Capítulo beteado por: Diana
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Capítulo 1.
Al conocer el nombre de una persona, pensamos que lo sabemos todo de él o ella, cuando la realidad no es así. Solo por conocer el nombre, o tal vez reconocer su cara, o por el simple hecho de haber compartido tiempo, experiencias y/o sentimientos juntos, decimos: "yo lo conozco y esa persona nunca sería capaz de hacer algo malo", pero lo cierto es que solamente conocemos su fachada, mas no lo que alberga por adentro.
¿Qué sucede si en algún punto determinado, nos damos cuenta que la persona que creímos conocer es total y completamente desconocida para nosotros?
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12:00 p.m. Día de trabajo.
El sol llegaba a su punto máximo en la ciudad de Forks, sí, hoy había sol, cosa extraña en ese diminuto pueblo, pero lo había y era lo importante. Los trabajadores salían de sus jordanas de trabajo a almorzar o simplemente iban a sus hogares y descansaban del día tedioso.
En la oficina de Edward Cullen, un gran abogado del pueblo, y de Estados Unidos a decir verdad, se encontraba silbando una canción desconocida, tanto para él como para el resto de las personas que lo observaban con extrema curiosidad, pero Edward parecía muy encantado de poder regresar a casa y reunirse con su esposa y familia.
Unas cuantas personas, las cuales revoloteaban a su alrededor, sonreían expectantes al saber que hoy era viernes, por fin. Luego de trabajar en un bufete, cinco días a la semana sin descanso alguno, al llegar el viernes lo llegas a agradecer infinitamente.
Edward con su maletín en mano, su camisa manga larga de color blanca impoluta, con los primeros dos botones abiertos, dándole un aire de chico sexy malo, el saco encima de su hombro y sus lentes oscuros de Ray-Ban, abandonó la oficina con una sola cosa en su mente: Bella.
Bella, su esposa, lo era todo para él. Tenían 8 años de relación y ambos se habían conocido en la típica fiesta de hermandad en la universidad; ya que a Bella le habían pedido que se acercara al chico más guapo del campus, el cual obviamente, era Edward Cullen, y le diera un gran beso, lo cual ella hizo con gran entusiasmo. En su defensa solo cabe decir que, apenas era una chica de 17 años de edad a quien le encantaba vivir nuevas experiencias y más si en esta se encontraba el nombre de Edward, el chico por el cual muchas adolescentes, en su mayoría, babeaban por él y limpiaban el suelo por donde él pasaba. Bella no era inmune a esa sonrisa socarrona y a esa mirada de color jade penetrante, tampoco a la coquetería de aquel buen mozo, en fin, solo era una adolescente revolucionada.
El velocímetro del auto de Edward Cullen, marcaba los 100 km/h, algo usual en él. Si algo caracterizaba a aquel joven hombre, es el manejar como un maldito psicópata a plena luz del día sin importar los fiscales de tránsito o multas futuras, tampoco es que eso fuera un gran problema.
Más pronto de lo que cualquiera se puede imaginar, las llantas de su Volvo chirriaron contra el pavimento, al frente de la casa de sus padres, donde todos vivían. Lo primero que Edward visualizó al apagar el motor, fueron unos ojos achocolatados y una sonrisa adorable en el rostro de su amada. Sin esperar más, fue al encuentro con ella y antes de que Bella siquiera pudiera decir un "hola", Edward la besaba sin darle tregua. Sus bocas se movían de manera sincronizada e Isabella Cullen, se paraba de puntillas para poder alcanzar los labios de su esposo.
Un gran diamante en forma de corazón, sucedido por otra sortija de oro blanco, con la inscripción en su interior de: "Te amaré siendo la persona que soy", descansaba en la mano izquierda de Bella; estos brillaban con los rayos del sol impactando contra ellos.
―Hola ―masculló Edward, dejándole un beso en la frente a Bella, luego de decidir que había sido suficiente del beso, ambos necesitaban respirar.
― ¿Cómo te fue? ―le preguntó ella sin dirigirle un saludo. ¿Para qué? Suficiente con ese beso, pero aun así, masajeando la parte baja de su nuca. Él cerró sus ojos ante esa caricia, tratando de controlar sus impulsos de cogerla y llevarla en sus hombros como un saco de papas y encerrarla en la habitación para hacer…
―Bien, digamos que la gente anda un poco loca ahorita ―comentó él sonriendo de lado, bajando un brazo por el pequeño cuerpo de su esposa, para finalmente depositar su mano desocupada en la cintura de ella―. Ya sabes, demandas sin sentidos, pedidos de custodia, órdenes de restricción, entre muchas más. ―Enumeró él, caminando con Bella hacia el umbral de la puerta de la casa, o, ¿es mejor decir mansión?
La casa de los Cullen, se erguía delante de los esposos con una simplicidad digna de admirar. Esta casa de tres pisos de altura, con grandes ventanales, paredes pintadas de colores cálidos y una decoración un tanto moderna, pero hogareña, con toques en metálico y de madera, resguardaban a la familia Cullen; la cual estaba conformada por: Esme y Carlisle, la cabecera de ese grupo de personas, por decirlo de alguna manera; Garrett y Benjamín, los hermanos mayores; Edward, el hermano del medio; Kachiri, la que seguía luego y Jane, la más pequeña de todos, esta contaba con apenas 16 años de edad.
Eran una familia muy cariñosa, amorosa y sobre todo se apoyaban los unos con los otros, ninguno había volado del nido de mamá y papá, porque no podían partirle el corazón a la querida Esme, de solo pensarlo, a todos se le erizaban los vellos. Por esa razón, cada uno vivía allí, y aunque Edward era el único de todos los hermanos que había sentado cabeza, no pudo dejar a su mamá. Por eso vivía junto con Bella en la casa, pues esta era muy grande y espaciosa y aunque todos vivían unidos, eso no significaba que estuvieran revueltos.
― ¿Y cómo fue tu día? ―le increpó Edward, una vez ya traspasado la entrada principal de la casa.
―Catastrófico ―contestó ella, dando un largo suspiró―. Se murió un paciente en mis brazos, debido a una gran pérdida de sangre. Hicimos todo lo que pudimos, pero su cuerpo no respondía, estaba muy mutilado. ―Ella era doctora, especializada en Trauma Shock.
― ¡¿Mutilado?! ―preguntó Edward escandalizado.
―Sí, como oyes… Algo extraño, no sé cómo ocurrió precisamente, pero le faltaba una mano, una pierna y ni idea de cómo llegó ese ser humano vivo hasta la sala de urgencias. Era una causa perdida y para rematar, tenía puñaladas en todo su torso ―dijo en voz baja, tragándose un nudo que mantenía en la garganta. Para Bella sus pacientes eran sagrados y aunque en la escuela de medicina le habían enseñado a guardarse sus sentimientos y hacerle frente a cualquier situación que se le presentase a la hora de trabajar, era imposible superar una muerte, y más cuando esa persona se moría en tus manos desangrada. Pero ella había escogido esa profesión y le gustaba, así eso significara ver muchas muertes a diario, de lo que a cualquier persona le gustaría.
―Hiciste todo lo que pudiste, mi amor. Tranquila ―repuso Edward abrazándola, al ver como sus ojos se desenfocaban y sus labios temblaban.
―Lo sé, pero es difícil cuando en la sala de espera está su esposa con un embarazo bastante avanzado, y un hermoso niño de solo 4 añitos de edad diciéndote: "Mi papi se pondrá bien, ¿cierto?" Y tú sin poder responder a eso, porque ya su padre está muerto. ―Y sin más, Bella comenzó a llorar sin parar. Edward mordió su labio para no reír, porque a pesar de que la situación era crítica, la sensibilidad de su esposa lo enternecía. Ella era fuerte, pero como siempre había pensado él; eso solo era una fachada, porque su esposa era mucho más débil de lo que cualquiera se pudiera imaginar.
―Bella, cálmate, preciosa. A lo mejor su tiempo ya había caducado y era hora de partir. ―Edward la estaba sondeando, ella levantó su vista del pecho de su esposo y le sonrió con pesar.
―Lo siento, es que estoy muy sensible, ando en mis días ―se excusó ella, encogiéndose de hombros. Edward le secó las lágrimas y le dejó un beso en su frente, pero él se quedó de piedra, al ver a Jane en el sofá con alguien.
― ¡¿Me puedes explicar qué demonios estás haciendo, Jane Diane?! ―gritó Edward, sin importarle interrumpir el beso que su hermana estaba compartiendo con ese chico. Bella la cual estaba de espaldas al sofá,volteó abruptamente y soltó una carcajada, al ver a la hermana de su esposo muy concentrada en aquel beso, el cual no era apto para el público presente.
Pero Jane, ni se inmutó por el grito de su hermano, solo se detuvo cuando el oxígeno no le llegaba a sus pulmones y cuando un carraspeo al frente de ella se le hizo demasiado conocido. Era su padre, quien la observaba con los brazos cruzados a la altura del pecho y una ceja arqueada.
―Yo también espero una respuesta ―repuso Carlisle muy serio, cosa que no era habitual en él. Sus ojos azules, tan azules como el cielo cuando estaba despejado, observaban a su hija de manera fría.
―Papi ―susurró ella, mirándolo a la vez que se encogió en el sofá. Su novio, un chico de 18 años, el cual estaba próximo a irse a la universidad, le sujetaba la mano a la adolescente rubia, quien por supuesto, temblaba como una hoja de papel.
Su padre había aparecido inesperadamente, pues en vez de haber entrado por la puerta principal, que era lo que la pequeña Jane esperaba, este había entrado por el garaje, dándole una sorpresa a su querida hija.
― ¿Y…? ¿Acaso te comieron la lengua los ratones? ―interrogó Edward mordaz―. Oh, Ya va… Déjame ver ―repuso Edward, subiendo sus manos hacia el cielo―. ¿Él te la comió? ―inquirió con sorna. Jane solo movía sus ojos de su padre a Edward alternativamente, ella no sabía quién le daba más miedo, si su hermano o su padre. Lo cierto es que no podría atrasar más lo que ella quería decir y era que tenía novio, así que al mal paso, darle prisa.
―Papá ―dijo ella, levantándose del sofá y atrás de ella, Tom. Así se llamaba su novio―. Él es mi novio, Tom. ― ¡Listo! Lo había dicho, el chico al ver el nerviosismo de su novia, la apegó hacia su cuerpo y le dejó un beso en sus cabellos rubios, para luego dar un paso hacia Carlisle y extenderle su mano.
―Tom McQueen, un placer conocerlo, señor ―se presentó él, con profundo respeto hacia el padre de su novia.
―Carlisle Cullen, igualmente ―masculló entre dientes el patriarca de la familia, pero su máscara de seriedad no cambiaba. Y como si ya no fuera necesario tener a dos machos alfas en plena sala de estar, por las escaleras venían bajando Benjamín y Garrett, el primero con el móvil en la mano y el segundo con mirada divertida, pero a la vez seria; atrás de ellos venía Kachiri, la cual observó la escena y arqueó una ceja, pero al ver quién era la responsable del asunto, sonrió con complicidad; por la cocina, Esme Cullen salía con una sonrisa amable y con una mirada de advertencia hacia su esposo.
―Edward cálmate, tiene las hormonas revolucionadas, es normal, tampoco es que va a decir que se casará ―le decía Bella por lo bajo a su esposo, al ver que este tenía la mandíbula apretada fuertemente y sus manos estaban crispadas en puños.
―Pero, es la nena de la casa ―repuso él.
―Tienen que dejarla volar ―insistió ella.
― ¡Vaya, vaya! Reunión familiar y no avisan. ―El primero en cortar el denso silencio fue Garrett, sus ojos color ámbar, más su cuerpo un tanto fornido, le daban una apariencia amigable.
― ¿Ahora qué hiciste, pequeña? ―inquirió Benjamín despreocupadamente, jugando con sus dedos a la vez que se desparramaba en el sofá y sonreía divertido.
― ¿Ya le dijiste, hermosa? ―Esta vez fue la oportunidad de Kachiri.
― ¿Lo sabías? ―le increpó Edward a su hermana. Esta lo miró retadoramente, para luego enseñarle el dedo medio.
―Nunca sabes nada porque eres un maldito cascarrabias, uno te dice hola y tú muerdes ―respondió ella con sencillez, para sentarse a un lado de Benjamín.
― ¡Kachiri!, ¿qué son esos modales? ―le regañó Esme.
― ¡Lo siento mami!, pero entonces… ¡Controla a tu bestia! ―demandó ella divertida.
Kachiri, era todo un personaje y era la más joven junto con Jane, pues ella tenía 19 años de edad, y a pesar de que el número puede parecer muy joven, esa niña de tez oscura, ojos grises rayados, figura esbelta y carácter fuerte, era mucho más que una simple mujer joven. Ella era adoptada, pero era considerada una más de la familia, pues había estado con ellos desde su primer año de vida.
― ¡Tranquilos! ―La voz que se escuchó, había sido la de Carlisle y todos habían obedecido esa orden, era sagrada.
―Bueno, solo quería decir eso, él es mi novio y solo se los quería presentar para que fuera más oficial ―habló Jane, al ver que todos la miraban en busca de una explicación más amplia.
― ¿Y por eso se tenían que comer a besos en plena sala de la casa de tu familia? ―dijo Edward con sorna, ganándose un codazo por parte de su esposa.
―Tampoco es que tú dieras el ejemplo ―contraatacó Jane, y esa era la Janeque todos conocían, una chica adolescente y respetuosa con sus padres, pero con lengua viperina.
― ¡No me hables así, Jane Diane! La diferencia entre tú y yo, es que yo estoy casado con Bella y tú… ―Calló abruptamente ―. Ni siquiera lo habías presentado ―dijo Edward, refiriéndose a su novio.
―Ya lo hice.
― ¿Desde cuándo son novios? ―inquirió Esme, acercándose a su hija, y a pesar de que todos estaban un poco alterados, ella era la más calmada con el asunto, ya había tenido que pasar por eso cuando Kachiri les presentó su primer novio a toda la familia y luego lo había tenido que vivir como 5 veces más, pues Kachiri cambiaba de novio como una mujer que cambiaba de ropa interior, a cada momento y cada rato. Lo que ella alegaba cada vez que le preguntaban acerca de sus tantos novios, era extraño pues decía: "Me aburre lo eterno, soy muy joven y quiero disfrutar, tampoco es como si me acostara con cada uno de ellos, solo con el que me enciende", eso era lo que la morena le había contestado a sus hermanos, cuando estos estaban un poco molestos por la actitud de su hermana acerca de presentar un novio diferente cada semana, les llenó el vaso.
―Mami, la verdad… ―dijo Jane mirando el suelo.
―Desde hace un año, señora ―contestó Tom por Jane y esta se lo agradeció.
― ¡¿Qué?! ―exclamó Carlisle sin poder evitarlo, pero luego se recompuso―. ¿Por qué esperaste tanto para decirlo, Diane? ―Y fue allí cuando la hermana menor de los Cullen, supo que estaba en serios problemas, pero no dejó que el miedo la venciera y respondió:
―Simple y sencillamente porque no quería ser como Kachiri, papá. Y no es que te esté criticando, hermana, sabes que te amo ―lo último lo dijo dirigiéndose hacia su hermana, quien la observaba con una sonrisa―, pero yo no quería presentarles un novio, cuando ni siquiera sabía si iba a durar la relación. Conocí a Tom hace un año en el instituto y comenzamos a hablar, salimos y pues nos hicimos novios, pero yo no quería venir a casa y decirles: "Familia tengo novio", porque… ¿Y si noduraba nada? He visto cómo Kachiri rompe con sus novios como si fueran baratijas sin impórtale nada, pues su excusa es la que todos sabemos y yo no quería ser así, por lo que llegué a un acuerdo con Tom de que si esto duraba aunque sea un año, se los presentaría a ustedes y como sucedió, aquí estoy. Yo solo quería tener la certeza de que no era un capricho mío de adolescente con las hormonas revolucionadas, solo quería saber con exactitud si de verdad era amor y ahora, después de un gran año, puedo decir que sí y eso me hace feliz. ―Terminó Jane sonriendo como boba, a la vez que veía el rostro de su padre, quien se había enorgullecido al escuchar a su hija hablar de esa forma tan madura.
―Espérate y me seco las lágrimas ―interrumpió Chiri, como le decían de cariño a Kachiri, a la vez que se levantaba y le daba un enorme abrazo a su hermana menor―. Estoy orgullosa de ti, pequeña ―le confesó esta, para apartarse y volver a su puesto. Los siguientes brazos que la rodearon, fueron los de su madre para decirle lo mismo.
Por su parte, Edward estaba atónito al escuchar todo lo que Jane había dicho, porque aunque no lo quería aceptar, sabía muy en el fondo que era verdad. ¿Por qué dar a conocer una relación, cuando ni siquiera se sabía si duraría?
―Cuñada, así se habla ―la alabó Bella, sin moverse del lado de Edward, pero sonriéndole abiertamente.
Jane le sonrió de vuelta como agradecimiento por apoyarla y luego dirigió su vista nuevamente, hacia su padre.
―Ven aquí, pata ―repuso su padre abriendo sus brazos y allí en ese momento, Jane se permitió respirar aliviada.
Padre e hija estaban en un gran abrazo de oso, cuando en el bolsillo del pantalón de Bella, su celular comenzó a sonar, esta se apartó de la reconciliación y contestó el aparato:
― ¿Diga?
―Doctora, la necesitamos con urgencia en el hospital, venga lo más rápido que pueda. ―La voz de Cristina, una enferma del centro hospitalario donde ella trabajaba, le hablaba deprisa.
― ¿Qué sucede? ―interrogó ella viendo a su esposo, quien la observaba con intriga.
―Necesito que venga al hospital, pronto es una… ―Pero la llamado se cortó. Bella observó su móvil y se dio cuenta que la cobertura se había ido. ¿Qué le sucedían a esos aparatos?, se preguntó ella.
De todas maneras, Isabella Cullen fue hacia la pequeña sala de recepción de la casa donde vivía con todos los demás y tomó su bata de doctora, recogió su cabello en una cola de cabello, agarró su cartera y las llaves del auto para salir sin siquiera darle una explicación a Edward, solo había dicho: "Una complicación". Antes de que su auto arrancara del frente de la casa de los Cullen, con un sonido escalofriante.
Todos en la casa se quedaron extrañados por la partida tan drástica de Bella, pero siguieron con lo suyo, todos y cada uno de los integrantes de la familia se presentaron con el novio de Jane y luego de eso, entraron en una conversación amena, incluido Edward, que para extrañeza de muchos, le había caído bien Tom.
Por otra parte, Bella trataba de salvar la vida de un paciente que había estabilizado en la mañana, antes de terminar su ronda. No soportaría que otro paciente muriera en sus manos, así que este no se le iría, no partiría al otro mundo.
Mientras Bella impartía órdenes como una posesa, y luchaba contra la muerte que quería arrebatarle a otro de sus pacientes, Edward Cullen recibía un llamado de la sucursal de Seattle pidiéndole que fuera urgentemente al lugar, por un problema con un hombre que él había dejado en libertad y que, ahora, presuntamente era acusado de asesinato en segundo grado.
En la casa Cullen, Jane se despedía de su novio, para entrar nuevamente en su casa y platicar un rato más con su familia. Todo estaba en armonía y aunque faltaban dos integrantes de la familia, los que aún estaban en esa estancia, comían de la cena que Esme había preparado.
― ¿Una partida en el Wii? ―preguntó Jane con una sonrisa, la tormenta había pasado y ahora venía la calma, o por lo menos eso pesaban ellos.
― ¡Sí! ―gritaron todos emocionados.
…
En el hospital central de Forks, Bella tomaba un café para espabilarse, eran poco más de las 4 de la tarde, pero el sueño estaba haciendo de las suyas y para despejarse un poco, decidió llamar a Edward.
― ¿Qué sucede, amor? ―preguntó Edward por a través del manos libres, aún se encontraba dentro del auto y no podía contestar por el celular.
―Nada, solo que me estoy cayendo de sueño ―repuso ella, encogiéndose de hombros.
― ¿Por qué saliste así de la casa? ―le preguntó Edward, recordando cómo su esposa había salido de la casa Cullen, como alma que llevaba el diablo.
Bella tragó el café, antes de responder.
―Una emergencia, un paciente que había estabilizado en la mañana, le dio un paro y una hemorragia muy fuerte, pero pude con ello, ahora espero avances en su recuperación ―masculló Bella, firmando la orden de unos exámenes. Le sonrió a Cristina, la cual le sostenía la carpeta, en modo de agradecimiento.
―Pues a mí también me salió una urgencia, precisamente voy camino a Seattle.
― ¿No te veré cuando llegue a casa? ―inquirió Bella, con tono triste.
―No lo sé aún, amor. Parece que es algo complicado ―explicó él rápidamente.
―No importa, ya veremos. Te amo ―le dijo Bella sonriente.
―Yo más, mi vida. Recuérdalo siempre ―le pidió él.
―Nunca se me olvida.
El silencio impregnó la línea de comunicación, pero ninguno de los dos había cortado.
― ¿Edward? ―llamó su esposa.
―Dime.
― ¿Qué serías capaz de hacer por mí? ―preguntó ella con verdadero interés. Una pregunta un tanto extraña.
―Todo ―respondió él sin dudarlo.
― ¿Serías capaz… hasta de matar? ―inquirió perversamente.
―Bella, no… ―La voz de Edward había sonado seria.
― ¡Estoy jugando, cielo! Tranquilo ―repuso ella, riendo descaradamente.
―No hables así por favor, sabes que no me gusta ―le ordenó él.
―Lo siento amor, no era mi intención. Solo es un poco de humor negro.
―Pero no me gusta ―volvió a decir Edward de manera tajante.
―Lo sé.
―Te amo Bella, por eso no me gusta que juegues con esas cosas macabras, es mejor que dejes de ver "Los juegos del miedo". ―Ya la voz de Edward había adquirido un tono de diversión, pero aún así, en el trasfondo de ella, se podía sentir la seriedad.
Isabella observó, como un enfermero le hacía señas desde la habitación de su paciente.
―Tengo que cortar, mi vida. Me llamas cuando llegas a Seattle, ¿sí? ―le pidió ella.
―Está bien, te amo, cuídate.
Y con eso ambos se despidieron.
Bella estaba por guardar su móvil en la bata blanca, cuando se le ocurrió una idea.
― ¿Diga? ―Descolgó rápidamente una persona del otro lado de la bocina.
―Necesito que hagas algo por mí ―dictaminó Bella sonriendo.
― ¿Qué quieres? ―La voz al otro lado de la bocina se rió.
―Es sencillo, solo…
La acción de Bella fue la menos inesperada, nunca nadie se imaginaría lo que haría.
...
Por otra parte en la casa de los Cullen, todos seguían jugando en el Wii, cuando se escuchó que tocaron la puerta, Kachiri fue a abrir, y la silueta de una persona vestida del cuello para abajo de negro y con una pistola en la mano la apuntaban en la cabeza.
―Quieta o mueres. ―Esa voz, el rostro, se dijo Kachiri en su mente y no tuvo tiempo de reaccionar, solo fue capaz de decir:
― ¿Tú?
Y pensamos que conocemos a todos los que nos rodean, cuando en realidad es que no.
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