida, era apartada del resto. Una puerta los separaba del restaurante en sí, una mesa para dos estaba predispuesta para ellos, con un tocado de velas en el centro de ella, una extraña -pero agradable- melodía sonaba de fondo en esa pequeña estancia. El lugar olía a vainilla, pero era muy sútil.

Lucia dio el primer paso y entró, seguida por Aran que evaluaba su reacción, pero ella estaba acostumbrada ya a todo eso, por eso no se sorprendía.

—Toma asiento —le ordenó Aran.
Esta le sonrió suavemente, caminó unos pasos y se sentó, dejando su bolsa a un lado.

—Nos llaman cuando estén listos para pedir la orden. —Lucia se volteó hacia el maître, el cual ya estaba cerrando la puerta, dejándolos solos.

Luego de unos segundos Aran estaba sentado enfrente de Lucia, colocó sus codos sobre la mesa, entrelazó sus manos y apoyó su mentón sobre sus dedos pulgares, estrechó sus ojos y la miró. Por su parte, Lucia se encontraba perdida en aquel turquesa casi perfecto, eran de una profundidad extraordinaria.

— ¿Por qué me miras así? —inquirió Lucia removiéndose en su silla.

—Necesito evaluarte, para ver así con qué me tendré que enfrentar. —Un jadeo salió de los labios de ella y él sonrió socarronamente.

— ¿Con tan solo mirarme sabrás a qué atenerte? —preguntó Lucia un tanto incrédula.

—Una persona siempre me ha dicho que más vale una mirada, que mil palabras. Las palabras son solo eso, palabras. En cambio, una mirada es como grabarte todo de esa persona en tu mente, tu cerebro procesa lo que ve y le busca alguna imperfección, sabiendo así sus puntos débiles y sus puntos fuertes. —Ella se quedó sin decir nada, no sabía que comentar ante eso.

—Muy sabia la persona que te dijo eso —se limitó a contestar.

—Tengo hambre, no sé tú, pero ¡yo quiero comer! —Una carcajada salió de la boca de Lucia al escuchar la última parte que él había dicho, había sonado tan desesperado.

A los pocos minutos Aran daba la orden de que le trajeran aperitivos como: unas empanadillas de espinacas (fatayer); salsas; pizza con zataar y hojas de parra rellenas; seguido de un plato de pescado, acompañado con arroz y frutos secos; cerrando con un delicioso postre, denominado Kunafi, el cual consistía en una pasta dulce en forma de lazo rellena con queso blanco dulce, nueces y sirope. Y como vino un Marqués de Casa Concha Merlot 2008.

Cuando el maître volvió a salir por la puerta, Aran regresó a su posición anterior.

—Ya mi secretaria me dijo que le había hablado a la tuya, para ponernos de acuerdo con los abogados y firmar la fusión. —Aran no dijo nada. —Pienso que deberíamos hacer algo nuevo, algo que no se haya visto ya, ¿qué piensas tú?

Aran sonrió con los labios, sin mostrar sus dientes.

—Tomate un respiro Lucia Strong. Estamos cenando ¿sí? Déjame analizarte y después hablamos de la fusión, de los programas, de las insípidas secretarias, del mundo, del espacio, de lo que quieras, pero déjame observar los puntos débiles que tienes. —Él se había inclinado sobre la mesa, quedando a unos centímetros del rostro de Lucia, ésta lo miraba sin pestañear. ¿Por qué este hombre me imposibilita pensar?, se preguntó la mujer a la vez que trataba de decirle algo al despampanante hombre que la veía con ojos analíticos.

—Pero estamos aquí para ‘finiquitar’ detalles de la fusión —dijo ella encogiéndose de hombros, a la vez que apartaba sus ojos de los de él—. Tú mismo lo dijiste hace unos días —. Él le sonrió y se alejó.

—Eres inteligente, pero está bien —suspiró resignado, se reclinó de la silla y dejó un brazo extendido sobre la mesa, mientras que su otra mano recorría la copa que descansaba en un precario equilibrio, sobre esta misma—. Yo tenía pensado seguir con la misma programación que tenía antes, es decir; quitaremos unos cuantos que son muy… Quitaremos los que no traen audiencia, y si es necesario incluir otro programa lo haremos, pero lo dudo, ya que mañana tú y yo muy probablemente saldremos en primera página de todos los periódicos, dándonos un pequeño beso —antes de que Aran pudiera seguir Lucia lo interrumpió.

—Eso es tu culpa por estar robándome besos en los momentos equivocados —le dijo agarrando la copa que tenía agua, para luego llevársela a sus labios y mirar a Aran sobre esta.

—Eso es lo de menos, se tienen que ir acostumbrando a vernos juntos. —La pelirroja arqueó una ceja y dejó la copa en la mesa—. ¿Se te ha olvidado lo que te dije hace dos días atrás en tu oficina? —Inquirió él, a la vez que seguía jugando con su copa, ella negó—. Me alegro. No mentía cuando te decía que hacía todo esto solamente porque sabía que te tendría a ti. —Para satisfacción de Aran y vergüenza de Lucia, esta última dio un respingo al escucharlo.

— ¿Cómo estás tan seguro de que yo aceptaré estar junto a ti? —Le provocó ella, haciendo que Aran diera un golpe a la mesa. Lucia se quedó en su sitio, pasmada.

—No es bueno que me provoques y lo sé, solo lo sé. Ambos sabemos que si te niegas, la fusión no iría y tu empresa se iría a pique. ¿De verdad quieres eso Lucia Strong? —Ella lo miró con su corazón en la boca, nunca nadie le había hablado así. No respondió—. Te estoy haciendo una pregunta Lucia, ¿de verdad quieres eso para tu empresa? —Esta vez él lo dijo entre dientes, con la amenaza impresa en cada sílaba que salía de su boca.

—No, no lo quiero —respondió coon un hilo de voz.

—Eso mismo pensé yo. —De repente la amenaza había desaparecido y una sonrisa deslumbrante adornaba el rostro de Aran Fuenmayor.

¡Qué hombre tan raro!, pensó ella.

Se escuchó como abrían la puerta y segundo después veían como el maître entraba trayendo consigo la comida, dejó todo en la mesa y luego se marchó, otra vez.

—Adelante —le instó el hombre de ojos turquesa a la pelirroja, tomando entre sus manos una empanadilla de espinaca, se la llevó a la boca y la degustó—. Delicioso —murmuró para sí mismo. Lucia extendió su mano y tomó un pedazo de pizza con zaatar—. ¿Qué tal? —Ella lo miró a los ojos a la vez que masticaba.

—Muy bueno —admitió ella mordiendo otro pedazo de la pizza.

Así siguieron comiendo, ambos se miraban a los ojos y solo la apartaban a la hora de agarrar otro bocado. Aran había abierto la botella de vino, sirviendo un poco en la copa de Lucia y en la de él mismo, este era de un color rojo oscuro y muy sabroso al paladar.

—Mañana nos reuniremos con los abogados —le comunicó Aran a Lucy de repente, la cual cortaba un pedazo de pescado con el cuchillo y se lo llevaba a la boca con el tenedor.

— ¿Ya todo está listo? —preguntó ella una vez tragó, él asintió.

—Solo faltan nuestras firmas estampadas y todo estará en orden.

Nadie dijo nada.

Después de un largo silencio Lucia habló—: ¿Por qué haces esto, Aran? Es decir, me alegro que vayamos a hacer la fusión, pero ¿cuál es tu propósito detrás de todo ? —Él dejó sus cubiertos al lado del plato, cogió su servilleta y se limpió la boca, para luego hablar:

—Ya te lo he dicho Lucia, porque te quiero a ti, para mí. Solo para mí ¿es tan difícil de entender? —le preguntó levantándose de su silla para ir hacia donde ella estaba.

—Es un capricho —aseguró ella—. ¿Qué pasará cuando te aburras?

Aran la tomó por el antebrazo y la hizo pararse, quedando ella más o menos a su altura, pero era casi imposible, así estuviera usando tacones.

— ¿Quién te dijo que era un capricho? Y si fuera así. ¿Qué? Tú tendrás lo que quieres, la fusión y yo obtendré lo que quiero, a ti. Todos felices y contentos, ¿por qué te preocupa tanto lo que pasará? —La voz de Aran era un murmullo, hablaba muy cerca del rostro de Lucia, ella lo miraba atentamente a sus ojos.

Porque yo no quiero que esto sea un capricho, un rato, yo quiero que esto sea más. Tú me gustas, decía Lucy a gritos en su mente, pero sin gesticular nada.

— ¿Entonces? —insistió él, recorriendo con un dedo la clavícula desnuda de ella.

—Es que eso es lo que me preocupa, precisamente el ‘yo te quiero a ti’, no es como si fuera algo de amor, porque yo también te puedo querer a ti, es más bien como de posesión y eso no me gusta. Me siento como un juguete, me estás utilizando —terminó de hablar ella, el dedo de Aran bajó por su cuello y se quedó sobre la vena yugular de Lucia la cual palpitaba rápidamente.

—En todo caso, tú me usas a mí para salvar a tu cadena televisiva ¿no es eso lo mismo? —Aran ahora le hablaba al oído.

— ¡Claro que no es lo mismo! Acepto que te necesito, pero la cadena televisiva es algo material, algo de bloque y cemento, algo que en cualquier momento puede desaparecer, en cambio yo… Yo soy humana Aran, no me puedes utilizar de esa manera, ¿estás escuchando lo que dices? ¡Me estás comparado con un edificio! —La respiración de Lucia se había vuelto pesada.

—Respira que acabas de comer. Yo también soy una persona señorita Strong y no por eso usted no me está usando. Tú también puedes desaparecer en cualquier momento, los humanos somos frágiles, haciendo cualquier cosa podríamos desaparecer de este mundo. Una bala en el corazón, un veneno, una puñalada, cualquier cosa. Yo también estoy en tu lugar. Estoy siendo usado —Lucia puso los ojos en blanco, ¿de verdad esto estaba pasándole a ella?

—Aran —advirtió ella.

Él no la tomó en cuenta y prosiguió: —El hecho es que sin mí tu empresa cae en bancarrota. ¿Quién es más indispensable? ¿Tú para mí? O ¿yo para ti? Yo me puedo buscar a cualquier mujer; en cualquier sitio; a cualquier hora, pero ¿tú podrás conseguir a alguien dispuesto a hacer una fusión contigo? Bueno. Sí, si estaría dispuesto, la pregunta es: ¿tendrá el suficiente dinero? —Los ojos de Lucia escocían con las lágrimas luchando por salir, pero no lo haría.

—Ya entiendo lo que quieres decir —articuló por fin ella.

—Es muy fácil, solo tienes que aceptar el hecho de que serás mía, yo prometo no posar mis ojos en otra mujer y tú también tienes que hacer lo mismo. Soy muy celoso respecto a lo que me pertenece. Si no aceptas, no importa, para mí, tu cadena televisiva no significa nada, pero tú… —Acercó sus labios a los de Lucia—. Eres alguien a la cual quiero para mí, y en todos los sentidos. Sí, es un capricho, pero todos tenemos que hacer un sacrificio por lo que más nos importa y el tuyo será el aceptar ser mi juguete por unos instantes, no te lo pasarás tan mal —le aseguró rozando sus labios con los de ella cada vez que hablaba.

—Acepto —dijo ella

—Solo te advierto, que esto es un rato, algo ocasional, luego ya veremos qué pasará cuando me aburra de ti. —Ella asintió—. Por tu empresa no te preocupes, estará a salvo conmigo. —Sin más atacó los labios de la pelirroja, llevando una mano a la nuca de ella, y la otra a su espalda. La chica abrió más sus labios, para poder besarlo con más ímpetu y emoción. Aran por su lado degustaba el sabor del vino de los labios de ella y era una combinación exquisita.

Cogió el labio inferior de Lucia y lo mordió levemente, para luego separarse a mucho pesar. Sí, él lo admitía ella lo atraía, pero no estaba enamorado.

—Solo disfruta mientras dure, mi compañía no es tan mala ¿o sí? —Ella le sonrió al escuchar eso.

—Sí, tan mala que de seguro mañana habrá un atentado contra mí, por parte de tu club de fans —le respondió con sarcasmo.

—Marcelo estará contigo. —Ella levantó ambas cejas sorprendida.

— ¿Quién? —preguntó sin querer aceptar lo que aquellas palabras significaban.

—Marcelo, mi guardaespaldas estará contigo. Te falta mucho por conocerme, cariño. No, no te falta, nunca me conocerás en realidad. —Le sonrió malvadamente—. Ahora sigamos comiendo. —Lucia estaba de una pieza, mirándolo sin poder creer en donde se había metido.

— ¿En qué nos deja esto Aran? ¿Qué soy de ti? —dijo ella sentándose nuevamente, para coger la copa de vino y beber un poco.

—Digamos que eres alguien que me va a satisfacer a cambio de mantener a salvo su imperio. —La sonrisa de él no podía ser más grande, la tenía en sus manos y él lo sabía.

Hace unos segundos, Lucia era la soltera más codiciada de Londres y ahora era, ¿qué? Ni ella misma lo sabía. De lo que estaba segura era de que no era la novia de Aran Fuenmayor, solo era su… ¿Dama de compañía?

Sacrificarnos por lo que más nos importa en la vida, no debería ser un sacrificio. Si a la final es importante para nosotros estaríamos dispuesto a hacer lo que fuera por salvarlo, incluso condenarnos
a la infelicidad.

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