miércoles, 29 de mayo de 2013

Capítulo 1

Capítulo beteado por: Diiana Elizabeth (Gracias nena, sin ti esto sería un gran desastre)

Disclaimer: los personas pertenecen a la señora Stephenie Meyer. Yo solo me adjudico la trama.

Capítulo 1.
3 meses atrás.
James, observaba a Bella mientras esta reía sin parar, viendo cómo Victoria discutía con alguien por teléfono, y supo en ese momento que era la hora. Ya habían pasado 4 años juntos como novios, siendo los típicos jóvenes enamorados. Ahora debían dar ese paso, uno más allá.
James y Bella se habían conocido por la loca de Victoria, quien era la hermana de este, en una cita a ciegas que ella le había preparado a su hermano, y desde ese entonces, aquel rubio, declaró que Isabella sería para él costase lo que costase.
Esa castaña de piernas largas, cabello marrón oscuro con reflejos rojos al sol, ojos increíblemente expresivos y sonrisa angelical, lo había cautivado, lo había hechizado por completo, volviéndolo aún más cursi de lo que ya era. Y aunque a través de la relación habían tenido altibajos, aún permanecían juntos y eso era lo importante.
Él la amaba, más de lo que cualquier insulso en la calle se pudiera imaginar. Bella era la elegida para él, ella sería la madre de sus hijos a futuro y su esposa dentro de poco, bueno, eso último solo sería posible si James ya tuviera el 'sí' entre sus manos, pero no era así, aunque pronto lo tendría, claro que sí.
Victoria colgó la llamada, bufando exasperada.
― ¡Joder! ―exclamó aquella pelirroja despampanante, haciendo sonar sus tacones contra el piso de madera del patio trasero de su casa―. ¿Es que yo hablo en otro idioma y aún no me doy de cuenta? ―se preguntó retóricamente, buscando con desesperación algo dentro de un gran bolso de Gucci.
Por su parte, Isabella se destornillaba de la risa sosteniéndose de una de las columnas de la casa, con su rostro rojo de la risa y la respiración entrecortada.
― ¡Deja de reírte, Isabella! ―le ordenó Victoria a su cuñada muy seria, con el ceño fruncido y mordiéndose el labio inferior, hasta que por fin sacó una caja de pastillas de aquel bolso que parecía más bien una maleta de viaje de lo grande y exagerado que era―. ¡Aquí están, bebés! ―repuso la pelirroja canturreando victoriosa, a la vez que unas pequeñas pastillas se veían entre sus manos. Eran anticonceptivos.
James vio las pastillas y sonrió con verdaderas ganas. No tenía sentido pelear y aunque su hermana era mayor que él, siempre la había visto como la niña pequeña de la casa, cuando en realidad, era todo un Tasmania revolucionado.
― ¡Yo quiero un sobrino! ―repuso Bella frunciendo el ceño, deteniendo su risa cuando su cuñada se tragaba una de esas pastillas.
― ¡No! ―dijo solemnemente Victoria,negando con su cabeza divertida―. Yo salgo embarazada, cuando tú y mi hermano se casen ―le informó mirándola pícaramente, e Isabella casi se ahoga con su propia saliva.
― ¡Qué divertida! ―susurró Bella, sentándose despreocupadamente en una silla, mientras James evaluaba su reacción. Se había puesto más blanca de lo que ya era.
Matrimonio. Bella no le temía a aquella palabra, al contrario, siempre había soñado con casarse con el amor de su vida, por la Iglesia, con un gran y vaporoso vestido blanco inmaculado y todo lo demás, pero ella no creía verdaderamente que James algún día le llegara a pedir que se casara con él. Simplemente no concebía la idea. Él era un chico, que a pesar de ser romántico, era muy libre, con un espíritu espontáneo y el cual no se dejaba amarrar fácilmente.
Pero Bella estaba equivocada, ella lo tenía en sus manos, lamiendo el camino por donde ella pasaba. Los dos jóvenes se amaban, claro que sí. Así que James arriesgándosela el todo por el todo, se acercó a Bella sonriéndole divertido, ella le sacó la lengua, admirándolo con ternura y luego su vista se dirigió hacia Victoria, que tenía sus ojos abiertos como platos, esperando que algún suceso ocurriera.
―Bella ―llamó James y ella fijó su vista en su novio desde hacía 4 años.
―Ajám ―contestó ella quedito, pero palmeando su muslo para que él se sentará allí.
Y fue cuando James sacó el anillo del bolsillo de sus bermudas, color caqui. Sus ojos estaban brillantes ante la emoción y su corazón latía desaforadamente, la condición de Bella no estaba muy lejos de parecerse a la de él.
― ¿Qué demonios? ―exclamó, medio sorprendida y medio divertida.
―Casémonos ―le pidió él, acuclillándose cerca de ella, para poner aquel anillo solitario con un gran diamante en el dedo anular de su novia―. No te voy a hacer la típica pregunta que siempre se hace, porque eso es un cliché, solo quiero que digas sí. No tienes más opción ―le aclaró él, sonriendo con nerviosismo, pero a la vez arrebatadoramente; una sonrisa que Bella amaba de James. Victoria por dentro bailaba la conga, cantando la canción "Aleluya", una y otra vez.
Bella frunció sus labios poniéndolos en una línea recta y tensa, jugando un poco con la seguridad y el ego de su novio.
―Tengo libre albedrío ―declaró ella, viéndolo seria y las ilusiones de James fueron cayendo en picada―, pero…―dijo sonriendo con verdaderas ganas y aquel hombre rubio la vio con expectativa―. Contigo supongo que mi libre albedrío se va por el caño, así que… ¿Cuándo es la fecha de la boda? ―le preguntó Bella a su, ahora, prometido. Victoria ahogó un pequeño grito y tecleaba su teléfono, sacándole fotos a la melosa pareja.
Los labios de James atacaron los de Bella y se unieron en un beso de compromiso, donde ambos de cierta forman se prometían permanecer juntos por siempre, pero todo cambiaría con una noticia que recibirían muy pronto.
James se había levantado de su sitio, jalando a Bella consigo sin romper el beso, el cual cada vez se hacía más desesperado. Por su parte Bella enrollaba los brazos alrededor del cuello de su novio, quien era un poco más alto que ella y abría aún más sus labios, dejando que James lamiera y succionara todo a su paso. Una de las manos de James se encontraba enganchada en la pequeña cadera de Bella, aprisionándola, mientras que la otra la tenía en su nuca envuelta en aquellos tirabuzones que lo volvían completamente loco.
Victoria les tomó una última foto, pero tanto Bella como James eran ajenos a ese pequeño detalle, y con toda la emoción del mundo, la pelirroja subió la foto a Facebook, etiquetando al mejor amigo de su hermano, quien estaba en Inglaterra trabajando, con la siguiente frase:
"Tu hermano se casa"
Y luego de eso, etiquetó a Edward Cullen, el mejor amigo de la infancia de James Stegemann.
Victoria dejó el celular en la mesa de té y corrió hacia su hermano, interrumpiendo aquel beso.
― ¡Ya me pongo a hacer bebés! ―declaró Victoria, empujando a James lejos de Bella, quien se disponía a morder un labio de su mujer―. Déjame abrazarla, hermanito, luego ustedes van y practican para el futuro ―sugirió de manera picara, subiendo sus cejas repetidas veces, a la vez que ahogaba a Bella en un abrazo de oso.
James soltó una carcajada y dejó que su hermana abrazará a Bella, en eso, su celular vibró en su bolsillo. Era un mensaje de texto de Edward, el rubio sonrió al verlo.
Edward Cullen había sido su amigo en la universidad y desde mucho antes que eso, sus familias se conocían desde que los dos estaban en pañales, así que prácticamente eran hermanos perdidos. Si había una persona en la cual James confiaba plenamente, ese era Edward.
¿Te casas? ¡No lo puedo creer!
EC
James no respondió eso, porque cuando estaba tecleando, Isabella chocó contra él dándole un beso casto en los labios, pero ese beso James lo volvió más carnal.
―Me voy, chicos, mi hombre me espera para una cena romántica ―chilló Vicky tomando su bolso y su inseparable móvil, mandándoles a la feliz pareja un beso sobre su hombro―. Aún no tengan babies, están muy polluelos ―gritó medio divertida, cerrando la puerta del patio.
Isabella y James no le prestaron atención, ya que estaban muy concentrados besándose pasionalmente.
James separó el rostro de Bella unos centímetros para preguntarle:
― ¿Feliz? ―Ella asintió con su cabeza, con una sonrisa en sus labios y ojos brillantes de la emoción, antes de volver a atacarlo con un beso, pero esta vez fue más tierno, sutil, como él.
Y lo que pasó a continuación, fue solo una pequeña demostración de su amor.
James la tomó por debajo de sus glúteos, encima de su short de verano, e hizo que enrollara sus piernas alrededor de su cintura. Bella por su parte, se afianzó más a su novio, bajando sus manos por su escultural pecho para comenzar a desabrochar los botones de aquella camisa manga larga color azul celeste, que James tenía arremangada hasta los codos.
El susurro de la tela de aquella camisa junto a las manos de Bella, solo hacía crecer aún más la expectativa.
Por su parte, James desamarraba el nudo del top de Isabella para quitar esa estorbosa prenda de su novia y junto con ella, también se fue la camisa azul celeste.
―El cuarto ―masculló Bella entre dientes, pero la mano de su novio sobre uno de sus senos la hizo mandar todo para el mismísimo infierno―. ¡Al diablo con el cuarto! ―exclamó medio divertida, pero luego su espalda chocó contra una superficie dura y todo lo que ella pudiera haber estado pensando en esos momentos, se fue de su mente.
El calor del ambiente la invadió por completo, y si a eso le sumábamos el propio calor que desprendía del cuerpo de la pareja, eso daba como resultado una escena caliente.
La boca de James abandonó la de Bella y fueron a parar a su cuello, donde succionó la piel blanquecina de la castaña hasta el cansancio. Isabella se retorcía como un pez fuera del agua entre las manos fuertes de James, ella solo quería aplacar el placer, pero al parecer las intenciones de James eran muy distintas a las de ella.
Su barba incipiente raspaba la piel suave y delicada de Isabella, haciendo que esta jadeara por la acción, los dientes de James aruñaban el hueso de la clavícula de Bella hasta su hombro y en algún momento entre ese toqueteo, el sostén de la castaña ya había desaparecido.
Las manos impacientes de Bella, fueron decididas y desabotonaron la bermuda caqui de James, metiendo una mano entre ellos para sacar la muy evidente erección del rubio.
Los ojos de James que antes eran de un azul profundo, ahora estaban un poco oscurecidos por la pasión que recorría su piel en esos momentos.
―Si quieres que dure, no hagas eso, nena ―le advirtió James a Bella, cuando esta comenzó a bombear con su mano la masculinidad de su novio.
Ella le sonrió mordiéndose el labio de manera juguetona. Un gruñido escapó del pecho de James y este la tomó con rudeza del rostro para besarla hasta dejarla prácticamente sin aliento.
James, desesperadamente le quitó los ridículos y estúpidamente demasiado cortos shorts que tenía y se introdujo de una sola estocada en ella. Rudo, sin juegos previos, rápido, feroz. Justo como lo necesitaba.
Isabella abrió su boca y echó su cabeza hacia atrás, ahogando un grito que luchaba por salir de ella, su espalda chocó contra la pared en la cual estaba recostada y las manos de James la subieron un poco más, acomodándola mejor, dándole un mejor ángulo a él, y Bella no pudo aguantar el grito que salió desesperadamente de sus labios cuando el rubio salió de ella y se quedó fuera, solo jugando con ella, poniéndole la punta de su miembro en su entrada sin llegar a penetrarla como tal. Estaba jugando.
Las uñas de Bella, James las podía sentir sobre sus hombros clavándolas cada vez con más fuerza y cuando la castaña estaba lista para tomar el mando de la situación, el rubio tomó sus manos y las subió por encima de su cabeza para embestirla con verdaderas ganas, haciendo que los senos de la chica rebotaran contra su pecho.
―Dios ―susurró ella, extremadamente extasiada como para decir algo más coherente, y sus brazos seguían apresados hacia arriba.
―Bella ―la llamó James con voz ronca, y un mar de sensaciones invadió el bajo vientre de Isabella, sus paredes comenzaron a cerrarse y sus ojos se pusieron en blanco sin poder evitarlo.
― ¿Humm? ―preguntó ella sin fuerzas. Una pequeña capa de sudor adornaba su frente y su cuerpo completo.
―Te amo, nena. Nunca lo olvides ―dijo él con verdadero amor, soltándole las manos para que ellas las bajara por completo.
―Yo también, James ―admitió ella dándole un beso, que más que un beso fue una mordida, para posterior a eso apoyar su frente sobre el cuello de su novio respirando agitadamente y se dejó ir. El clímax la golpeó como un camión demoledor y la dejó sin fuerza, su respiración era muy pesada y su corazón quería salirse de su pecho.
James trataba de mantenerse en pie, sujetando a su novia por la cintura, sintiendo como la llenaba con su liberación y su boca trabajaba por sí sola, dejando un reguero de besos por todo su hombro con la boca abierta y entre cada beso decía un jadeante: "te amo"
Media hora después, tanto James como Bella se sonreían cómplices, mirándose mutuamente, comiendo un poco de Ruffles (1) en el mismo lugar donde, hacía tan solo unos minutos atrás,habían tenido sexo como unos locos.
―Me voy a casar ―dijo Bella afirmando un hecho. James soltó una carcajada y le robó un casto beso, a la vez que pasaba sus dedos sobre el cuello de ella haciéndola erizar.
―Sí.
James no podía estar más feliz, si por él fuera, estaría ahora mismo haciendo el baile de la victoria.
Bella estaba sentada sobre las piernas de James, vestida nuevamente, dejando que él la acariciara.
― ¿Tienes pensada alguna fecha? ―le inquirió Bella al rubio.
―Bueno, estaba pensando que dentro de 3 meses estaría bien. ¿Qué te parece? ―le increpó ahora él a ella, mirándola atento. Ella asintió sonriendo para darle otro beso de pico.
―Te amo, James ―confesó la chica, suspirando contra sus labios y las manos de James la sujetaron de la cintura para sentarla mejor sobre él, pero su móvil vibró―. No contestes ―suplicó Bella, besándole el cuello, mordisqueándolo a su vez.
―Acuérdate que esperamos la llamada de mis padres para recogerlos en el aeropuerto ―le recordó James a su novia, pero esta frunció el ceño y continuó con lo suyo. En cambio el rubio sonrió, pero descolgó el aparato sin ver quién era.
― ¿Diga? ―Fue lo primero que dijo, mirando como Isabella besaba su cuello montando encima de él, sonrió extasiado. Amaba a esa mujer con locura, la tomó de la barbilla para levantarle el rostro y darle un pequeño beso, ella le sonrió con picardía, como si estuviera haciendo algo malo.
― ¡Hombre!, me enteré y no precisamente por ti, que te lanzas al agua ―gritó prácticamente Edward por la bocina del celular, James rio divertido ante la voz de su mejor amigo.
― ¿Qué te puedo decir, hombre? La mujer me amarró de pies y manos. Me están obligando ―confesó por lo bajo, ganándose una mirada reprobatoria de Bella, quien le apretó los testículos por encima de la bermuda, sonriéndole con maldad. James ahogó un grito chillón.
―Pues, o la debes de amar como un loco empedernido, o la mujer es una bruja que te hechizó por completo. Recuerdo que siempre decías que nunca te casarías ―canturreó divertido aquel hombre que Bella no conocía.
―Las cosas cambian ―admitió James, dirigiéndole una mirada seria a Bella, quien bajaba el cierre de su bermuda. Su respiración se aceleró.
―Ya veo y… ¿Cuándo es el matricidio? ―preguntó Edward.
―Dentro de tres meses ―le informó James, soltando un jadeo mínimo, el cual aunque no sonó mucho, no pasó desapercibido. Bella lo estaba torturando, el rubio extendió una mano para detenerla, pero ella lo apartó bruscamente, intercambiándola por su boca.
― ¡James! ―gritó Edward de repente.
― ¿Qué sucede? ―exclamó despistado el aludido. Edward rio divertido.
―Estaba preguntándote, que quién será el padrino de tu boda, hombre, pero al parecer estás haciendo cosas más… ―Edward guardó silencio, buscando la palabra correcta―, interesantes,por allí ―terminó de decir de manera sugestiva.
Bella ejercía más presión sobre el miembro de James y este estaba perdiendo la cordura, literalmente.
― ¿Eh? No, claro que no ―respondió rápidamente James, tratando de controlarse, pero era imposible―. Eso mismo te quería preguntar ―admitió él. Edward se mantuvo en silencio esperando―. ¿Quieres ser mi padrino? ―preguntó James y el hombre al otro lado del teléfono respondió un gran 'sí'.
― ¡Por supuesto, James!, solo dime hora, lugar y cuándo será la boda y yo allí estaré.
―Ok. ―Fue lo único que pudo responder el pobre de James.
La carcajada de Edward se pudo escuchar desde de Inglaterra, hasta Estados Unidos.
―Te dejo seguir con tu… la mierda que sea que estés haciendo con tu novia. Mi mente se acochambrará ―admitió Edward y James sonrió divertido―. Mándale saludos a esa mujer y un abrazo. Y dile que te deje respirar, ¡hombre! ―le sugirió Edward a James para cortar la llamada rápidamente.
El rubio tiró el móvil en alguna parte del patio trasero y se concentró en Bella, quien había despegado sus labios de su miembro para preguntar.
― ¿Quién era? ―James la miró divertido.
―Eres mala, nena, muy mala. Y respondiendo tu pregunta, era Edward. Él será el padrino de la boda. ―Bella arqueó una ceja.
― ¿Edward? ¿Quién es Edward? ―inquirió confundida.
―Mi mejor amigo, del que te conté hace mucho tiempo, el que está en Inglaterra ―le explicó el rubio de ojos azules, pero Bella seguía igual.
―Bueno, ese mismo ―dijo Bella sin mucha importancia―. ¿En dónde nos quedamos? ―preguntó muy interesada, sin dejar de mover su mano. Ambos se sonrieron con ganas y continuaron con lo que estaban comenzando a hacer antes de ser interrumpidos.

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