miércoles, 29 de mayo de 2013

Capítulo 2

Disclaimer, los personajes son de la Señora Stephanie Meyer, la tama de mi mente retorcida y perversa.
Agradecimiento a: Yanina Barboza ¡Gracias nena, por betearme y por ayudar a una amiga!, no sabes cuánto te lo agradezco, sin ti no pudiera estar actualizando en estos momentos. Y Diiana a ti gracias igualmente, porque aunque no lo creas eres un apoyo para está historia.
Y pues ahora si ¡a leer!

Capítulo 2

El timbre sonaba en la casa de los Stegemann, donde tanto la familia de Bella como la de James estaban reunidas celebrando el compromiso de sus hijos.
Charlie, el padre de Isabella, estaba rebosante de la vida, su nena, su pequeña se casaría y en vez de ponerse triste, o arrugar su ceño, que es lo que la mayoría de los padres hace ante la noticia que su hija se va a casar, aquel hombre de bigote y cabello canoso estaba sonriente. Sonreía de manera feliz, estaba orgulloso de su hija, de que por fin encontrara el amor de una vez por todas, así que en su mano tenía una copa llena de champagne y sus piernas cruzadas de manera masculina una sobre la otra; por su parte Renée le daba besos en la mejilla a su hija, diciéndole que estaba feliz por ella, pero a la vez advirtiéndole que aún era temprano y que podía salir corriendo cuando sintiera que todo la sobrepasara, pero todo era en broma.
Francisca, una mujer de impresionantes ojos azules como los de James, con cabello rojo como el fuego, sonreía a su hijo con cariño diciéndose a sí misma por dentro que ya su pequeño, que antes jugaba con aviones y trenes de plástico, construiría su hogar dentro de poco, más pronto de lo que a ella misma le hacía gracia; pero así era la vida. El ciclo de la vida consistía en eso.
Ahora, James en vez de jugar con juguetes, jugaría a ser el hombre de la casa, el padre de unos maravillosos niños cuando los tuviera y jugaría a ser el esposo ideal.
Sebastián, quien mantenía sentada en sus piernas a Victoria, la cual era muy consentida por él, observaba a Bella, quien era como una hija para él, a la vez que acariciaba los mechones rojizos desenfrenados de Vicky, como él y casi todo el mundo le decía a la pelirroja.
Ya había pasado una semana desde que James les había dado la noticia a su familia y a la de Bella, y todo había salido incluso mucho mejor a como la pareja imaginó.
No gritos de reproche. No miradas de recelo. No preguntas vergonzosas. Solo muchas felicitaciones y risas de júbilo por la futura unión matrimonial que se llevaría a cabo.
― ¡Mamá, me avergüenzas! ―chilló Bella peinándose el cabello, que su madre había despeinado, con sus manos, pero el intento era en vano.
―Déjala, Bella, tiene que aprovechar a su beba ahora que puede, luego mi hermanito ni te dejará ver por estos lares ―casi le gritó Victoria, riéndose a sus costillas y la castaña la fulminó con la mirada.
―Sobrinos ―dictaminó Bella sacándole la lengua a su cuñada―. No se me olvida.
Victoria sonríe con más ganas y dice―: Usted cásese, diga sí acepto y yo digo estoy embarazada.
Todos los presentes rieron ante eso.
―El único hijo que podrías llegar a tener tú, Vicky, sería tu IPhone ―repuso su madre picándola y Victoria rodó los ojos.
―Me ofendes, madre ―admitió ella tocándose donde se suponía que estaba su corazón y James rodó los ojos levantándose de donde estaba para ir a rescatar a su novia.
Renée dejó ir a su hija de sus garras y se acercó a su esposo dándole un pequeño beso en los labios.
Charlie entrelazó sus dedos con los de su mujer y sonrió, no podía hacer otra cosa, estaba exultante de felicidad.
Eran unos padres extraños, a decir verdad.
― ¿Abril? ¿En serio? ―preguntó Bella a James refiriéndose a la fecha de su boda, apenas era Enero.
―Sí, ¿algún problema? ―inquirió el rubio pasando sus manos por la cintura de su novia para pegarla más a él, todos los veían emocionados, ellos estaban realmente enamorados. Isabella negó y él sonrió para decir―: Entonces le tendré que decir a Edward ―explicó James dejando un beso en la frente de la joven.
― ¿El que está en Inglaterra? ―indagó ella acariciando la nuca de él.
―Sí, ese mismo ―afirmó el rubio dándole un beso en los labios, para luego escuchar un "awww" colectivo; cosa que, por supuesto, hizo sonreír a Bella sobre los labios de su prometido.
― ¡El timbre suena! ―exclamó Vicky rompiendo aquella burbuja de los novios. En realidad el timbre venía sonando desde hace rato, pero ellos solamente lo habían podido escuchar ahora―. Yo abro ―dijo ella saltando de las piernas de su padre, en un traje de baño muy… revelador, en conjunto con un pareo y gafas de sol. Estaban en una barbacoa.
― ¿Quién será? ―preguntó Bella en voz baja, sentándose en las piernas de James, este le acariciaba la espalda y negaba como diciendo "ni idea, nena".
Por su parte Victoria iba tatareando una canción en voz alta, mientras caminaba hacia la puerta de la entrada de su casa y cuando abrió soltó un grito agudo, sonriendo emocionada por quién era.
― ¡Edward! ―chilló guindándose de aquel hombre que en su adolescencia la tenía bien revolucionada, pero que ahora lo veía como un hermano. La pelirroja impactó contra aquel chico muy bien parecido, guindándose del cuello y anudando sus largas y cremosas piernas en la cintura de Edward, este sonrió abrazándola con cariño.
Victoria era la mayor de ellos tres, pero parecía la menor. Era muy niña para algunas cosas y muy mujer para otras, ya se imaginarán.
―Hola, pelirroja ―dijo Edward dándole un beso en el cuello, ella se separó de él y le plantó un beso en la boca. Ese era su saludo, era algo casto y puro, nada del otro mundo y lo venían haciendo desde que el mundo era mundo, literalmente.
― ¡Pero hombre!, si no tuviera ya a mi amado, me acostaría contigo ―soltó sin filtros en la lengua Vicky, sonriéndole con ganas.
Edward soltó una carcajada al escuchar eso, era típico de ella.
―Escuché por allí que mi amigo se casa, tengo que venir a ofrecerle apoyo moral ―explicó Edward caminando, aún con Victoria guindando de él, hacia la casa.
―Pues llegaste a buena hora, justamente hoy estamos celebrando su compromiso con Bella, están en el patio ―dijo ella sin bajarse, era muy cómodo estar allí.
―Creo que si te bajas, puedo caminar más rápido ―admitió Edward sonriéndole con maldad a la pelirroja.
― ¿Cómo hiciste con el trabajo? ¿Dejaste todo botado solo por venir acá? ―preguntó ella, ignorando lo que Edward le había pedido con anterioridad.
―Vacaciones ―musitó Edward.
La pelirroja asintió, pensativa.
Mientras que en el patio Bella se levantaba de su cómodo lugar, cabe decir, y anunciaba que iba a la cocina, su novio asintió y le dio una nalgada juguetona para que fuera, James se quedó solo con sus padres y los de Bella hablando de cosas triviales.
Isabella tenía la idea de ir a la cocina a buscar más bocadillos, pero luego recordó que Victoria no había regresado de ir a abrir la puerta y fue a ver qué le había sucedido, pero nunca imaginó encontrarse con aquella imagen...
Victoria, literalmente, guindaba del cuerpo de un hombre alto, musculoso, con cabello color cobre, ojos color verde como el jade y mirada penetrante, como si fuera lo más normal del mundo y como si ella no tuviera ya un novio/marido al cual guardarle fidelidad.
―Victoria ―susurró ella con la boca abierta, llegándole casi al suelo.
La pelirroja escuchó el susurro de su cuñada y giró su cabeza para observarla con una sonrisa en su boca, como si no estuviera haciendo algo… que no debería estar haciendo con ese hombre, el cual Bella no conocía.
―Ah, Bella, te presento a… ―Vicky se calló ipso facto y decidió jugarle una broma a su cuñada, se removió en los brazos de Edward quien se preguntaba quién demonios era aquella castaña despampanante, prometiéndose que si no tenía dueño sería de él y si tenía lo lamentaba por quien fuera. A la final Victoria se bajó de los brazos de Edward y lo tomó de la mano arrastrando al mejor amigo de su hermano con ella―. Este es Edward, el mejor amigo de James… y mi mejor amigo… ―dijo ella dejando todo a suspenso, Bella arqueó una ceja a modo de pregunta―… gay ―dijo sonriendo con malicia y Edward estaba que tomaba a la pelirroja y la ahorcaba allí mismo con sus propias manos. Había arruinado sus planes de conquista.
― ¿Eres gay? ―preguntó Bella sorprendida, pensando, a la vez que miraba a Edward sin ningún pudor, que era un gran desperdicio. El chico estaba bien bueno y ella completamente comprometida, pero no ciega.
―Edward, ella es la novia y futura esposa de mi hermano, Isabella Swan ―dijo como si nada la pelirroja, mirando la reacción de ambos, y Edward se sintió el ser más asqueroso sobre la faz de la Tierra al ver de manera poco debida a la que sería la esposa de su hermano.
Esto será interesante a partir de ahora, dijeron Bella y Edward en sus mentes sin saber muy bien por qué.

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