Capítulo beteado por:Tamara
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Capítulo 2
1 AÑO DESPUES:
— ¡Estás jodida! —Le gritó Agustina desde una parte de la Discoteca a su amiga. Lucia mantenía una copa de margarita en su mano y bebía de ella como si fuera agua.
—Lo sé —le respondió de vuelta, mientras reía como una desquiciada.
Estaba viviendo su vida al máximo de lo que podía. Estaba haciendo lo que en todo su pre-adolescencia y adolescencia había querido hacer y eso era: disfrutar. Sin escatimar en ningún gasto.
Había perdido la cuenta de cuantas margaritas y champagne llevaba compradas. Solo pedía la botella y pagaba una muy buena suma por ellas.
En estos momentos Lucia se encontraba bailando con un extraño. No conocía al chico que pasaba sus manos de manera avariciosa por su cuerpo, tampoco sabía quién era con el que se había besado minutos atrás, lo cierto era que se la estaba pasando bomba.
La música, los tragos, las botellas y la ignorancia seguían creciendo en ella. El nivel del alcohol y estupidez era increíble en su cuerpo y cerebro.
—Ya vengo, Adolfo —avisó Lucy al chico, el cual hizo un puchero al no tenerla cerca.
La joven de 24 años -recién cumplidos-, caminaba de manera desequilibrada, con unos tacones de 20 centímetros más 5 de plataforma, que eran de un color dorado y brillaban con cada movimiento, uniéndoles a esto las luces de la Discoteca, parecía un diamante, pero uno en bruto. El vestido que acompañaba aquellos zapatos era de un color rojo pasión, sencillo, pero que la hacía ver demasiado sensual hasta para su propio bien. Era de un hombro y embotellado sumamente pegado a las pocas -pero peligrosas- curvas que aquella pelirroja poseía y este le llegaba a la altura de los muslos.
Lucia Strong se dirigía al baño, ¿para qué? Ni ella misma sabía, pero se dirigía hacia aquel sagrado lugar para las mujeres.
Las copas estaban haciendo efecto, en realidad, habían comenzado hacer efecto desde la segunda botella de champagne. Agustina le había advertido que no bebiera tanto, pero ella se zafó con un simple “estoy cumpliendo 24 años hoy, así que, déjame disfrutar de la puta noche”. Con eso su amiga se había quedado en silencio y había asentido no tan convencida.
Ahora en estos momentos Lucia se maldecía una y otra vez por no haberle hecho caso, la cabeza le daba vueltas y sentía que en cualquier momento se iba a quedar sin ella.
Al entrar al baño, el cual estaba atestado de mujeres, se visualizó en el gran espejo que se encontraba en aquel espacio divido en 20 cubículos distintos, su reflejo mostraba lo que ella siempre había querido: una mujer exitosa, con más dinero que un banco y feliz con lo que había alcanzado.
Se acercó al espejo y posicionó delante de ella un pequeño bolso que cargaba consigo, en donde solamente llevaba su móvil y maquillaje, aparte de las tarjetas de crédito.
Retocó su perfecto maquillaje y se aplicó un poco de brillo labial, sonrió de manera estúpida al darse de cuenta que era de la nueva colección de Cover Girl, ¿Quién lo diría? Ella usando un brillo de esa marca tan famosa, pensaba de manera irónica. Agitó su cabeza desterrando esa idea y siguió en lo que estaba haciendo; una vez terminada su labor de “arreglar a la perfecta Lucia Strong”, salió del baño y ahora caminaba rumbo hacia la barra. Al llegar se sentó en una banca y le pidió al bartender otra Margarita, este sonrió y se la comenzó a preparar. La música sonaba a más no poder, el bullicio y el ambiente cargado de emoción se hacía notar, ella viró su rostro hacia la derecha y se encontró con él. Era el periodista que la había entrevistado hace un año, el mismo que por primera vez desde hace mucho tiempo la había acallado con sus palabras, era el mismo por el cual dentro de una semana haría una fusión con otra cadena televisiva, era el mismo por lo que hace un año había perdido un poco de su confianza en sí misma.
—Pero mira a quien tenemos aquí —canturreó de manera divertida cruzando sus tobillos e irguiéndose en aquella banca.
El chico al escuchar aquella voz ladeó su rostro y enfocó su mirada en aquellos ojos grises como el metal.
—No esta noche —susurró mirando al cielo.
— ¿Cómo estás reportero de quinta? —Susurró a manera de diversión mientras se apartaba un rizo de su rostro.
—No tan borracho como usted Lucia Strong, le aseguro que esto sería una bomba mañana en los periódicos y revistas —respondió con voz cansada.
— ¿Yo? ¿Borracha? —Balbuceó aquella mujer que recién cumplía 24 años de edad.
—No, yo —Manuel se quedó viendo a aquella mujer y negó con pesar. Ha pasado un año, se dijo para sí mismo, y aún sigue siendo tan presumida y arrogante.
—Veo que los monos se están vistiendo de seda —murmuró Lucia acercándose para acariciarle una chaqueta de Dolce & Gabanna que el muchacho traía puesta, este rodó los ojos— ¿Pero sabes qué? —Lucia se había acercado y le hablaba al oído. El olor a alcohol inundó las fosas nasales de Manuel, el cual estaba inmóvil— hay un dicho que dice “mono que se viste de seda, mono se queda” —en eso llegó el bartender con la margarita— gracias querido —dijo efusiva Lucia para levantarse y reunirse con su amiga en la pista.
— ¡Que mujer! Solo así borracha la puedo ver en todo su esplendor —comentó el joven que le había dado la margarita.
—Otro Wisky y doble, por favor —pidió De las Casas de mal humor.
— ¿Despecho? —Preguntó el que lo atendía dejando delante de Manuel la bebida.
—Algo —este se encogió de hombros.
— ¡Oh amigo! Este es el peor error que pudiste haber cometido en tu esplendorosa vida. Despechado y bebiendo —exclamó con horror el bartender ahogándose en su risa— el alcohol, más un corazón roto no hacen buenas migas —aseguró este para darse la vuelta y dejarlo completamente solo.
Manuel se dio la vuelta en la banca, a manera de que su espalda estaba recostada de la barra de bebidas y su cuerpo de frente a la pista de baile donde una muy excitada Lucia bailaba al compás de la música.
Veía como su cuerpo serpenteaba tratando de huir de las manos de su acompañante y ya los 10 tragos de Wisky que traía encima comenzaban a jugarle una mala pasada. Se imaginó por unos instantes a aquella mujer entre sus manos y jadeó al sentir como el deseo recorría su cuerpo.
Se terminó de beber lo que había en el vaso y se levantó decidido hacia la pista de baile. Llegó donde estaba ella y la tomó de un brazo para comenzar a bailar. Lucia lo miró y sonrió con cierto desprecio, pero no por eso había dejado de bailar, al contrario se había apegado más al cuerpo de Manuel y sus manos paseaban por el cuello de este.
—Soy mono, pero puedes bailar conmigo —se burló aquel hombre de ojos color azul intenso.
—Es bueno divertirse con los demás, así eso signifique rebajarse —una mueca surcó el rostro de Manuel y esta al mirarlo una pequeña pizca de compasión se alojó en su corazón, pero rápidamente fue sacada de allí.
— ¿Estás segura que no hay ningún paparazzi loco por allí fotografiando lo desatada que estás esta noche? —Las manos de él, apresaron la pequeña cintura de aquella pelirroja.
—Pagué muy bien —dijo esta dándose la vuelta, de manera que la espalda de ella quedaba pegada al torso de Manu, rozándolo, haciendo fricción y causando que aquel hombre se entusiasmara con aquella situación.
—El dinero no lo compra todo —le recordó.
—Tienes razón —admitió ella— no lo compra, pero si calla.
Él no respondió, nada, solo se limitó a guiarla en sus movimientos.
—Para ser un pobre… —no pudo continuar porque Manuel la había tomado fuertemente de sus brazos y la había girado, para que su rostro quedara a escasos centímetros de los de él, y poder atacar aquellos labios pintados de un brillo atrayente, de manera feroz. Allí, en ese beso, descargaba su impotencia, su rabia y su despecho.
Mordía, lamía y succionaba rápidamente los labios de la chica. Era un beso desesperado, por parte de ambos, no solo por parte de él.
— ¿Te podrías callar solo por una maldita vez en tu vida? —Inquirió molesto, ella lo miró con los ojos como platos y no dijo nada.
Manuel la tomó de un brazo y la sacó de la pista de baile para entrar a una zona de la discoteca que eran solamente habitaciones, abrió una y estaba ocupada, la cerró al instante. La otra estaba igual. Cuando se iba a dar por vencido encontró una.
La introdujo a la habitación, la cual tenía luces brillantes, y la recostó sobre la cama, mientras que él cerraba la puerta a sus espaldas y cerraba con seguro.
— ¿Qué haces? —Preguntó Lucia. Manuel se quitaba la chaqueta y la lanzaba a alguna parte de la habitación.
— ¿Qué crees tú que estoy haciendo? —Las manos de aquel hombre fueron a su camisa y se la quitó por la cabeza, mientras daba dos pasos y se arrodillaba en frente de la cama, observó un momento a Lucia y negó con la cabeza— después de esto veremos, si me seguirás llamando “mono” —guio una mano hacia el cuello de la chica y la atrajo hacia sus labios, estos se reunieron allí de una manera un tanto descoordinada, pero el raciocinio se había ido de la mente de Manuel, desde hace mucho, podría decirse desde que la vio a ella por primera vez.
La otra mano la había apoyado en el colchón y se había impulsado con ella para arrastrar a la pelirroja que se quitaba los tacones desesperadamente.
Se separó un poco de aquella mujer y la miró a los ojos, ella estaba emocionada y su mirada era de lujuria y pasión, pero también de repulsión.
Las manos de Manuel fueron a parar a la espalda de Lucia para bajar el cierre del vestido, la chica arqueó la espalda para facilitarle el trabajo, se estaba entregando sin rechistar.
Este deslizó el vestido por el cuerpo de ella y se detuvo al ver que ella no cargaba nada debajo. Al principio se preguntó: ¿Qué estoy haciendo? Pero las palabras de Lucia inundaron su cabeza y se olvidó de su compasión hacia ella.
De manera salvaje se dio la vuelta y quedó con ella encima.
Las manos de Lucia bajaron por el pecho -que no era la gran cosa- de Manuel y sonrió lascivamente.
Aquel hombre se apoyó de sus tobillos y se levantó para quitarse los pantalones, liberando así su erección.
— ¿Con esa cosa me darás placer? —Preguntó Lucia con sorna, mientras veía su masculinidad, la cual no era la gran cosa.
— ¿Nunca te han dicho que lo mejor viene en frasco pequeño? Además, no importa la envoltura sino el sabor —una sonrisa estalló en la boca de él y Lucia gimió al sentir como rosaba con su intimidad.
Rápidamente, sin ninguna contemplación Manuel se introdujo en la joven, fuerte y toscamente.
—Espera —pidió Lucia, cerrando los ojos, respiró profundamente mientras daba oportunidad a que su cuerpo se acostumbrara.
— ¡No me jodas Lucia! ¿Eras virgen? —Preguntó horrorizado, ella sonrió con disculpa— No, no, no, ¿Por qué no me dijiste? —Inquirió este tratando de salirse de ella, pero Lucy no se lo permitió.
— ¡Cálmate! No era virgen, solo que hace como un año que no tengo actividad —Manuel se relajó y asintió.
— ¿Quieres seguir? —Preguntó besando el hombro de la chica.
— ¿Dónde está la fiera que entró en mí sin importarle nada? —La mirada de Lucia estaba un poco distorsionada por el placer y de repente comenzó a cabalgarlo, haciendo que en el acto sus pechos subieran y bajaran con cada cabalgada.
—Acaba de regresar —le aseguró tomándola de la cadera, haciendo que sus movimientos se paralizaran— espera, haremos esto a mi manera querida, no a la tuya— le comentó con una sonrisa de burla, a la vez que comenzaba nuevamente con el movimiento, pero esta vez más lento.
Las manos de Lucy estaban en sus hombros y con sus uñas pintadas de un color negro petróleo, arañaba la piel de su –por ahora- amante. En cambio, las manos de Manuel seguían en su cadera y ahora había comenzado una danza un poco más rápida, las rodillas de la chica estaban hundidas en el colchón y con ellas se impulsaba para luego sentir la invasión dentro de sí.
La cabeza de ella estaba echada hacia atrás, y el chico aprovecho eso para besarle el cuello y marcarla.
—Mírame —le ordenó subiendo una mano para retorcerla en el cabello pelirrojo de ella, obligándola así a hacerlo— di conmigo estas palabras —le ordenó—: no despreciaré más a las personas —musitó Manuel utilizando su fuerza de voluntad para no gemir ante las sensaciones que lo invadían.
Lucia era incapaz de emitir alguna palabra de su boca que no fuesen gemidos y jadeos.
— ¡Dilo! —Ordenó nuevamente Manuel, paralizándose por debajo de ella.
—Mierda, ¡No pares! —Le gritó esta tratando de moverse para volver a sentirlo dentro de sí, pero él estaba quieto y la mantenía a ella igual.
—Repite conmigo “No despreciaré más a las personas” —le repitió como un mantra aquel hombre.
Ella respiraba de manera desenfrenada y lo miraba a los ojos de manera suplicante.
—Por favor —pidió ella llevando una mano a la unión, pero este se la negó.
—Niña mala —regaño tomándola de la muñeca para apresar esta— repite conmigo “No despreciaré más a las personas”, no es tan difícil —se burló mordiendo uno de los labios de la chica. Él sentía como estaba por explotar dentro de ella, pero se tenía que aguantar, era verdad que no tenía el más grande, pero…
—No…despreciaré —farfullaba ella removiéndose para sentirlo— más…a las…personas —terminó por decir.
— ¿Ves? No era tan difícil —luego de decir eso, él comenzó a moverse nuevamente, pero de una manera tan lenta, que la enloquecía por completo. Ella quería que fuera rápido, salvaje, tosco, caníbal. No dulce, parsimonioso y lento.
—Más —pidió ella enterrando las uñas en la clavícula del chico, descansó su cabeza en el hombro de este y respiraba fuertemente.
—Más —repitió el chico— todos necesitamos más —acordó con ella— pero yo quiero menos —sonrió sin ganas y siguió moviéndose.
Lucia levantó su cabeza y lo miró a los ojos— te necesito, por favor. Más —suplicó de manera lastimera, mientras sentía como la sensación crecía en su bajo vientre.
—Se nota que todo en tu vida ha sido rápido y no has quemado etapas —le susurró este en el oído separando su cabello del pegajoso cuello.
—Te lo suplico —masculló esta entre sus labios, para luego besarlos de manera rápida. Pero Manuel la tomó del cuello, el cual estaba sudado, y aminoró aquel beso lleno de desesperación. La besó de manera lenta, parsimoniosa, disfrutando de aquel beso, los labios de la chica lo seguían, eso era lo único que podía hacer.
—Por una vez ve lento, las sensaciones son más placenteras así —le aseguró este tomando el labio inferior de la chica.
Ella se relajó en sus brazos y dejó que la guiara, un gemido escapó de sus labios, pero fue acallado por un beso de parte de Manuel, el cual tocaba la comisura de los labios de chica para luego besarlos.
Lucia se mecía ayudándolo a llevar el ritmo. Bajó una mano al pecho de él y fue impulsándose, tenía la necesidad de ir más rápido, pero las palabras de Manuel la detuvieron.
—Déjate llevar —le aconsejó bajando un dedo por los senos de la joven.
—Eso hago —le recordó esta, mordiendo el cuello de su amante.
Los movimientos seguían y Manuel se trataba de concentrar para no perder el control sobre él, necesitaba demostrarle a Lucia que no todo era rápido y que las cosas lentas estaban bien, también le quería demostrar que no todo siempre es perfecto.
—Manuel —gimió Lucy cerrando sus ojos con fuerza, sus paredes se estaban contrayendo y el movimiento tan lento de él la hacía apretarse cada vez más, anticipando el final de todo esto.
—Joder Lucia, no me aprietes tanto —regañó este soltando el aire de golpe, ya no falta mucho para que los dos llegaran al clímax.
—No tengo la culpa —se defendió ella buscando los labios de él, pero no los besó, solo los mantuvo semi-unidos, el aire de la respiración forzosa de él chocaba contra el rostro de ella.
—Lento es mejor —concordó ella dejándose ir al sentir que ya no podía más.
—Aun no, maldita sea Lucia, alarga esto más—le pidió Manuel besándole los labios y deteniéndose para no seguir estimulándola.
La tomó de la espalda y pegó su pecho al de la chica.
—No puedo, necesito… —siseó entre dientes.
—Yo también lo necesito, pero si llegamos hasta el fin, esto es todo lo que haremos. No habrá más —le advirtió Manuel mirándola a los ojos, mientras tomaba la mandíbula de la chica y la sostenía fuertemente. La pobre se estaba derrumbando encima de él.
—No puedo —concluyó la chica revolviéndose.
—Tú lo decidiste —murmuró él moviéndose, porque aunque lo negara también necesitaba liberarse, sentía que iba a explotar en cualquier momento. Pero por otra parte, no la quería dejar ir, porque él sabía que después de esto no habría nada, y ¡maldita sea! Algo dentro de él le gritaba cosas sobre ella. Pero no. No podía, ella era Lucia Strong y él Manuel de las Casas, dos polos totalmente opuestos.
—Bésame —imploró Lucy apoyándose más del pecho de Manu.
Este lo hizo y con eso, todo terminó.
Todo en la vida tiene un porqué, una causa y la causa una acción, la acción una consecuencia y esa consecuencia a veces es mala u otras puede ser buena, todo depende de la acción que hayamos ejecutado.
Siempre esperamos que las consecuencias sean buenas, pero cuando no son así, ¿Qué hacemos? Muchos se lamentan y otros se resignan.
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Capítulo 2
1 AÑO DESPUES:
— ¡Estás jodida! —Le gritó Agustina desde una parte de la Discoteca a su amiga. Lucia mantenía una copa de margarita en su mano y bebía de ella como si fuera agua.
—Lo sé —le respondió de vuelta, mientras reía como una desquiciada.
Estaba viviendo su vida al máximo de lo que podía. Estaba haciendo lo que en todo su pre-adolescencia y adolescencia había querido hacer y eso era: disfrutar. Sin escatimar en ningún gasto.
Había perdido la cuenta de cuantas margaritas y champagne llevaba compradas. Solo pedía la botella y pagaba una muy buena suma por ellas.
En estos momentos Lucia se encontraba bailando con un extraño. No conocía al chico que pasaba sus manos de manera avariciosa por su cuerpo, tampoco sabía quién era con el que se había besado minutos atrás, lo cierto era que se la estaba pasando bomba.
La música, los tragos, las botellas y la ignorancia seguían creciendo en ella. El nivel del alcohol y estupidez era increíble en su cuerpo y cerebro.
—Ya vengo, Adolfo —avisó Lucy al chico, el cual hizo un puchero al no tenerla cerca.
La joven de 24 años -recién cumplidos-, caminaba de manera desequilibrada, con unos tacones de 20 centímetros más 5 de plataforma, que eran de un color dorado y brillaban con cada movimiento, uniéndoles a esto las luces de la Discoteca, parecía un diamante, pero uno en bruto. El vestido que acompañaba aquellos zapatos era de un color rojo pasión, sencillo, pero que la hacía ver demasiado sensual hasta para su propio bien. Era de un hombro y embotellado sumamente pegado a las pocas -pero peligrosas- curvas que aquella pelirroja poseía y este le llegaba a la altura de los muslos.
Lucia Strong se dirigía al baño, ¿para qué? Ni ella misma sabía, pero se dirigía hacia aquel sagrado lugar para las mujeres.
Las copas estaban haciendo efecto, en realidad, habían comenzado hacer efecto desde la segunda botella de champagne. Agustina le había advertido que no bebiera tanto, pero ella se zafó con un simple “estoy cumpliendo 24 años hoy, así que, déjame disfrutar de la puta noche”. Con eso su amiga se había quedado en silencio y había asentido no tan convencida.
Ahora en estos momentos Lucia se maldecía una y otra vez por no haberle hecho caso, la cabeza le daba vueltas y sentía que en cualquier momento se iba a quedar sin ella.
Al entrar al baño, el cual estaba atestado de mujeres, se visualizó en el gran espejo que se encontraba en aquel espacio divido en 20 cubículos distintos, su reflejo mostraba lo que ella siempre había querido: una mujer exitosa, con más dinero que un banco y feliz con lo que había alcanzado.
Se acercó al espejo y posicionó delante de ella un pequeño bolso que cargaba consigo, en donde solamente llevaba su móvil y maquillaje, aparte de las tarjetas de crédito.
Retocó su perfecto maquillaje y se aplicó un poco de brillo labial, sonrió de manera estúpida al darse de cuenta que era de la nueva colección de Cover Girl, ¿Quién lo diría? Ella usando un brillo de esa marca tan famosa, pensaba de manera irónica. Agitó su cabeza desterrando esa idea y siguió en lo que estaba haciendo; una vez terminada su labor de “arreglar a la perfecta Lucia Strong”, salió del baño y ahora caminaba rumbo hacia la barra. Al llegar se sentó en una banca y le pidió al bartender otra Margarita, este sonrió y se la comenzó a preparar. La música sonaba a más no poder, el bullicio y el ambiente cargado de emoción se hacía notar, ella viró su rostro hacia la derecha y se encontró con él. Era el periodista que la había entrevistado hace un año, el mismo que por primera vez desde hace mucho tiempo la había acallado con sus palabras, era el mismo por el cual dentro de una semana haría una fusión con otra cadena televisiva, era el mismo por lo que hace un año había perdido un poco de su confianza en sí misma.
—Pero mira a quien tenemos aquí —canturreó de manera divertida cruzando sus tobillos e irguiéndose en aquella banca.
El chico al escuchar aquella voz ladeó su rostro y enfocó su mirada en aquellos ojos grises como el metal.
—No esta noche —susurró mirando al cielo.
— ¿Cómo estás reportero de quinta? —Susurró a manera de diversión mientras se apartaba un rizo de su rostro.
—No tan borracho como usted Lucia Strong, le aseguro que esto sería una bomba mañana en los periódicos y revistas —respondió con voz cansada.
— ¿Yo? ¿Borracha? —Balbuceó aquella mujer que recién cumplía 24 años de edad.
—No, yo —Manuel se quedó viendo a aquella mujer y negó con pesar. Ha pasado un año, se dijo para sí mismo, y aún sigue siendo tan presumida y arrogante.
—Veo que los monos se están vistiendo de seda —murmuró Lucia acercándose para acariciarle una chaqueta de Dolce & Gabanna que el muchacho traía puesta, este rodó los ojos— ¿Pero sabes qué? —Lucia se había acercado y le hablaba al oído. El olor a alcohol inundó las fosas nasales de Manuel, el cual estaba inmóvil— hay un dicho que dice “mono que se viste de seda, mono se queda” —en eso llegó el bartender con la margarita— gracias querido —dijo efusiva Lucia para levantarse y reunirse con su amiga en la pista.
— ¡Que mujer! Solo así borracha la puedo ver en todo su esplendor —comentó el joven que le había dado la margarita.
—Otro Wisky y doble, por favor —pidió De las Casas de mal humor.
— ¿Despecho? —Preguntó el que lo atendía dejando delante de Manuel la bebida.
—Algo —este se encogió de hombros.
— ¡Oh amigo! Este es el peor error que pudiste haber cometido en tu esplendorosa vida. Despechado y bebiendo —exclamó con horror el bartender ahogándose en su risa— el alcohol, más un corazón roto no hacen buenas migas —aseguró este para darse la vuelta y dejarlo completamente solo.
Manuel se dio la vuelta en la banca, a manera de que su espalda estaba recostada de la barra de bebidas y su cuerpo de frente a la pista de baile donde una muy excitada Lucia bailaba al compás de la música.
Veía como su cuerpo serpenteaba tratando de huir de las manos de su acompañante y ya los 10 tragos de Wisky que traía encima comenzaban a jugarle una mala pasada. Se imaginó por unos instantes a aquella mujer entre sus manos y jadeó al sentir como el deseo recorría su cuerpo.
Se terminó de beber lo que había en el vaso y se levantó decidido hacia la pista de baile. Llegó donde estaba ella y la tomó de un brazo para comenzar a bailar. Lucia lo miró y sonrió con cierto desprecio, pero no por eso había dejado de bailar, al contrario se había apegado más al cuerpo de Manuel y sus manos paseaban por el cuello de este.
—Soy mono, pero puedes bailar conmigo —se burló aquel hombre de ojos color azul intenso.
—Es bueno divertirse con los demás, así eso signifique rebajarse —una mueca surcó el rostro de Manuel y esta al mirarlo una pequeña pizca de compasión se alojó en su corazón, pero rápidamente fue sacada de allí.
— ¿Estás segura que no hay ningún paparazzi loco por allí fotografiando lo desatada que estás esta noche? —Las manos de él, apresaron la pequeña cintura de aquella pelirroja.
—Pagué muy bien —dijo esta dándose la vuelta, de manera que la espalda de ella quedaba pegada al torso de Manu, rozándolo, haciendo fricción y causando que aquel hombre se entusiasmara con aquella situación.
—El dinero no lo compra todo —le recordó.
—Tienes razón —admitió ella— no lo compra, pero si calla.
Él no respondió, nada, solo se limitó a guiarla en sus movimientos.
—Para ser un pobre… —no pudo continuar porque Manuel la había tomado fuertemente de sus brazos y la había girado, para que su rostro quedara a escasos centímetros de los de él, y poder atacar aquellos labios pintados de un brillo atrayente, de manera feroz. Allí, en ese beso, descargaba su impotencia, su rabia y su despecho.
Mordía, lamía y succionaba rápidamente los labios de la chica. Era un beso desesperado, por parte de ambos, no solo por parte de él.
— ¿Te podrías callar solo por una maldita vez en tu vida? —Inquirió molesto, ella lo miró con los ojos como platos y no dijo nada.
Manuel la tomó de un brazo y la sacó de la pista de baile para entrar a una zona de la discoteca que eran solamente habitaciones, abrió una y estaba ocupada, la cerró al instante. La otra estaba igual. Cuando se iba a dar por vencido encontró una.
La introdujo a la habitación, la cual tenía luces brillantes, y la recostó sobre la cama, mientras que él cerraba la puerta a sus espaldas y cerraba con seguro.
— ¿Qué haces? —Preguntó Lucia. Manuel se quitaba la chaqueta y la lanzaba a alguna parte de la habitación.
— ¿Qué crees tú que estoy haciendo? —Las manos de aquel hombre fueron a su camisa y se la quitó por la cabeza, mientras daba dos pasos y se arrodillaba en frente de la cama, observó un momento a Lucia y negó con la cabeza— después de esto veremos, si me seguirás llamando “mono” —guio una mano hacia el cuello de la chica y la atrajo hacia sus labios, estos se reunieron allí de una manera un tanto descoordinada, pero el raciocinio se había ido de la mente de Manuel, desde hace mucho, podría decirse desde que la vio a ella por primera vez.
La otra mano la había apoyado en el colchón y se había impulsado con ella para arrastrar a la pelirroja que se quitaba los tacones desesperadamente.
Se separó un poco de aquella mujer y la miró a los ojos, ella estaba emocionada y su mirada era de lujuria y pasión, pero también de repulsión.
Las manos de Manuel fueron a parar a la espalda de Lucia para bajar el cierre del vestido, la chica arqueó la espalda para facilitarle el trabajo, se estaba entregando sin rechistar.
Este deslizó el vestido por el cuerpo de ella y se detuvo al ver que ella no cargaba nada debajo. Al principio se preguntó: ¿Qué estoy haciendo? Pero las palabras de Lucia inundaron su cabeza y se olvidó de su compasión hacia ella.
De manera salvaje se dio la vuelta y quedó con ella encima.
Las manos de Lucia bajaron por el pecho -que no era la gran cosa- de Manuel y sonrió lascivamente.
Aquel hombre se apoyó de sus tobillos y se levantó para quitarse los pantalones, liberando así su erección.
— ¿Con esa cosa me darás placer? —Preguntó Lucia con sorna, mientras veía su masculinidad, la cual no era la gran cosa.
— ¿Nunca te han dicho que lo mejor viene en frasco pequeño? Además, no importa la envoltura sino el sabor —una sonrisa estalló en la boca de él y Lucia gimió al sentir como rosaba con su intimidad.
Rápidamente, sin ninguna contemplación Manuel se introdujo en la joven, fuerte y toscamente.
—Espera —pidió Lucia, cerrando los ojos, respiró profundamente mientras daba oportunidad a que su cuerpo se acostumbrara.
— ¡No me jodas Lucia! ¿Eras virgen? —Preguntó horrorizado, ella sonrió con disculpa— No, no, no, ¿Por qué no me dijiste? —Inquirió este tratando de salirse de ella, pero Lucy no se lo permitió.
— ¡Cálmate! No era virgen, solo que hace como un año que no tengo actividad —Manuel se relajó y asintió.
— ¿Quieres seguir? —Preguntó besando el hombro de la chica.
— ¿Dónde está la fiera que entró en mí sin importarle nada? —La mirada de Lucia estaba un poco distorsionada por el placer y de repente comenzó a cabalgarlo, haciendo que en el acto sus pechos subieran y bajaran con cada cabalgada.
—Acaba de regresar —le aseguró tomándola de la cadera, haciendo que sus movimientos se paralizaran— espera, haremos esto a mi manera querida, no a la tuya— le comentó con una sonrisa de burla, a la vez que comenzaba nuevamente con el movimiento, pero esta vez más lento.
Las manos de Lucy estaban en sus hombros y con sus uñas pintadas de un color negro petróleo, arañaba la piel de su –por ahora- amante. En cambio, las manos de Manuel seguían en su cadera y ahora había comenzado una danza un poco más rápida, las rodillas de la chica estaban hundidas en el colchón y con ellas se impulsaba para luego sentir la invasión dentro de sí.
La cabeza de ella estaba echada hacia atrás, y el chico aprovecho eso para besarle el cuello y marcarla.
—Mírame —le ordenó subiendo una mano para retorcerla en el cabello pelirrojo de ella, obligándola así a hacerlo— di conmigo estas palabras —le ordenó—: no despreciaré más a las personas —musitó Manuel utilizando su fuerza de voluntad para no gemir ante las sensaciones que lo invadían.
Lucia era incapaz de emitir alguna palabra de su boca que no fuesen gemidos y jadeos.
— ¡Dilo! —Ordenó nuevamente Manuel, paralizándose por debajo de ella.
—Mierda, ¡No pares! —Le gritó esta tratando de moverse para volver a sentirlo dentro de sí, pero él estaba quieto y la mantenía a ella igual.
—Repite conmigo “No despreciaré más a las personas” —le repitió como un mantra aquel hombre.
Ella respiraba de manera desenfrenada y lo miraba a los ojos de manera suplicante.
—Por favor —pidió ella llevando una mano a la unión, pero este se la negó.
—Niña mala —regaño tomándola de la muñeca para apresar esta— repite conmigo “No despreciaré más a las personas”, no es tan difícil —se burló mordiendo uno de los labios de la chica. Él sentía como estaba por explotar dentro de ella, pero se tenía que aguantar, era verdad que no tenía el más grande, pero…
—No…despreciaré —farfullaba ella removiéndose para sentirlo— más…a las…personas —terminó por decir.
— ¿Ves? No era tan difícil —luego de decir eso, él comenzó a moverse nuevamente, pero de una manera tan lenta, que la enloquecía por completo. Ella quería que fuera rápido, salvaje, tosco, caníbal. No dulce, parsimonioso y lento.
—Más —pidió ella enterrando las uñas en la clavícula del chico, descansó su cabeza en el hombro de este y respiraba fuertemente.
—Más —repitió el chico— todos necesitamos más —acordó con ella— pero yo quiero menos —sonrió sin ganas y siguió moviéndose.
Lucia levantó su cabeza y lo miró a los ojos— te necesito, por favor. Más —suplicó de manera lastimera, mientras sentía como la sensación crecía en su bajo vientre.
—Se nota que todo en tu vida ha sido rápido y no has quemado etapas —le susurró este en el oído separando su cabello del pegajoso cuello.
—Te lo suplico —masculló esta entre sus labios, para luego besarlos de manera rápida. Pero Manuel la tomó del cuello, el cual estaba sudado, y aminoró aquel beso lleno de desesperación. La besó de manera lenta, parsimoniosa, disfrutando de aquel beso, los labios de la chica lo seguían, eso era lo único que podía hacer.
—Por una vez ve lento, las sensaciones son más placenteras así —le aseguró este tomando el labio inferior de la chica.
Ella se relajó en sus brazos y dejó que la guiara, un gemido escapó de sus labios, pero fue acallado por un beso de parte de Manuel, el cual tocaba la comisura de los labios de chica para luego besarlos.
Lucia se mecía ayudándolo a llevar el ritmo. Bajó una mano al pecho de él y fue impulsándose, tenía la necesidad de ir más rápido, pero las palabras de Manuel la detuvieron.
—Déjate llevar —le aconsejó bajando un dedo por los senos de la joven.
—Eso hago —le recordó esta, mordiendo el cuello de su amante.
Los movimientos seguían y Manuel se trataba de concentrar para no perder el control sobre él, necesitaba demostrarle a Lucia que no todo era rápido y que las cosas lentas estaban bien, también le quería demostrar que no todo siempre es perfecto.
—Manuel —gimió Lucy cerrando sus ojos con fuerza, sus paredes se estaban contrayendo y el movimiento tan lento de él la hacía apretarse cada vez más, anticipando el final de todo esto.
—Joder Lucia, no me aprietes tanto —regañó este soltando el aire de golpe, ya no falta mucho para que los dos llegaran al clímax.
—No tengo la culpa —se defendió ella buscando los labios de él, pero no los besó, solo los mantuvo semi-unidos, el aire de la respiración forzosa de él chocaba contra el rostro de ella.
—Lento es mejor —concordó ella dejándose ir al sentir que ya no podía más.
—Aun no, maldita sea Lucia, alarga esto más—le pidió Manuel besándole los labios y deteniéndose para no seguir estimulándola.
La tomó de la espalda y pegó su pecho al de la chica.
—No puedo, necesito… —siseó entre dientes.
—Yo también lo necesito, pero si llegamos hasta el fin, esto es todo lo que haremos. No habrá más —le advirtió Manuel mirándola a los ojos, mientras tomaba la mandíbula de la chica y la sostenía fuertemente. La pobre se estaba derrumbando encima de él.
—No puedo —concluyó la chica revolviéndose.
—Tú lo decidiste —murmuró él moviéndose, porque aunque lo negara también necesitaba liberarse, sentía que iba a explotar en cualquier momento. Pero por otra parte, no la quería dejar ir, porque él sabía que después de esto no habría nada, y ¡maldita sea! Algo dentro de él le gritaba cosas sobre ella. Pero no. No podía, ella era Lucia Strong y él Manuel de las Casas, dos polos totalmente opuestos.
—Bésame —imploró Lucy apoyándose más del pecho de Manu.
Este lo hizo y con eso, todo terminó.
Todo en la vida tiene un porqué, una causa y la causa una acción, la acción una consecuencia y esa consecuencia a veces es mala u otras puede ser buena, todo depende de la acción que hayamos ejecutado.
Siempre esperamos que las consecuencias sean buenas, pero cuando no son así, ¿Qué hacemos? Muchos se lamentan y otros se resignan.
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