Capítulo beteado por: Tamara
Capítulo 3
Manuel se vestía de manera perezosa y Lucia lo admiraba desde la cama, enrollada en unas sábanas un tanto baratas.
— ¿Por qué te vas? —inquirió en voz baja la pelirroja.
—Te dije que si eso acababa, ya no habría más —le recordó dándose la vuelta Manu.
Ella asintió sin mucha convicción.
El hombre de ojos azules se echó la chaqueta encima y con una última mirada hacia Lucy salió de esa habitación.
—Trata de ver más allá que de una simple fachada, o tarjeta de crédito —le recomendó él cerrando de un fuerte portazo aquella puerta de madera.
La chica se hizo un ovillo en aquella pequeña estancia y respiró profundamente, luego de un tiempo indefinido, cuando ella consideró que había sido suficiente, se levantó de allí y comenzó a vestirse.
Instaló en sus labios una sonrisa fingida y salió otra vez a la discoteca, la música seguía y al llegar a la pista de baile giró su rostro varias veces para ver si lo veía, pero ya no estaba.
“Después de esto, no habrá nada más”, esa frase le vino a la mente y lo maldijo una y mil veces.
Divisó a su amiga y caminó rápidamente hacia ella, la tomó de un brazo y la arrastró fuera de aquel lugar.
—Me quiero ir —fue lo único que masculló a duras penas.
Agustina la observó brevemente y al mirar sus ojos, pudo observar lo que había visto cuando Lucia le había confesado cosas de su pasado. Dolor, tristeza, y supo que los recuerdos estaban amenazando con instalarse otra vez en la mente de la mujer que tenía justo al frente, la envolvió en su brazo y la llevó lejos de allí.
—No lo permitas. Bloquea todo eso —le decía su amiga, mientras le abría la puerta del copiloto del auto y hacía que entrara en él.
Lucy asintió y se abrazó a ella misma.
Rápidamente Agus estuvo prendiendo el motor para ir al lugar de confort de Lucia Strong.
—Aguanta —le pedía la mejor amiga de Lucy desesperadamente.
Al llegar a la gran mansión de la chica de ojos grises, Agustina la sacó del auto y la llevó dentro, una vez en la sala aquella exitosa mujer se derrumbó.
—No te permitas pensar en eso Lucia, eres fuerte, mucho más fuerte. Que no te afecte, por favor amiga. Mírame —le ordenó tomando el rostro de Lucy entre sus manos.
—Me acosté con el periodista —le confesó ésta sin saber que más decir.
— ¿Por qué él te afecta tanto? ―le increpó Agustina a la empresaria que justamente estaba de rodillas enfrente de ella.
Lucia observó a su amiga y respondió:
—Por la simple razón que me hace recordar a mí misma hace muchos años atrás y porque es el único que me ha dicho las cosas sin pelos en la lengua.
—Es solo un periodista —refutó su amiga.
—Uno con el cual me acosté, al que humillé y más encima el que esta noche me dio una lección, por su culpa todos esos malditos recuerdos están volviendo otra vez.
—No es por él que los recuerdos vienen Lucia, eres tú la que no los deja ir —le informó aquella morena a la pelirroja a la vez que frotaba su brazo buscando la manera de darle apoyo.
Lucia se permitió recordar como todo había comenzado, pero a decir verdad no tenía la suficiente fuerza de revivir ese pasado de su vida.
Después de esa vez que Alexandra le dijo todo eso, y luego de que ella se defendió, su verdadera pesadilla comenzó.
— ¡No! —gritó Lucia Strong levantándose del sofá donde estaba sentada, para continuamente subir las escaleras corriendo y encerrarse en su habitación.
Comenzó a quitarse el vestido salvajemente gritando en el proceso.
—No eres nadie, absolutamente nadie. Lo que pasó hoy fue solo un desliz, un error. No eres nada para mi Manuel de las Casas, y ojalá que un rayo te parta en este mismo instante —vocifera aquella mujer llorando a lágrima viva. —No te doy derecho a que me pongas en este estado, no tienes derecho a revolver todo en mí, solo eres uno más… eres igual que ellos —cayó sobre sus rodillas en la alfombra color roja de su habitación, los recuerdos del pasado y del presente se unían para carcomerle la cabeza como si de una termita se tratase.
“…Pobre niña”
“…¿Cómo pudiste pensar que me enamoraría de ti?”
“…Mátalo…”
“No eres nadie”
“Después de esto, no habrá nada más…”
“Trata de ver más allá que de una simple fachada, o tarjeta de crédito”
“…Se nota que todo en tu vida ha sido rápido, no has quemado etapas”
—Soy más fuerte que tú, soy más poderosa que tú, soy mejor que tú. Periodista de cuarta —murmuró con petulancia Lucia, se levantó y se dirigió al baño—. No tienes poder sobre mí, ni ahora, ni nunca —con ese pensamiento se introdujo en la ducha.
“Sí lo tiene, si no lo tuviera, no estarías en este estado”, afirmó la conciencia de la joven.
…
En el pequeño departamento de Manuel de las Casas el chico bebía cervezas en su mesa destartalada.
— ¡Maldita seas!, Lucia Strong —bebió un sorbo de aquella lata y luego pegó su frente en la mesa fuertemente.
“No puedo más”, escuchó la voz de ella en su cabeza.
“Después de esto, no habrá nada más”, rememoró su propia voz.
En ese momento recordó el cuerpo de Lucy entre sus brazos y maldijo nuevamente, era tan imperfecta que eso la hacía perfecta. Era hermosa, muy hermosa, pero en su corazón no albergaba nada bonito, solo frialdad y eso no le gustaba a él. El problema estaba en que se había metido lo suficientemente con ella, como para lograr sacársela de la cabeza, tal vez ¿amor? Probablemente no, solo atracción, algo puramente carnal.
“¿Por qué te dolió tanto cuando la escuchaste preguntarte por qué te ibas?”. Increpó la conciencia de ese hombre, y él no obtuvo respuesta alguna por parte de su cerebro para eso.
Escuchó el timbre de su departamento y muy a su pesar se posicionó de pie para abrir. ¿Quién a estas horas se le ocurriría la maravillosa idea de visitarlo?
—Hola —murmuró una voz.
— ¿Qué haces aquí? —Unos ojos color caramelo lo miraron con arrepentimiento.
— ¿Puedo pasar? —increpó aquella silueta temblando del frío.
—Pasa —dijo Manu un tanto perturbado.
Lucia había quedado en otro plano, ahora él se concentraba en lo que se interponía ante su campo de visión.
—Necesitamos hablar.
Manuel se encogió de hombros y se echó en su sofá, el único que poseía en realidad.
—Te escucho —se cruzó de brazos y frunció su ceño.
La pequeña figura delante de él comenzó hablar.
…
—Ya llegó Aran Fuenmayor.
Lucia levantó su rostro al escuchar la voz de la secretaria, sonrió un tanto nerviosa y asintió.
—Déjalo pasar —Stephania salió de la oficina y regresó con Aran, a quién se le podía describir con una sola palabra: perfección.
Ojos color turquesa, mirada penetrante, cabello oscuro, piel acaramelada, alto, musculoso y con un traje color caoba de marca Gucci.
Lucia se quedó como una tarada observándolo sin ningún pudor, un carraspeo la hizo salir de su letargo.
—Buenos días, señorita… —aquel hombre enarcó una ceja.
—Strong —completó ella por él.
—Strong —reafirmó este dando un paso sin ser invitado.
Aran miraba hacia todas partes, como inspeccionando que el lugar estuviera libres de ratas.
— ¿Para qué me mandó a llamar? —increpó un tanto déspota, sentándose en uno de los pufs.
—Me gustaría hacerle una oferta —declaró Lucy nerviosa, por alguna extraña razón.
—La escucho.
Lucia Strong después de mucho tiempo se volvía a sentir intimidada, sentía que él la podía comer en cualquier momento. Pero no obstante ella se cuadró de hombros y fue hacia aquel hombre. <<Nadie me tiene porque intimidar>>, se dijo en su mente.
Sus tacones hacían un desquiciante sonido contra aquella superficie plana, lisa y resbalosa que se extendía bajo sus pies, a la hora de ella dar los pasos que la acercarían hacia Aran.
—Seré clara y directa —comenzó ella a hablar—, quiero hacer una fusión con nuestras cadenas televisivas. —Los ojos turquesa de Aran miraron directamente a los ojos de Lucy, la cual trataba de mostrarse confiada y serena.
Hace unas semanas atrás, había comprobado que el rating de sus programas había estado disminuyendo y eso la hizo entrar en pánico. Pensando en que podía hacer para mejorar su cadena televisiva, llegó a la conclusión que la única opción era unir la suya a la de Aran Fuenmayor, el cual era el dueño de otra cadena televisiva muy prestigiosa y la cual ella admitía era la única que podía hacerle competencia a la suya.
—Ya veo —murmuró éste, pasando su dedo índice a lo largo de su barbilla—. Que fácil suena ¿no?
—Sí —admitió Lucia encogiéndose de hombros—. Muy fácil, solo reunámonos con nuestros abogados, firmamos y listo.
Aran soltó un fuerte suspiró y desabrochó dos botones de su saco, dejando al descubierto una camisa manga larga blanca, la cual hacía juego con todo lo demás. Se puso sobre sus pies y quedó parado frente a Lucia, él era un poco más alto que ella, pero no tanto.
— ¿Qué ganaría yo? —inquirió mirándola inquisitivamente.
—Más prestigio para su cadena… —no pudo terminar porque él la interrumpió con una carcajada descarada.
—Querida créeme, ya tengo bastante prestigio —un estremecimiento recorrió el cuerpo de Lucy al ver otra vez esos ojos endurecidos.
—No lo dudo, pero imagínese, usted y yo, dos personas muy exitosas, asociándonos, seríamos mejores de lo que ya somos ahora, la prensa se volvería loca viendo a dos magnates uniendo sus empresas, bueno en este caso unas cadenas televisivas; todo sería mejor para nosotros dos —explicaba con una sonrisa la señorita Strong.
—Es inteligente —admitió el ojiturquesa— pero, ¿por qué piensa usted que yo aceptaría hacer una fusión con esta cadena y no con otra? —Ella no respondió por un tiempo.
Lucia abrió su boca y al fin emitió habla: — Porque mi cadena es la más prestigiosa.
Aran arqueó una ceja y frunció sus labios antes de preguntar: — ¿Tan buena como la mía? —la respiración de él se estaba volviendo un tanto pesada.
—Mucho más, me atrevería a decir —las ínfulas de aquella mujer no tenían límites.
—Entonces no es necesaria la fusión de empresas —dictaminó Aran sonriéndole con socarronería.
Lucia se maldijo internamente, necesitaba hacer esto, porque ella sabía muy en el fondo que si no lo hacía, todo su imperio se destruiría.
— ¡Si es necesaria! —exclamó con urgencia Lucy tomándolo por el antebrazo.
—Estás desesperada querida y eso… —Aran se acercó al oído de la joven y susurró lentamente—…es debilidad.
Ella se encogió de hombros, al sentir el peso de aquellas palabras.
—Una pregunta señorita Strong —musitó el hombre y ella esperó en silencio—. Si yo aceptara la fusión de empresas y todo eso, ¿qué sería usted capaz de darme?
<< ¿Qué sería usted capaz de darme?>> esa frase la repitió una y otra vez en su cabeza tratando de entender el significado de esas palabras .
¿A qué se estaba refiriendo aquel hombre? Se preguntó Lucia, levantó su mirada y lo analizó, en ese momento fue cuando entendió todo.
—Cualquier cosa —admitió sosteniéndole la mirada.
— ¿Inclusive que eso signifique que usted esté conmigo? —ella asintió sin sopesarlo.
—Has hecho un pacto con el diablo, querida —le comentó este separándose de ella, dio media vuelta dándole la espalda—. Acepto la maldita fusión, pero solo porque te tendré para mí —se dio la vuelta, nuevamente hacia dónde estaba ella y acortó la distancia que los separaba—. Soy mejor que tú en esto, he estado cazando por años, me cazaron y perdí. Sané heridas y ahora soy el cazador —ella lo observó sin siquiera respirar ―Así que piensa muy bien si alguna vez se te pasa por esa cabeza traicionarme y/o jugarme una mala pasada, porque rápidamente te puedo destruir, solo sería necesario un chasquido de dedos ¿entendido? ―le preguntó Aran apretando su mandibula.
— ¿Es un advertencia?
—Tómalo cómo quieras —él se encogió de hombros y comenzó a caminar hacia la salida, pero antes hizo algo que dejó a Lucia con todas sus hormonas y sus nervios revolucionados. Besó sus labios brevemente y masculló entre dientes: —Llama a mi secretaria y acuerda todo con ella, te veo mañana en una cena, ya sabes… —rió descaradamente y prosiguió—: …para finiquitar detalles —le dio otro corto beso y salió definitivamente de allí, dejando a Lucia en estado de hiperventilación.
— ¡Stephania! —gritó sin poder moverse aún de donde estaba.
— ¿Dígame señorita?
—Llama a la secretaria de Aran Fuenmayor y dile que haga una junta con sus abogados y los míos, la fusión va —ella asintió, antes de irse Lucy le dijo algo más: —Por cierto, cancela todas mis citas de mañana —la secretaria volvió a asentir.
Lucia Strong lo admitía, Aran la intimidaba, pero a ella le gustaba eso, o mejor dicho le gustaba Aran.
—Dos pájaros de un tiro —dijo relamiéndose los labios, para sonreír sádicamente.
…
Al día siguiente Agustina ayudaba a su amiga para la tan esperada cena, la chica de cabello negro petróleo miraba de una manera burlona a Lucia.
—Es muy divertido verte nerviosa —comentó la morena tendiéndole los tacones, que eran sumamente altos a Lucia—, no sé por qué te pones tacos, si eres una jirafa —razonó la chica dándole ahora a Lucy un hermoso collar.
—Me hace ver más estilizada; además, una mujer sin tacones, no es mujer.
—Amo tu lema —dijo de manera irónica Agus ayudándola con el broche del collar.
— ¿Me veo bien? —preguntó Lucy acomodando un mechón de su cabello, el cual se había soltado.
— ¿Por qué estás tan nerviosa con esto, Lucia Strong? —preguntó sin rodeos aquella hermosa morena, esquivando la pregunta que le había hecho esta al principio.
— ¿Nerviosa? ¿Yo? —La chica Strong se dio la vuelta y se miró al espejo—. No estoy nerviosa, ansiosa sería la palabra correcta.
—Es casi lo mismo, así que, dime —le presionó su mejor amiga.
— ¡Es que me gusta Aran Fuenmayor! —Exclamó frustrada la joven para luego escuchar el timbre—. Llegó —dijo tomando su bolso.
—De esta no te salvas, ¡qué te vaya bien amiga! —Le deseó Agustina dándole un abrazo para dejarla ir.
Al abrir la puerta Aran estaba recostado en el marco de esta, de una manera tan relajada que hasta daban celos de solo mirarlo, al sentir que lo miraban dirigió su atención hacia aquella hermosa mujer. Sonrió maravillado.
Lucia llevaba puesto un hermoso vestido un tanto pomposo y de color hueso, era corte corazón y le llegaba por los muslos, un collar color turquesa con diamantes que hacía una extraña combinación junto con el vestido reposaba pacíficamente sobre el cuello de aquella mujer, su cabello iba cogido en un flojo moño de lado y algunos mechones rojizos caían por su rostro, su rostro estaba enmarcado por solo un poco de rímel, brillo labial y rubor, sin poder olvidar los altos tacones de color beige, que dominaba a la perfección. La joven sonrió al ver que Aran aguardaba silencio y la admiraba sin poder decir nada.
—Hola, querido —dijo esta acercándose para darle un beso en la comisura de sus labios. El nerviosismo se había esfumado y salía a relucir la Lucia que siempre era; fría, calculadora y vanidosa.
—Hola —se limitó a decir él, para tomar el mentón de la chica y darle un corto beso en los labios.
—Así se saluda, cariño —le reprendió éste tomándola de la cintura para llevarla al auto.
Al lado de Aran, Lucia parecía tranquila y confiada de sí misma, y ¿cómo no estarlo? Si la sesión que había tenido la noche anterior con su yo interior le hizo poner los pies sobre la tierra. Se había prometido no dejarse intimidar por él, hace cinco años estaba en esto, no podía permitir que alguien llegara de la nada y le alterara los sentidos por completo.
Sonrió un poco y negó superficialmente, para luego ver por donde caminaba, ya que, estaba un poco oscuro.
— ¿A dónde vamos? —preguntó la pelirroja, mientras Aran le abría la puerta del copiloto de aquel despampanante auto. Nada más y nada menos que un Bentley Hunaudieres 01.
—Si por mi fuese, a la cama directamente, pero tenemos que ser civilizados —Lucia soltó una fuerte carcajada e ingresó al auto, a los pocos minutos Aran manejaba por las avenidas de Londres.
La joven Strong vivía en un barrio muy lujoso de Londres, denominado Mayfair, este pertenecía al distrito Westminster. Años atrás cuando ella buscaba alojamiento se dijo que tenía que vivir allí, las razones eran obvias; primero: era un barrio muy lujoso y costoso; segundo: estaba repleto de embajadas, hoteles, oficinas, apartamentos, agencias de automóviles de lujo y restaurantes de prestigio; y tercero: a Lucia le encantaba vivir en zonas donde fuera todo céntrico.
En el auto Aran miraba fijamente la carretera, pero de vez en cuando desviaba su atención hacia Lucy, la cual miraba por la ventanilla del auto.
Aran, se podría definir como un machista, egocéntrico y vanidoso. Todo en su vida tenía que ser perfecto, él no estaba destinado para el fracaso, al menos no el profesional, porque en cuanto al amor se refería era un fiasco. Sí, era cierto, poseía dinero, una cadena televisiva prestigiosa y era denominado por la prensa como el devorador de mujeres, pues se la pasaba con cuanta modelo y mujer famosa se le cruzase por delante, pero solo eran ratos, nada serio. En el pasado había estado enamorado, pero eso ya no existía. Amor, esa era una palabra que no se encontraba en su vocabulario, él no la entendía y tampoco hacia nada para entenderla.
Se encontraba preocupado, pues desde que su secretaria le había dicho que tenía una cita con Lucia Strong todo había temblado en él, era cierto que no creía en nada de esas cursilerías, pero era diferente con ella, no diferente, sino más bien extraño. Desde varios años atrás él le había llevado la pista a la gran Lucia, tenía que estar preparado, la joven era un tiburón que todo lo destrozaba a su paso y era la única cadena que podía hacerle competencia a la suya, y eso para Aran era inconcebible, no podía dejar nunca que una mujer le ganase, fuese en lo que fuese, y de ser lo contrario la testosterona y el machismo acababan con su raciocinio, por esa razón había aceptado la fusión y había armado su plan. Se dice que a los amigos hay que tenerlos cerca, pero a los enemigos aún más y eso era lo que él estaba haciendo, así eso significase que tuviera que casarse y/o acostarse con aquella hermosa mujer. Se lo concedía, era hermosa, pero muy vacía por dentro, como él.
A pesar de que Aran sabía eso, la mujer lo atraía de una manera impresionante, no sabía porqué, a lo mejor eran esas largas piernas, o ese rostro de porcelana, o inclusive aquellos ojos como el metal, grises, muy grises, pero que expresaban astucia. La chica era inteligente y sabía muy bien lo que hacía, prueba de ello, como lo había saludado cuando la fue a buscar, lo estaba provocando y ¡de qué manera! Pero a ese juego podían jugar dos, y Aran era experto.
Otra cosa que inquietaba a aquel hombre, era su propio control, esa palabra era muy importante para el joven de ojos turquesa, tenía que tener todo bajo control, porque si no fuese de esa manera, hacía cosas inimaginables.
— ¿A dónde me llevas? —volvió a preguntar la chica, esta vez, mirándolo.
— ¿Por casualidad has escuchado la palabra paciencia? —inquirió un tanto déspota Aran, ella soltó una fuerte carcajada.
—Sí, la conozco, aunque vagamente. No soy muy paciente que digamos —aclaró ella llevando una mano al tablero de aquel espectacular auto, para luego recorrerlo lentamente hasta llegar al reproductor de música. Pudo localizar una canción instrumental y la dejó allí. Aran arqueó una ceja.
— ¿Te gusta la música instrumental? —Ella negó con la cabeza— ¿Por qué la escuchas entonces? —Repuso llevando la mano que descansaba sobre la palanca de cambios al muslo de la chica.
—Digamos que me lleva a otro mundo, no me gusta, pero tampoco me desagrada —Lucia reprimió el gemido que estaba por escapar de su boca al sentir la mano de Aran sobre su piel, llevó su mano a la de él y la apartó—. No querrás chocar, cariño o ¿sí? —La pelirroja cruzó sus tobillos y expuso más piel de sus esplendorosas piernas.
—Si muero acariciándote, sería feliz —el ambiente en el auto estaba comenzando a subir, y la música de fondo solo hacía que el corazón de Lucia latiera desaforadamente.
—Ya lo creo, pero soy muy joven y quiero seguir disfrutando de la vida, así que pon tus hermosos ojos sobre la carretera —Aran sonrió ante el piropo casi indirecto que Lucia le había dado. Hermosos ojos, repitió en su mente.
El viaje duró un tiempo más, y cuando Lucia se dio de cuenta estaban al frente de Sheprerd’s Market, ese sitio era reconocido en su barrio y ofrecía distinguidos bares, restaurantes y discotecas.
—Sabes qué elegir —lo halagó la chica sonriendo como niña pequeña en una dulcería, le encantaba este sitio, era su preferido.
Aran se bajó del auto sin tomarla en cuenta y comenzó a caminar hacia la entrada del lugar si ni siquiera abrirle la puerta a Lucia, ésta respiraba tratando de contenerse dentro del auto, así que ella misma bajó de él al ver que el patán que estaba frente a ella no la ayudaría a bajar de este mismo.
―Por lo menos me podrías a ver ayudado ―le dijo un tanto molesta Lucia a Aran, al llegar ésta a donde él se encontraba.
―Disculpa, pero no sabía que era tu mayordomo para abrirte la puerta y besar el suelo por donde caminas ―le respondió de manera ácida Aran.
Lucia lo miró con ganas de estrangularlo, pero no dijo nada ¿Qué podía decir?
Ambos empezaron a caminar hacia la entrada y Aran le entregó las llaves al valet parking para posterior a eso entrar con ella al restaurante.
― ¿Preparada para aceptar ser mía durante mucho, mucho tiempo?—le inquirió Aran en el oído a Lucia, quien lo miró con los ojos como platos— y sobre todo ¿para dejar todo en mis manos? ―agregó de último sonriéndole.
Lucia Strong no pudo articular palabra, ya que fue silenciada por unos dulces labios sobre los de ella, y encandilada por los flashes de algunos fotógrafos que estaban presentes allí.
¿Qué planeaba este hombre? Y ¿Qué quería decir con eso de ‘para dejar todo en mis manos’?
Sé inteligente Lucia, no te dejes engatusar. Que sea guapo, multimillonario y te moje las bragas no significa que te cegarás, le aconsejó una voz dentro de su cabeza. Lucia supo que eso no contaba, las cartas estaban echadas y Aran iba ganando la partida.
Capítulo 3
Manuel se vestía de manera perezosa y Lucia lo admiraba desde la cama, enrollada en unas sábanas un tanto baratas.
— ¿Por qué te vas? —inquirió en voz baja la pelirroja.
—Te dije que si eso acababa, ya no habría más —le recordó dándose la vuelta Manu.
Ella asintió sin mucha convicción.
El hombre de ojos azules se echó la chaqueta encima y con una última mirada hacia Lucy salió de esa habitación.
—Trata de ver más allá que de una simple fachada, o tarjeta de crédito —le recomendó él cerrando de un fuerte portazo aquella puerta de madera.
La chica se hizo un ovillo en aquella pequeña estancia y respiró profundamente, luego de un tiempo indefinido, cuando ella consideró que había sido suficiente, se levantó de allí y comenzó a vestirse.
Instaló en sus labios una sonrisa fingida y salió otra vez a la discoteca, la música seguía y al llegar a la pista de baile giró su rostro varias veces para ver si lo veía, pero ya no estaba.
“Después de esto, no habrá nada más”, esa frase le vino a la mente y lo maldijo una y mil veces.
Divisó a su amiga y caminó rápidamente hacia ella, la tomó de un brazo y la arrastró fuera de aquel lugar.
—Me quiero ir —fue lo único que masculló a duras penas.
Agustina la observó brevemente y al mirar sus ojos, pudo observar lo que había visto cuando Lucia le había confesado cosas de su pasado. Dolor, tristeza, y supo que los recuerdos estaban amenazando con instalarse otra vez en la mente de la mujer que tenía justo al frente, la envolvió en su brazo y la llevó lejos de allí.
—No lo permitas. Bloquea todo eso —le decía su amiga, mientras le abría la puerta del copiloto del auto y hacía que entrara en él.
Lucy asintió y se abrazó a ella misma.
Rápidamente Agus estuvo prendiendo el motor para ir al lugar de confort de Lucia Strong.
—Aguanta —le pedía la mejor amiga de Lucy desesperadamente.
Al llegar a la gran mansión de la chica de ojos grises, Agustina la sacó del auto y la llevó dentro, una vez en la sala aquella exitosa mujer se derrumbó.
—No te permitas pensar en eso Lucia, eres fuerte, mucho más fuerte. Que no te afecte, por favor amiga. Mírame —le ordenó tomando el rostro de Lucy entre sus manos.
—Me acosté con el periodista —le confesó ésta sin saber que más decir.
— ¿Por qué él te afecta tanto? ―le increpó Agustina a la empresaria que justamente estaba de rodillas enfrente de ella.
Lucia observó a su amiga y respondió:
—Por la simple razón que me hace recordar a mí misma hace muchos años atrás y porque es el único que me ha dicho las cosas sin pelos en la lengua.
—Es solo un periodista —refutó su amiga.
—Uno con el cual me acosté, al que humillé y más encima el que esta noche me dio una lección, por su culpa todos esos malditos recuerdos están volviendo otra vez.
—No es por él que los recuerdos vienen Lucia, eres tú la que no los deja ir —le informó aquella morena a la pelirroja a la vez que frotaba su brazo buscando la manera de darle apoyo.
Lucia se permitió recordar como todo había comenzado, pero a decir verdad no tenía la suficiente fuerza de revivir ese pasado de su vida.
Después de esa vez que Alexandra le dijo todo eso, y luego de que ella se defendió, su verdadera pesadilla comenzó.
— ¡No! —gritó Lucia Strong levantándose del sofá donde estaba sentada, para continuamente subir las escaleras corriendo y encerrarse en su habitación.
Comenzó a quitarse el vestido salvajemente gritando en el proceso.
—No eres nadie, absolutamente nadie. Lo que pasó hoy fue solo un desliz, un error. No eres nada para mi Manuel de las Casas, y ojalá que un rayo te parta en este mismo instante —vocifera aquella mujer llorando a lágrima viva. —No te doy derecho a que me pongas en este estado, no tienes derecho a revolver todo en mí, solo eres uno más… eres igual que ellos —cayó sobre sus rodillas en la alfombra color roja de su habitación, los recuerdos del pasado y del presente se unían para carcomerle la cabeza como si de una termita se tratase.
“…Pobre niña”
“…¿Cómo pudiste pensar que me enamoraría de ti?”
“…Mátalo…”
“No eres nadie”
“Después de esto, no habrá nada más…”
“Trata de ver más allá que de una simple fachada, o tarjeta de crédito”
“…Se nota que todo en tu vida ha sido rápido, no has quemado etapas”
—Soy más fuerte que tú, soy más poderosa que tú, soy mejor que tú. Periodista de cuarta —murmuró con petulancia Lucia, se levantó y se dirigió al baño—. No tienes poder sobre mí, ni ahora, ni nunca —con ese pensamiento se introdujo en la ducha.
“Sí lo tiene, si no lo tuviera, no estarías en este estado”, afirmó la conciencia de la joven.
…
En el pequeño departamento de Manuel de las Casas el chico bebía cervezas en su mesa destartalada.
— ¡Maldita seas!, Lucia Strong —bebió un sorbo de aquella lata y luego pegó su frente en la mesa fuertemente.
“No puedo más”, escuchó la voz de ella en su cabeza.
“Después de esto, no habrá nada más”, rememoró su propia voz.
En ese momento recordó el cuerpo de Lucy entre sus brazos y maldijo nuevamente, era tan imperfecta que eso la hacía perfecta. Era hermosa, muy hermosa, pero en su corazón no albergaba nada bonito, solo frialdad y eso no le gustaba a él. El problema estaba en que se había metido lo suficientemente con ella, como para lograr sacársela de la cabeza, tal vez ¿amor? Probablemente no, solo atracción, algo puramente carnal.
“¿Por qué te dolió tanto cuando la escuchaste preguntarte por qué te ibas?”. Increpó la conciencia de ese hombre, y él no obtuvo respuesta alguna por parte de su cerebro para eso.
Escuchó el timbre de su departamento y muy a su pesar se posicionó de pie para abrir. ¿Quién a estas horas se le ocurriría la maravillosa idea de visitarlo?
—Hola —murmuró una voz.
— ¿Qué haces aquí? —Unos ojos color caramelo lo miraron con arrepentimiento.
— ¿Puedo pasar? —increpó aquella silueta temblando del frío.
—Pasa —dijo Manu un tanto perturbado.
Lucia había quedado en otro plano, ahora él se concentraba en lo que se interponía ante su campo de visión.
—Necesitamos hablar.
Manuel se encogió de hombros y se echó en su sofá, el único que poseía en realidad.
—Te escucho —se cruzó de brazos y frunció su ceño.
La pequeña figura delante de él comenzó hablar.
…
—Ya llegó Aran Fuenmayor.
Lucia levantó su rostro al escuchar la voz de la secretaria, sonrió un tanto nerviosa y asintió.
—Déjalo pasar —Stephania salió de la oficina y regresó con Aran, a quién se le podía describir con una sola palabra: perfección.
Ojos color turquesa, mirada penetrante, cabello oscuro, piel acaramelada, alto, musculoso y con un traje color caoba de marca Gucci.
Lucia se quedó como una tarada observándolo sin ningún pudor, un carraspeo la hizo salir de su letargo.
—Buenos días, señorita… —aquel hombre enarcó una ceja.
—Strong —completó ella por él.
—Strong —reafirmó este dando un paso sin ser invitado.
Aran miraba hacia todas partes, como inspeccionando que el lugar estuviera libres de ratas.
— ¿Para qué me mandó a llamar? —increpó un tanto déspota, sentándose en uno de los pufs.
—Me gustaría hacerle una oferta —declaró Lucy nerviosa, por alguna extraña razón.
—La escucho.
Lucia Strong después de mucho tiempo se volvía a sentir intimidada, sentía que él la podía comer en cualquier momento. Pero no obstante ella se cuadró de hombros y fue hacia aquel hombre. <<Nadie me tiene porque intimidar>>, se dijo en su mente.
Sus tacones hacían un desquiciante sonido contra aquella superficie plana, lisa y resbalosa que se extendía bajo sus pies, a la hora de ella dar los pasos que la acercarían hacia Aran.
—Seré clara y directa —comenzó ella a hablar—, quiero hacer una fusión con nuestras cadenas televisivas. —Los ojos turquesa de Aran miraron directamente a los ojos de Lucy, la cual trataba de mostrarse confiada y serena.
Hace unas semanas atrás, había comprobado que el rating de sus programas había estado disminuyendo y eso la hizo entrar en pánico. Pensando en que podía hacer para mejorar su cadena televisiva, llegó a la conclusión que la única opción era unir la suya a la de Aran Fuenmayor, el cual era el dueño de otra cadena televisiva muy prestigiosa y la cual ella admitía era la única que podía hacerle competencia a la suya.
—Ya veo —murmuró éste, pasando su dedo índice a lo largo de su barbilla—. Que fácil suena ¿no?
—Sí —admitió Lucia encogiéndose de hombros—. Muy fácil, solo reunámonos con nuestros abogados, firmamos y listo.
Aran soltó un fuerte suspiró y desabrochó dos botones de su saco, dejando al descubierto una camisa manga larga blanca, la cual hacía juego con todo lo demás. Se puso sobre sus pies y quedó parado frente a Lucia, él era un poco más alto que ella, pero no tanto.
— ¿Qué ganaría yo? —inquirió mirándola inquisitivamente.
—Más prestigio para su cadena… —no pudo terminar porque él la interrumpió con una carcajada descarada.
—Querida créeme, ya tengo bastante prestigio —un estremecimiento recorrió el cuerpo de Lucy al ver otra vez esos ojos endurecidos.
—No lo dudo, pero imagínese, usted y yo, dos personas muy exitosas, asociándonos, seríamos mejores de lo que ya somos ahora, la prensa se volvería loca viendo a dos magnates uniendo sus empresas, bueno en este caso unas cadenas televisivas; todo sería mejor para nosotros dos —explicaba con una sonrisa la señorita Strong.
—Es inteligente —admitió el ojiturquesa— pero, ¿por qué piensa usted que yo aceptaría hacer una fusión con esta cadena y no con otra? —Ella no respondió por un tiempo.
Lucia abrió su boca y al fin emitió habla: — Porque mi cadena es la más prestigiosa.
Aran arqueó una ceja y frunció sus labios antes de preguntar: — ¿Tan buena como la mía? —la respiración de él se estaba volviendo un tanto pesada.
—Mucho más, me atrevería a decir —las ínfulas de aquella mujer no tenían límites.
—Entonces no es necesaria la fusión de empresas —dictaminó Aran sonriéndole con socarronería.
Lucia se maldijo internamente, necesitaba hacer esto, porque ella sabía muy en el fondo que si no lo hacía, todo su imperio se destruiría.
— ¡Si es necesaria! —exclamó con urgencia Lucy tomándolo por el antebrazo.
—Estás desesperada querida y eso… —Aran se acercó al oído de la joven y susurró lentamente—…es debilidad.
Ella se encogió de hombros, al sentir el peso de aquellas palabras.
—Una pregunta señorita Strong —musitó el hombre y ella esperó en silencio—. Si yo aceptara la fusión de empresas y todo eso, ¿qué sería usted capaz de darme?
<< ¿Qué sería usted capaz de darme?>> esa frase la repitió una y otra vez en su cabeza tratando de entender el significado de esas palabras .
¿A qué se estaba refiriendo aquel hombre? Se preguntó Lucia, levantó su mirada y lo analizó, en ese momento fue cuando entendió todo.
—Cualquier cosa —admitió sosteniéndole la mirada.
— ¿Inclusive que eso signifique que usted esté conmigo? —ella asintió sin sopesarlo.
—Has hecho un pacto con el diablo, querida —le comentó este separándose de ella, dio media vuelta dándole la espalda—. Acepto la maldita fusión, pero solo porque te tendré para mí —se dio la vuelta, nuevamente hacia dónde estaba ella y acortó la distancia que los separaba—. Soy mejor que tú en esto, he estado cazando por años, me cazaron y perdí. Sané heridas y ahora soy el cazador —ella lo observó sin siquiera respirar ―Así que piensa muy bien si alguna vez se te pasa por esa cabeza traicionarme y/o jugarme una mala pasada, porque rápidamente te puedo destruir, solo sería necesario un chasquido de dedos ¿entendido? ―le preguntó Aran apretando su mandibula.
— ¿Es un advertencia?
—Tómalo cómo quieras —él se encogió de hombros y comenzó a caminar hacia la salida, pero antes hizo algo que dejó a Lucia con todas sus hormonas y sus nervios revolucionados. Besó sus labios brevemente y masculló entre dientes: —Llama a mi secretaria y acuerda todo con ella, te veo mañana en una cena, ya sabes… —rió descaradamente y prosiguió—: …para finiquitar detalles —le dio otro corto beso y salió definitivamente de allí, dejando a Lucia en estado de hiperventilación.
— ¡Stephania! —gritó sin poder moverse aún de donde estaba.
— ¿Dígame señorita?
—Llama a la secretaria de Aran Fuenmayor y dile que haga una junta con sus abogados y los míos, la fusión va —ella asintió, antes de irse Lucy le dijo algo más: —Por cierto, cancela todas mis citas de mañana —la secretaria volvió a asentir.
Lucia Strong lo admitía, Aran la intimidaba, pero a ella le gustaba eso, o mejor dicho le gustaba Aran.
—Dos pájaros de un tiro —dijo relamiéndose los labios, para sonreír sádicamente.
…
Al día siguiente Agustina ayudaba a su amiga para la tan esperada cena, la chica de cabello negro petróleo miraba de una manera burlona a Lucia.
—Es muy divertido verte nerviosa —comentó la morena tendiéndole los tacones, que eran sumamente altos a Lucia—, no sé por qué te pones tacos, si eres una jirafa —razonó la chica dándole ahora a Lucy un hermoso collar.
—Me hace ver más estilizada; además, una mujer sin tacones, no es mujer.
—Amo tu lema —dijo de manera irónica Agus ayudándola con el broche del collar.
— ¿Me veo bien? —preguntó Lucy acomodando un mechón de su cabello, el cual se había soltado.
— ¿Por qué estás tan nerviosa con esto, Lucia Strong? —preguntó sin rodeos aquella hermosa morena, esquivando la pregunta que le había hecho esta al principio.
— ¿Nerviosa? ¿Yo? —La chica Strong se dio la vuelta y se miró al espejo—. No estoy nerviosa, ansiosa sería la palabra correcta.
—Es casi lo mismo, así que, dime —le presionó su mejor amiga.
— ¡Es que me gusta Aran Fuenmayor! —Exclamó frustrada la joven para luego escuchar el timbre—. Llegó —dijo tomando su bolso.
—De esta no te salvas, ¡qué te vaya bien amiga! —Le deseó Agustina dándole un abrazo para dejarla ir.
Al abrir la puerta Aran estaba recostado en el marco de esta, de una manera tan relajada que hasta daban celos de solo mirarlo, al sentir que lo miraban dirigió su atención hacia aquella hermosa mujer. Sonrió maravillado.
Lucia llevaba puesto un hermoso vestido un tanto pomposo y de color hueso, era corte corazón y le llegaba por los muslos, un collar color turquesa con diamantes que hacía una extraña combinación junto con el vestido reposaba pacíficamente sobre el cuello de aquella mujer, su cabello iba cogido en un flojo moño de lado y algunos mechones rojizos caían por su rostro, su rostro estaba enmarcado por solo un poco de rímel, brillo labial y rubor, sin poder olvidar los altos tacones de color beige, que dominaba a la perfección. La joven sonrió al ver que Aran aguardaba silencio y la admiraba sin poder decir nada.
—Hola, querido —dijo esta acercándose para darle un beso en la comisura de sus labios. El nerviosismo se había esfumado y salía a relucir la Lucia que siempre era; fría, calculadora y vanidosa.
—Hola —se limitó a decir él, para tomar el mentón de la chica y darle un corto beso en los labios.
—Así se saluda, cariño —le reprendió éste tomándola de la cintura para llevarla al auto.
Al lado de Aran, Lucia parecía tranquila y confiada de sí misma, y ¿cómo no estarlo? Si la sesión que había tenido la noche anterior con su yo interior le hizo poner los pies sobre la tierra. Se había prometido no dejarse intimidar por él, hace cinco años estaba en esto, no podía permitir que alguien llegara de la nada y le alterara los sentidos por completo.
Sonrió un poco y negó superficialmente, para luego ver por donde caminaba, ya que, estaba un poco oscuro.
— ¿A dónde vamos? —preguntó la pelirroja, mientras Aran le abría la puerta del copiloto de aquel despampanante auto. Nada más y nada menos que un Bentley Hunaudieres 01.
—Si por mi fuese, a la cama directamente, pero tenemos que ser civilizados —Lucia soltó una fuerte carcajada e ingresó al auto, a los pocos minutos Aran manejaba por las avenidas de Londres.
La joven Strong vivía en un barrio muy lujoso de Londres, denominado Mayfair, este pertenecía al distrito Westminster. Años atrás cuando ella buscaba alojamiento se dijo que tenía que vivir allí, las razones eran obvias; primero: era un barrio muy lujoso y costoso; segundo: estaba repleto de embajadas, hoteles, oficinas, apartamentos, agencias de automóviles de lujo y restaurantes de prestigio; y tercero: a Lucia le encantaba vivir en zonas donde fuera todo céntrico.
En el auto Aran miraba fijamente la carretera, pero de vez en cuando desviaba su atención hacia Lucy, la cual miraba por la ventanilla del auto.
Aran, se podría definir como un machista, egocéntrico y vanidoso. Todo en su vida tenía que ser perfecto, él no estaba destinado para el fracaso, al menos no el profesional, porque en cuanto al amor se refería era un fiasco. Sí, era cierto, poseía dinero, una cadena televisiva prestigiosa y era denominado por la prensa como el devorador de mujeres, pues se la pasaba con cuanta modelo y mujer famosa se le cruzase por delante, pero solo eran ratos, nada serio. En el pasado había estado enamorado, pero eso ya no existía. Amor, esa era una palabra que no se encontraba en su vocabulario, él no la entendía y tampoco hacia nada para entenderla.
Se encontraba preocupado, pues desde que su secretaria le había dicho que tenía una cita con Lucia Strong todo había temblado en él, era cierto que no creía en nada de esas cursilerías, pero era diferente con ella, no diferente, sino más bien extraño. Desde varios años atrás él le había llevado la pista a la gran Lucia, tenía que estar preparado, la joven era un tiburón que todo lo destrozaba a su paso y era la única cadena que podía hacerle competencia a la suya, y eso para Aran era inconcebible, no podía dejar nunca que una mujer le ganase, fuese en lo que fuese, y de ser lo contrario la testosterona y el machismo acababan con su raciocinio, por esa razón había aceptado la fusión y había armado su plan. Se dice que a los amigos hay que tenerlos cerca, pero a los enemigos aún más y eso era lo que él estaba haciendo, así eso significase que tuviera que casarse y/o acostarse con aquella hermosa mujer. Se lo concedía, era hermosa, pero muy vacía por dentro, como él.
A pesar de que Aran sabía eso, la mujer lo atraía de una manera impresionante, no sabía porqué, a lo mejor eran esas largas piernas, o ese rostro de porcelana, o inclusive aquellos ojos como el metal, grises, muy grises, pero que expresaban astucia. La chica era inteligente y sabía muy bien lo que hacía, prueba de ello, como lo había saludado cuando la fue a buscar, lo estaba provocando y ¡de qué manera! Pero a ese juego podían jugar dos, y Aran era experto.
Otra cosa que inquietaba a aquel hombre, era su propio control, esa palabra era muy importante para el joven de ojos turquesa, tenía que tener todo bajo control, porque si no fuese de esa manera, hacía cosas inimaginables.
— ¿A dónde me llevas? —volvió a preguntar la chica, esta vez, mirándolo.
— ¿Por casualidad has escuchado la palabra paciencia? —inquirió un tanto déspota Aran, ella soltó una fuerte carcajada.
—Sí, la conozco, aunque vagamente. No soy muy paciente que digamos —aclaró ella llevando una mano al tablero de aquel espectacular auto, para luego recorrerlo lentamente hasta llegar al reproductor de música. Pudo localizar una canción instrumental y la dejó allí. Aran arqueó una ceja.
— ¿Te gusta la música instrumental? —Ella negó con la cabeza— ¿Por qué la escuchas entonces? —Repuso llevando la mano que descansaba sobre la palanca de cambios al muslo de la chica.
—Digamos que me lleva a otro mundo, no me gusta, pero tampoco me desagrada —Lucia reprimió el gemido que estaba por escapar de su boca al sentir la mano de Aran sobre su piel, llevó su mano a la de él y la apartó—. No querrás chocar, cariño o ¿sí? —La pelirroja cruzó sus tobillos y expuso más piel de sus esplendorosas piernas.
—Si muero acariciándote, sería feliz —el ambiente en el auto estaba comenzando a subir, y la música de fondo solo hacía que el corazón de Lucia latiera desaforadamente.
—Ya lo creo, pero soy muy joven y quiero seguir disfrutando de la vida, así que pon tus hermosos ojos sobre la carretera —Aran sonrió ante el piropo casi indirecto que Lucia le había dado. Hermosos ojos, repitió en su mente.
El viaje duró un tiempo más, y cuando Lucia se dio de cuenta estaban al frente de Sheprerd’s Market, ese sitio era reconocido en su barrio y ofrecía distinguidos bares, restaurantes y discotecas.
—Sabes qué elegir —lo halagó la chica sonriendo como niña pequeña en una dulcería, le encantaba este sitio, era su preferido.
Aran se bajó del auto sin tomarla en cuenta y comenzó a caminar hacia la entrada del lugar si ni siquiera abrirle la puerta a Lucia, ésta respiraba tratando de contenerse dentro del auto, así que ella misma bajó de él al ver que el patán que estaba frente a ella no la ayudaría a bajar de este mismo.
―Por lo menos me podrías a ver ayudado ―le dijo un tanto molesta Lucia a Aran, al llegar ésta a donde él se encontraba.
―Disculpa, pero no sabía que era tu mayordomo para abrirte la puerta y besar el suelo por donde caminas ―le respondió de manera ácida Aran.
Lucia lo miró con ganas de estrangularlo, pero no dijo nada ¿Qué podía decir?
Ambos empezaron a caminar hacia la entrada y Aran le entregó las llaves al valet parking para posterior a eso entrar con ella al restaurante.
― ¿Preparada para aceptar ser mía durante mucho, mucho tiempo?—le inquirió Aran en el oído a Lucia, quien lo miró con los ojos como platos— y sobre todo ¿para dejar todo en mis manos? ―agregó de último sonriéndole.
Lucia Strong no pudo articular palabra, ya que fue silenciada por unos dulces labios sobre los de ella, y encandilada por los flashes de algunos fotógrafos que estaban presentes allí.
¿Qué planeaba este hombre? Y ¿Qué quería decir con eso de ‘para dejar todo en mis manos’?
Sé inteligente Lucia, no te dejes engatusar. Que sea guapo, multimillonario y te moje las bragas no significa que te cegarás, le aconsejó una voz dentro de su cabeza. Lucia supo que eso no contaba, las cartas estaban echadas y Aran iba ganando la partida.
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