Capítulo beteado por: Diana
Disclaimer: Los personajes, pertenecen a la señora Stephanie Meyer, yo solo me adjudico la trama.___________________________
Capítulo 2.
― ¿Qué…? ―Kachiri no había podido terminar la frase, cuando ya aquella persona vestida de negro, estampaba su mano blanquecina y más o menos grande en el rostro de la joven.
―Te dije que te callarás ―le dijo esa voz.
Kachiri se sobó donde aquella persona le había propinado la cachetada y luego levantó la vista. El arma que apuntaba su atacante era una nueve milímetros, cromada, con el seguro quitado y con el dedo índice delatacante tocando el gatillo de manera tentativa.
―Te mueves y aquí quedas ―le advirtió su secuestrador. Kachiri por su parte no sabía qué hacer, detrás de aquella persona que portaba el arma, habíantres personas más a las cuales no se les veía el rostro, solamente sus ropas, que de igual manera eran negras.
Kachiri los observó y solo pudo atisbar un brillo frenético en la mirada de un cuerpo alto y musculoso, demasiado musculoso para ser el de una mujer, así que debía de ser un hombre, o eso supuso ella. Este conectó su mirada con la de la morena y luego la apartó rápidamente.
―Vamos, ¡muévanse!, no hay mucho tiempo. Amárrenlos y súbanlos en la camioneta ―ordenó aquella figura esbelta―. Yo tengo que dejar una nota para mi querido Edward ―repuso en voz baja, sin dejar de apuntar a Kachiri. Sin meditarlo mucho, la tomó del antebrazo y se la entregó a otro de sus acompañantes.
―Quieta ―le susurraron a Chiri cuando la tuvieran en sus brazos.
― ¡Vamos, Kachiri! Te espero para darte una paliza en el Wii ―gritó Garret desde la sala de estar. Ellos no habían escuchado nada, la familia Cullen, exceptuando a la morena de 19 años de edad, era ajena a lo que sucedía en la entrada de su morada.
―Tan lindo el hermano mayor ―repuso quien tenía tomada a Kachiri. La voz de esa persona era la de una mujer, quien era alta porque rebasaba a la morena por una cabeza. Aquella mujer buscó las esposas detrás de su espalda con una sola mano y de manera brusca, retorció los brazos de Kachiri para esposarla. La posición era incómoda y de cierta manera para aquella joven, que apenas comenzaba la universidad dentro de una semana, aquello se sentía como si estuviera presa. Y más certera en sus pensamientos, Kachiri no podría estar, aunque lo que se dudaba profusamente era el siella y toda su familia saldrían vivos de aquello.
Kachiri opuso resistencia a la hora en que un pedazo de tela se metía entre sus labios, estaba siendo amordazada, pero un apretón en su antebrazo la hizo calmarse.
―Todos tenemos armas y todas están cargadas ―le informó su guardián, siseando entre dientes―. Así que piensa muy bien lo que vas a hacer, porque una bala puede abandonar mi pistola y clavarse en medio de tus cejas ―le advirtió quien fuese que tuviera a Kachiri sujeta, dándole la media vuelta hacia la salida para montarla en una camioneta negra, 4x4, marca Chevrolet y blindada. ¿Serían aquellas personas mafiosos?, se preguntó Kachiri en su mente, pero no lo sabía.
Mientras que aquella mujer vestida de negro, con su rostro oculto por un pasamontaña montaba a Kachiri dentro de la camioneta, sus otros compañeros allanaban la sala de estar de los Cullen, donde todos y cada uno de los integrantes de la familia se quedaron mudos al ver el rostro de aquella persona que tenía el arma en sus manos y los amenazaba de muerte si llegaban a dar un mínimo paso en falso.
― ¿Qué intentas hacer? ―preguntó Carlisle, retrocediendo varios pasos al ver aquellas tres figuras, cada una apuntando con un arma a su familia.
― ¡Oh! Pues creo que no estoy aquí para jugar damas chinas, ¿no crees, querido Carlisle? ―repuso la cabeza de aquella pandilla.
―Obviamente, no ―admitió Carlisle tomándole la mano a Esme sutilmente, para hacerla retroceder a ella también―. ¿Por qué?
― ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ―habló de manera asqueada la voz del hombre de negro, para luego soltar una carcajada y acercarse a la pequeña rubia que temblaba junto a Benjamín. La chica le había llamado la atención.
―No te muevas ―le susurró su hermano mayor a la pequeña.
―Eres muy linda, chiquilla. ¿Cuántos años tienes? ―le inquirió el hombre levantando su mano gigantesca para acariciar la tersa piel de la mejilla de Jane, quien lo esquivó con asco.
― ¡No me toques! ―gritó ella,escondiéndose detrás de su hermano.
―No, no, no ―canturreó el hombre con la pistola en mano, alargando la que tenía libre para tomarla del antebrazo toscamente.
Una de las mujeres del grupo de secuestradores vio como Garret movía su mano hacia el teléfono y sin pensarlo apretó el gatillo, disparando a la nada.
― ¡Aléjate del maldito teléfono, ahora! ―rugió esa voz fina, pero a la vez amenazadora. La cabeza de la pandilla observó a su acompañante y sonrió.
― ¡Háganle caso!, es muy peligrosa cuando lo desea ―les comentó la persona que todos en esa sala conocían a la perfección.
Garret retrocedió su mano y se quedó inmóvil, pero en su cerebro maquinaba la manera de salir de aquello.
Jane había comenzado a sollozar al sentir la textura del guante que usaba aquel gran hombre sobre su piel.
―No llores, ¿te confieso algo? ―preguntó aquella voz de manera secreta, pero a la vez tierna a Jane ―. No te quiero hacer daño. No, no, no ―canturreó mirándola a través de su máscara―. Solo pon tus manos hacia atrás y todo será menos doloroso, ¿está bien? ―inquirió él hacia Jane, quien se rehusaba a mirarlo o hacer contacto con su secuestrador.
Algo en aquel hombre se removió al ver aquella rubia y él sabía muy bien por qué. Jane se parecía mucho a ella.
Pero al parecer la adolescente no quería cooperar y eso trajo como consecuencia que el hombre se alterara apretando más fuerte su agarre, haciendo que la piel de Jane se tornará de un color blanco justo debajo de la mano de aquel hombre y roja arriba de esta misma.
― ¡Suélteme, por favor! ―vociferó la rubia, removiéndose entre la fuerte mano que la sostenía.
― ¡Silencio! ―demandó este.
―Papá, ayúdame ―pidió Jane llorando sin poder evitarlo, al sentir como sus manos eran llevadas atrás y luego apresadas por grilletes.
― ¡No! ―exclamó Carlisle viendo a su hija que trataba de librarse de aquel gran hombre y cuando lo vino a ver, él se encontraba yendo hacia su hija.
―Regresa a tu puesto ―le ordenó la única persona que tenía el rostro al descubierto.
― ¡Papá! ―fue lo último que se escuchó por parte de Jane, antes de que el fortachón se la llevara hacia la camioneta junto con la otra hermana de la familia Cullen.
La cabeza de la pandilla sonrió con suficiencia y apuntó a Carlisle en la cabeza.
― ¿Te imaginas que diría Edward si llega de su viaje y te encuentra muerto? ―le inquirió con diversión y Carlisle se horrorizó de aquellas palabras, esa persona no podía haber cambiado tanto de la noche a la mañana.
―Estaría desilusionado de ti ―respondió el patriarca de la familia con cautela, viendo como Garret por su parte volvía a extender su mano para coger el teléfono, solo eran unos pocos centímetros. Quien apuntaba a Carlisle a la cabeza le había dado la espalda a Garret, perdiéndolo de vista, pero no estaba descuidado, una persona lo vigilaba por su vista periférica.
― ¿Desilusionado de mí? ―inquirió esa persona―. No me hagas reír ―repuso con una mirada de odio total.
Benjamín no perdía de vista a la otra figura, esta era pequeña, pero de igual manera peligrosa, pensaba que él era mucho más grande que aquella silueta, podría con ella.
Garret ya tenía el teléfono en mano y solo faltaba marcar 911 y estarían a salvo. Solo eran tres números, solo tres, pero un disparo, esta vez, de parte de la cabeza de la pandilla fue dirigido a su pierna, tumbándolo en el acto.
―Te lo advertimos, fue tu culpa ―dijo esa persona moviendo su cabeza a ambos lados, ladeándola levemente a la vez que movía la pistola con su mano y ordenaba lo siguiente―: Esme camina hacia acá, lento, con las manos arriba. ―La aludida miró a su esposo, quien negó con la cabeza imperceptiblemente, los Cullen estaban perdidos―. ¿Estás sorda, querida? ―inquirió aquella voz apretando su mandíbula, estaba perdiendo la poca paciencia que poseía.
― ¿Qué te hicimos? ―inquirió Esme con voz temblorosa, observando a aquella persona que ella tantas veces había apoyado en las buenas y en las malas, incluso en ese tiempo de oscuridad.
―Muévete, Esme, que no me temblará la mano para matarte ―le advirtió Niemand*. Así se hacía llamar aquella persona misteriosa, porque eso era precisamente, ignorando de manera campal la pregunta de aquella mujer.
―Él sufrirá ―prosiguió la mujer de unos 40 y tantos, sin moverse de su sitio.
―Por el amor a tus hijos, hazme caso y arrodíllate en el piso con las manos en alto ―pidió por última vez Niemand, dando un paso hacia Esme.
― ¿Edward sabe que te con…
― ¡Maldita sea, perra! ―exclamó verdaderamente molesta, N*. Se dirigió hacia ella tomándola por la nuca, jalando sus cabellos en el acto―. Cuando ordene algo, debes cumplir. Me gustaría que me obedecieras, ya que ahora yo soy la ley, y la ley, hay que respetarla. Eso ya deberías de saberlo ―expresó con cinismo―. Además, mi adorado Edward es abogado, ¿cierto?
Esme guardó un sollozo que estaba por escaparse de su garganta, y en contra de su voluntad, se arrodilló en el suelo. N, sonrió como si estuviera desquiciada, moviendo su arma por la sien de su víctima.
De repente se escuchó un estridente gritó de otra persona.
― ¡Tú!¡Junto a tu puta madre! ―gritó la otra figura, apuntando a Benjamín. Garret por su parte chillaba del dolor. La bala no le había causado daño, solamente lo había rosado, pero aun así sangraba, cosa que obviamente, no le importaba a ninguno de los secuestradores. Niemand pensó que con la sangre del hermano de Edward le podría dejar un pequeño mensaje. Esa persona sonrió sádicamente, algo muy morboso, como N.
―Amárralos, E, apúrate ―le apremió su jefe sonriéndole con ternura, la chica asintió y sacó las esposas, una para Esme y la otra para el tal Benjamín, que viéndolo desde afuera no estaba nada mal para la chica. Tal vez ella se permitiría jugar con él un poco, aunque allá en su guarida tenía a otro espécimen.
Mientras que la tal E hacía lo que le habían ordenado sin dejar de apuntar con su arma a sus víctimas, N llamaba al hombre que se había ido con las mocosas de la casa.
― ¿Alguien me llama? ―inquirió esa voz tosca ingresando a la sala de estar, donde Esme le susurraba algo a Benjamín y este negaba una y otra vez con su cabeza. Sus ojos de color gris bailaban violentos de un lado a otro.
―Llévatelos ―ordenó Niemand, poniendo sus ojos en blanco al ver como Esme lloraba.
― ¡No llores, puta! Porque la poca paciencia que tenía tu maldito hijo me la agotó ―gritó de forma exasperada aquella persona con el rostro al descubierto, caminando hacia donde Garret se retorcía de dolor.
―Ya oyeron lo que dijo, levántense ―exigió el hombre tomando a madre e hijo, respectivamente de sus antebrazos para montarlos en la camioneta, con las demás.
E, apuntaba a Carlisle directo al corazón, pues era el único que quedaba dentro de aquella casa, aparte de Garret, el cual estaba tendido en el piso.
― ¿Crees que soy imbécil? ―le preguntó N, a Garret, poniéndole la pistola en la cabeza―. ¿Pensaste que no te iba a ver, hijo de perra? ―le inquirió tomándolo del cuello con la mano que tenía libre.
―De pensarlo, lo pienso ―admitió Garret, escupiéndole la cara, con lo que se ganó una fuerte cachetada de esa silueta, que ahora en esos momentos, veía todo rojo y eso no era nada bueno, porque cuando N se ponía en ese estado, su arma comenzaba a disparar a todas direcciones y eso no podía pasar. No ahora, no con ellos, porque los necesitaba, necesitaba a su maldita familia Cullen para llevar a cabo su plan.
La mano de Niemand, deliberadamente y con toda la intención morbosa del mundo fue a la herida abierta de Garret y puso sus dedos allí, o mejor dicho los guantes, pero igual dolía como el demonio.
―Este es mi juego. Mis reglas ―siseó N entre dientes, tomando el rostro de Garret con su mano ensangrentada―. Y mejor te acostumbras, maldito bastardo, porque muy fácilmente te puedo matar, técnicamente no me eres de mucha utilidad ―reflexionó esa persona en voz alta.
― ¡Hazlo entonces! ―le retó aquel hombre de ojos color ámbar.
― ¡Cállate, Garret! ―le ordenó su padre sin quitarle un ojo de encima a la pequeña figura que se encontraba delante de él, quien también lo apuntaba con un arma.
―Ganas no me faltan, pero tengo preparado para ti algo muy divertido ―le aseguró con sadismo la silueta que se interponía ante el campo de visión de Garret.
―Cuando mi hermano se entere, te va a despreciar ―le aseguró el mayor de los hermanos Cullen con una sonrisa de suficiencia y la mano de N impactó contra aquel rostro de rasgos muy definidos, pero masculinos.
El rostro de N se deformó por la crueldad de aquellas palabras, pero esa persona sabía que no sería así, Edward no despreciaría a nadie que le hiciera bien y N le estaba haciendo un favor, ¿cierto? Además, aquella persona con un una apariencia de desquiciado, una sonrisa de arrogancia y una actitud peligrosa, sabía que Edward le agradecería al final de todo. N solo quería que todos aprendieran, pero sobre todo quería que él, Edward, le prestara más atención, cosa que tiempo atrás de una u otra forma no había hecho. Pero Nera inteligente, muy inteligente, por eso había esperado años para este movimiento, por esa razón se había infiltrado en la familia Cullen sin que ellos se dieran cuenta, haciéndose pasar por el bonito cordero blanco cuando en realidad era un lobo feroz.
N tenía todo perfectamente calculado y nada ni nadie le echaría a perder sus planes y de ser así, los mataría a todos, incluso si Edward estaba incluido en ese paquete.
T hizo que Niemand saliera de sus pensamientos.
―Necesitamos apurarnos,si queremos comenzar esto. La víctima está perdiendo la razón ―susurró aquel hombre en voz lo suficientemente alta, como para que N escuchará.
― ¡Muévanse, que para eso les pago! ―gritó de repente, ocasionando que tanto E, como T, dieran un respingo, pero ellos ya estaban acostumbrados a su jefe sin razón.
Rápidamente apresaron a Carlisle, quien observaba a cada uno de aquellos secuestradores tratando de reconocerlos, de buscar un punto débil en sus mentes, algo para hacerlos desfallecer, pero ellos sabían perfectamente lo que hacían, el análisis que Carlisle les había comenzado a hacer desde que entraron a la sala de estar de su casa le había servido a Carlisle para darse cuenta de varias cosas.
La primera. Solo conocía a una de esas personas y en realidad eso no era un término apropiado, porque la persona que se hacía llamar N, había cambiado con el paso del tiempo, pasando de ser una persona amable y responsable, pero sobre todo cuerda, a ser alguien total y completamente desconocido para Carlisle.
La segunda. Todos y cada una de aquellas personas tenían problemas mentales, eso estaba más que claro, pero había un problema y ese era que, ninguno lo aceptaba.
Y la tercera, nunca en sus años como doctor, específicamente psicólogo, Carlisle había presenciado algo semejante, porque a pesar de que aquellas 4 personas tenían problemas mentales, se podía decir que estaban locos, pero eran los locos con más cordura que él haya visto jamás.
T se acercó hacia Garret y lo tomó por debajo de la axila para ponerlo de pies, el aludido chilló de dolor y aquel hombre con la máscara negra sonrió por su dolor.
―No seas nena, bastardo. Aguanta. ―Luego de eso, la sala de estar se quedó sola, solo se escuchaban los quejido por parte de Garret, a quien T lo estaba haciendo caminar hacia la salida. E llevaba a Carlisle empujándolo por la espalda para que se moviera, pero con una mano apuntándolo justo debajo de la nuca por cualquier movimiento, por su parte Niemand daba vueltas en círculo por donde la sangre del hermano mayor de los Cullen se estaba coagulando, el arma reposaba en su mano y de vez en cuando se lo pasaba por su cabello, era como si se estuviera consolando. Una sonrisa bailaba en la comisura de su boca y la marca de sus zapatos se podía ver sobre el piso de granito de la estancia.
Sangre, sangre y sangre, eso era lo que quería N y pronto lo obtendría, claro que sí, solo necesitaba mover sus piezas y su plan de 8 malditos y largos años se llevaría a cabo.
Con su mano derecha, llenando su guante con sangre marcó en el sofá blanco impoluto de los Cullen dos palabras, los cuales a la vista de N eran una advertencia.
Diez días.
Solo eso, nada más.
Observó su reloj en su mano izquierda y ya era tarde, la otra fase del plan se debía de cumplir. Así que, pensando en eso, tomó la nota que tenía perfectamente doblada en uno de sus bolsillos de aquel traje negro y subió las escaleras de dos en dos hacia la habitación de su amado Edward, dejando en el proceso una sucesión de huellas impresas con sangre de sus botas de seguridad, pero eso no le importaba a N para nada.
Al estar en el segundo piso, Niemand se dirigió hacia su punto de fijación, el cuarto de Edward, su cuarto. Al abrir la puerta de aquel lugar sagrado para ellos, el olor característico de él, chocó contra su rostro haciendo que los ojos de aquella persona se llenarán de lágrimas. Su Edward estaba allí.
Con paso sigiloso, tratando de no tocar mucho, dejó la nota que había hecho cuidadosamente para él, pues tenía que estar muy presentable, no quería que Edward viera algo feo. No, suficiente con tener que soportar a su familia y a esa loca de su época pasada, de cuando él era joven y aquella mujer una ilusa.
Con una última mirada al cuarto de su Edward, abandonó la habitación dirigiéndose a la camioneta que la esperaba afuera, junto con aquellas desagradables personas dentro de ella.
― ¿Todo listo? ―le preguntó T a N y esa persona asintió.
Niemand se montó en la camioneta y luego giró su rostro hacia atrás para ver a sus secuestrados, todos estaban allí: Jane, Kachiri, Garret, Benjamín, Esme y Carlisle y de última, escondida entre todos ellos, quienes estaban amordazados mirándose unos con otros con cara de terror… estaba ella, con el cabello rojo y los ojos azules como el cielo, llorando sin parar.
Por la mente de toda la familia Cullen, incluyendo a aquella mujer desconocida, se formaba la siguiente pregunta: ¿En quién se había convertido aquella persona?
― ¿Preparados para la travesía? ―inquirió Niemand sonriendo abiertamente, apuntándolos a todos y nadie dijo nada.
El hombre quien estaba al volante, encendió el motor de la camioneta y con una mano libre, Niemand dejó al descubierto una pieza fundamental para el juego.
La familia Cullen dejó salir una respiración forzada, cuando vieron en realidad quién era aquella persona. Entonces todos regresaron su vista a la figura que estaba detrás de ellos, con los ojos de color azul intensó llorando, y se dieron cuenta que aquellos eran lentes de contacto y su cabello una peluca.
¿Qué era todo eso?
Niemand*: significa nada en Alemán.
N*: Inicial de Niemand.
T: incial del nombre de ese hombre.
E: incial del nombre de la chica misteriosa.
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